Mariano Ruggieri al piano

"EL JAZZ RECIBE TODO Y LO DEVUELVE TRANSFORMADO"

MÚSICA
11 de junio de 2018

Txt Marcelo Bonini. Entrevista La Canción del país

Al hablar de jazz, a veces asoma este lugar común: el jazz es como las bananas. Fue Sartre quien lo escribió , allá por los 30. La metáfora circula en dos versiones. Una dice que la gran música afroamericana se consume y se desecha en el momento. Así, la olvidamos como una comida o café al paso que nos saca del apuro sin dejarnos un sabor recordable. Otra versión afirma que hay consumir jazz donde se produce. Fresco, maduro y lleno de vida nos satisface y restaura. Podemos escuchar jazz en un disco pero sólo experimentarlo en vivo.

El pasado 5 de mayo de 2018, en un colmado Petit Salón (Plataforma Lavardén), el cuarteto del pianista Mariano Ruggieri presentó el reciente Huellas e insufló nueva vida al género. Docente de la escuela del Padre Montaldo –situada en Ludueña-, parte de la organización de las jams de La Chamuyera y notable jazzman local, Ruggieri editó de manera independiente el disco que el día 18 del mismo mes ganó la terna jazz de la primera edición de los premios Rosario Edita.

Desde su primera producción en 2012 –Respiro, del inoxidable sello BlueArt Records de Horacio Vargas-, Ruggieri se ha forjado un nombre que ya constituye un sinónimo de jazz rosarino, argentino o de donde sea. El pianista y quienes lo acompañan en Huellas han sabido percibir los dos factores inescapables de todo arte: innovación y tradición. Varios motivos confirman este hecho. Valgan como ejemplos los aires de vidala presentes en el disco que Ruggieri menciona en más de una entrevista, el reconocimiento a un figura central del piano en el tema “El gran McCoy” -intitulado en homenaje a McCoy Tyner, todavía en actividad a los 80 años- o la versión del tradicional villancico “Noche de Paz”. También se destaca “Vuelta a la calma”, cuyo título nos adelanta el recorrido de los 8 minutos y 57 segundos de música a la vez que esconde su estructura musculosa y tensa.

Huellas fue grabado en dos días –previo a un largo tiempo de ensayos- con Ruggieri al piano, Julio Kobryn en saxo, Jorge Palena en contrabajo y Sebastián “Tato” Mamet en batería, quien, según el pianista, se levanta a las 7 am para estudiar. La comunión entre los músicos se percibe de modo inmediato. El cuarteto ofrece un lenguaje afianzado, lleno de brío que, en términos jazzísticos, se conoce como hard bop. El disco está compuesto por ocho temas en los cuales cada instrumentista, además del fluido diálogo con sus compañeros, tiene su momento protagónico sin dejar de ser orgánico a lo que sucede. En el jazz consciente de sí mismo, la música no pasa solo por la melodía, armonía y el ritmo sino por la permanente confluencia entre los hacedores. Tal vez las huellas de este disco remitan a los ascendentes musicales del cuarteto pero, a la vez, se proyectan hacia el futuro e indican las marcas que dejarán.

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Algunas definiciones de Mariano Ruggieri

“Lo que busco para armar mis grupos casi siempre es amistad, buena onda para compartir, y el desarrollo de lo musical de cada uno”.

"Este disco lo armé solo, casi siempre improvisando y con alguna idea de para dónde rumbear. Después lo grabamos en dos días, lo que se practica son las melodías, los llamados heads, pero después hay mucha improvisación, que es lo que cada uno trae".

"Huellas es muy variado. Es un disco de jazz con influencias del folclore tambien. Son canciones de jazz con su improvisación, con su desarrollo melódico. Son temas que en su mayoría tiene la forma AABA, como una canción tradicional de cuatro partes. Son como una mini historia con principio y desenlace".

"En el mundo, el lenguaje del jazz siempre es minoritario. Hasta si te vas a un club de Nueva York vas a ver a tu referente, a tu exponente máximo del instrumento que te gusta tocando para treinta personas y con una entrada muy popular y en un lugar muy pequeño. Pero esa es la magia que tiene el jazz, y que tienen otras músicas. Que sigue manteniendo la tradición, la historia, el conocimiento de ese lenguaje".

"Es un lenguaje en evolución permanente, en conversión permanente. El jazz tiene como centralidad la improvisación, la libertad que da eso, que requiere mucho estudio, pero es la parte que se espera con una expectativa muy grande. Y también  el jazz recibe todo lo que le tiran, del rock, de la música clásica. Lo recibe y lo devuelve transformado".

 

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