LA SEMANA QUE TEMBLÓ BRASIL, SENTENCIA A LOS MONOS Y ESTADÍSTICAS DE HOMICIDIOS

POLÍTICA
15 de abril de 2018

Foto: Reuters

La semana en la que tembló Brasil

La semana iniciada el lunes 2 de abril será recordada como una de las más tensas de la historia política brasileña. Pero también un hito en la propia historia política latinoamericana en este nuevo siglo. El 5 de abril el Supremo Tribunal de Brasil rechazó en un fallo dividido (6 a 5) el habeas corpus presentado por Ignacio Lula Da Silva, ex presidente de la nación y líder del Partido de los Trabajadores, para permanecer fuera de prisión mientras avanzaban las últimas instancias en el juicio en su contra en la causa Lava Jato, emprendida por el mediático juez Sergio Moro.

Lula fue condenado a 9 años de prisión en primera instancia por Moro pero más tarde, en una segunda instancia, la condena no solo se ratificó sino que se amplió a 12 años y un mes. Se lo encontró culpable de recibir a modo de coima un departamento triplex en el edificio Solaris, de Guarujá, en el litoral de São Paulo. Moro afirmó en su primer fallo que se trató de una dádiva de la empresa constructora OAS para obtener tres contratos con Petrobras, pero no pudo exhibir prueba documental mínimanente consistente que comprobara que ese inmueble pertenecía al ex-presidente.

La polémica se instaló en torno a si Lula debía aguardar tras las rejas hasta que se agotaran todas las instancias judiciales y la condena quedara firme, o si podía gozar de su libertad mientras tanto. Las decisivas elecciones nacionales de este año y la ubicación en el primer lugar en las encuestas del líder del Partido de los Trabajadores inclinó hacia la derecha el platillo de la balanza del Supremo Tribunal. Se rechazó el habeas corpus y, sin perder tiempo, el juez Moro pidió su detención.

Lula se refugió en el mítico sindicato metalúrgico de San Bernardo del Campo, en la periferia de San Pablo, hasta que luego de 48 horas, rodeado de las principales figuras del PT y los movimientos sociales, se entregó frente a un multitud a la policía federal.

La tensión social y política durante esas horas conmovieron al gigante latinoamericano pero también a toda la región y el mundo. La posibilidad concreta -todavía latente- de un conflicto sangriento en las calles entre seguidores del ex-presidente y las fuerzas de seguridad, agitó la escena política y mediática durante el viernes y sábado último. No hubo manifestaciones desbordantes pidiendo la libertad de Lula, quizás como consecuencia del desgaste que tuvo el PT con sus bases, pero las 15 mil personas que se movilizaron alrededor del Sindicato eran suficientes para padecer una violenta represión policial.

Finalmente, el líder petista apostó por la paz social y se entregó a las autoridades. Ahora se encuentra preso desde el sábado 7 en una celda de la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba. Pero antes de subirse al helicóptero de traslado, se ocupó de dejar mensajes contundentes frente a los militantes y los micrófonos. En principio se lo notó emocionado, recordando su conmovedora historia de lucha, pero también dejó entrever su decisión de bajarse de la candidatura, seguramente la principal preocupación de una derecha nativa (y regional) que no está dispuesta a permitir el retorno de gobiernos populares, mucho menos en la principal potencia latinoamericana.

Tal como lo consigna la revista Piauí, Lula presentó y besó a Guilherme Boulos, joven dirigente del movimiento social de los trabajadores Sin Techo y pre candidato a presidente por el PSOL (Partido Socialismo y Libertad), surgido después de una ruptura en el Partido de los Trabajadores a raíz de disidencias con las decisiones del gobierno. Algo similar hizo con Manuela D'Avila, pre candidata por el Partido Comunista do Brasil (PCdoB). Los dos tienen menos de 40 años y terminaron al lado de Lula en el centro del escenario. ¿Se trató de un trasvasamiento generacional hacia las líneas jóvenes más radicales en términos políticos?

En una entrevista con la revista Crisis (http://www.revistacrisis.com.ar/notas/el-sucesor), Boulos, líder del Movimiento de Trabajodores sin Techo, resume con precisión la secuencia política que finalizó este sábado con la ansiada foto de Lula ingresando a prisión: “Vivimos un momento de grave regresión democrática en Brasil. El golpe parlamentario contra Dilma, el papel de los jueces interviniendo en política, la criminalización de las luchas, el intento de proscribir a Lula de las elecciones. En el último año el número de personas asesinadas por conflictos de tierra en el campo en Brasil fue el mayor de los últimos quince años. El próximo paso es la entrada de los militares en la escena. (…) La configuración institucional que toma esta regresión democrática es la de un protagonismo político del poder judicial. El papel de tutela por parte de un poder que se sobrepone a la soberanía, que en épocas anterriores asumieron los militares, hoy está en manos de los jueces. El sistema político que se inauguró en Brasil hace treinta años, al finalizar la dictadura militar, se agotó. Estamos ante una crisis de representación profunda que se expresa también como crisis democrática”.

Sentencia a Los Monos

El lunes 9 de abril se leyó la sentencia en el marco del juicio por asociación ilícita contra la banda Los Monos y trece policías involucrados en el asesinato de múltiples personas en 2013.

