LA ILUSIÓN OPOSITORA DESPUÉS DEL OCASO DE LA UTOPÍA CAMBIEMOS

POLÍTICA
4 de agosto de 2018

Por Juan Pablo Hudson

Desde la vertiginosa corrida cambiaria de finales de abril de este año y el “obligado” retorno al FMI, la utopía (postpolítica) que supo encarnar la alianza Cambiemos se diluye de manera acelerada. El gobierno perdió el control de la situación financiera y, en paralelo, de la capacidad discursiva de cautivar a buena parte de la ciudadanía que lo acompañó en las elecciones de 2015 y 2017. De allí la devaluación de los dos cerebros de la comunicación oficialista: Jaime Duran Barba y Marcos Peña.

La imagen del presidente baja a niveles nunca vistos (negativa entre 55 y 60 % según distintas encuestadoras)  y la crisis arrastra severamente a las otros figuras estelares del oficialismo: María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Como nunca en estos primeros dos años y medio de gestión, se habla de un posmacrismo verosímil. Esto renovó la ilusión de los sectores opositores, quienes después del rotundo triunfo electoral del oficialismo en 2017 ya pensaban recién en 2023 como posible retorno. Pero no todo está dicho. Los escenarios posibles son múltiples a medida que avanza el ajuste y la crisis recesiva se hace sentir con mayor virulencia en la vida de los sectores medios y pobres del país.

Los escenarios posibles según Myriam Bregman

En un encuentro organizado en el Centro Torcuato Tasso en Capital Federal por el Instituto de la Economía Popular, recientemente creado por la CTEP, regional Ciudad de Buenos Aires, la legisladora por el Frente de Izquierda, Myriam Bregman planteó tres escenarios posibles. En cada uno de ellos aparece el eventual uso de la represión, luego del decreto firmado por el presidente Mauricio Macri en el que se posibilita la participación de la Fuerzas Armadas en el plano interno.

1. El primer escenario es que se conforme una situación como la que vivimos en el menemismo, con un gobierno que se estabiliza sin grandes enfrentamientos y entonces el nivel represivo puede jugar un rol secundario

2. El segundo es que el gobierno pierda el control de la crisis, que haya levantamientos y que la respuesta represiva pueda ser mayor. Incluso que haya una huelga general, que no vendría a ser como esta que convoca la CGT que es un “paro para descomprimir”.

3. La tercera hipótesis es que el gobierno logre mantenerse sin grandes enfrentamientos, sin que la crisis se profundicen mucho como hasta ahora, y no se pase de enfrentamientos parciales.

¿Camino al colapso?

En el libro Camino al colapso. Cómo llegamos los argentinos al 2001 (Capital Intelectual, 2018), el investigador Julián Zícari da cuenta de dos crisis financieras severas durante el período de la convertibilidad y, a su vez, dos respuestas sociales muy diferentes en aquel entonces. Tiene sentido repasarlas en línea con los planteos actuales de Bregman.

La primera crisis, analiza Zicari, fue en 1995 y tuvo una causa clara. Estados Unidos comenzó una fuerte suba de su tasa de interés generando como consecuencia algo similar a lo que está ocurriendo hoy: muchos capitales especulativos decidieron dejar las economías periféricas -en especial las latinoamericanas- y refugiarse en destinos más seguros para captar las altas tasas. Tal huida de capital llevó a la economía mexicana a devaluar en diciembre de 1994, generando el conocido Efecto Tequila. Un año después la Argentina padecía una crisis similar que provocó un aumento súbito del desempleo: de 11% a 20,5%.

La segunda crisis, escribe Zicari, fue en 2001. La economía entró en recesión