A lo largo de 43 audiencias públicas se acusó a 25 personas entre civiles y policías por los homicidios de Lourdes Canteros, ocurrido el 15 de mayo de 2013; Diego “Tarta” Demarre, asesinado el 27 de mayo de 2013 y el triple homicidio de Marcelo Alomar y Nahuel y Norma César, ataque que se perpetró un día después del crimen de Demarre. Estos crímenes se inscriben en la sangrienta venganza orquestada por la familia Cantero horas después del asesinato el 26 de mayo de 2013 de quien fuera el líder de la banda que “gobernaba” la periferia sur de la ciudad de Rosario: Claudio “Pájaro” Cantero.

Las penas fueron muy altas para los cabecillas de la banda como Ramón "Monchi" Machuca (37 años)  y Ariel "Guille" Cantero (22 años). Para los lugartenientes, incluido Ariel "Viejo" Cantero (6 años), padre de los monitos, las condenas fueron relativamente bajas. Lo mismo que para los policías involucrados, incluyendo la polémica absolución del oscuro Daniel “Gula” Pereyra y otros compañeros de armas.

La detención y posterior juicio a la banda tuvo un contexto político y social marcado por el explosivo avance de los homicidios en Rosario. No es casual que las escuchas telefónicas y la causa se iniciara repentinamente en 2013, el año en que se produjo el récord de asesinatos dolosos en nuestra ciudad (264) con una tasa de 22 homicidios cada 100 mil habitantes.

Durante el juicio hubo un fuerte chisporroteo entre los defensores y los fiscales. Los letrados de la banda pidieron la nulidad de las pruebas presentadas por los acusadores. Fundamentalmente cuestionaron el arma letal con la que se reconstruyó el mapa de poder de la banda: las escuchas telefónicas. Los abogados golpearon en un punto flaco de la instrucción: los vínculos entre el juez Juan Carlos Vienna (primer instructor de la causa) y Luis Paz, el padre del Fantasma Paz, asesinado en septiembre de 2012. Las fotos de ambos en una pelea de box en Estados Unidos, junto a la planilla de migraciones delatando que cruzaron la ventanilla fronteriza casi en simultáneo, hicieron tambalear la causa pero finalmente se mantuvo con vida. Se suma la oscura actuación de la disuelta Brigada Operativa de la División Judiciales, la que llevó el peso de la instrucción de Vienna.

El lunes 9 no se terminaron los juicios. La banda deberá afrontar próximamente otro juicio frente a la justicia federal. Es la causa conocida como Los Patrones, que cuenta con 32 acusados de participar de tráfico de drogas en una empresa criminal liderada por los capos de la banda de barrio Las Flores. Una investigación de 2014 que sindicó a Ariel "Guille" Cantero, su ladero Emanuel Chamorro y a sus esposas controlar el negocio desde la cárcel de Piñero.

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en la columna de Juan Pablo Hudson

El rebrote sangriento, estadísticas de homicidios 

El saldo del primer trimestre de este año muestra un rebrote preocupante de los homicidios, con un alza del 25% respecto al 2017. Hubo 52 crímenes frente a 42 del año pasado. Después de los ultraviolentos 2013 y 2014 que pusieron a Rosario al tope nacional de las estadísticas de asesinatos junto a la ciudad de Santa Fe, la tasa empezó una sostenida reducción anual.

El gobierno provincial atribuyó las bajas a sus nuevas políticas de seguridad y el aumento de los planes de asistencia social en las periferias. El gobierno nacional, con la ministra Patricia Bulrich a la cabeza, se regodeó con que Cambiemos estaba logrando la ansiada pacificación de la ciudad de Rosario.

Pero la fisonomía de la violencia letal tiene una complejidad mayor que no admite simplificaciones. Expertos en análisis de la violencia en otras ciudades del continente dan cuenta de, por ejemplo, reducciones de homicidios como consecuencia de estabilidades transitorias en los liderazgos del temible entramado criminal que rige los mercados ilegales; o por períodos de “paz” impulsados por las propias bandas cuando necesitan bajar el perfil. Esto no desestima las políticas públicas locales y nacionales pero si advierte sobre la existencia de lógicas internas en los entramados delictivos que mayormente se desconocen.

El juicio a la banda de “Los Monos” es histórico porque se condenó (algunos de) sus asesinatos pero no porque meter tras las rejas a sus integrantes ponga un punto final a la violencia. Los liderazgos en la distribución de estupefacientes se renuevan, lo mismo que las letales luchas por los territorios. La sangrienta confrontación entre la familia Caminos y los Funes en 2017 y este inicio del 2018 así lo delatan.

En 2013, con 264 crímenes, la tasa rosarina alcanzó los 22 asesinatos cada 100 mil habitantes. El triple de la media nacional. Pero 2017 terminó con 154. Un sostenido descenso que, paradójicamente, no hizo mermar las protestas sociales en torno a la seguridad. Por lo pronto, en un solo trimestre 2018 cuenta con 52 casos. ¿Se trata de un aumento estacional? ¿Cómo se explica este repunte? ¿Se puede hablar sobre la violencia más allá de las disputas y/o conveniencias políticas coyunturales?

La grave situación por la que pasó (y pasa) Rosario en materia de violencia exige diagnósticos precisos sobre las causas por las que creció súbitamente a partir de 2012 pero también por las que comenzó a disminuir en los últimos tres años.

 

 

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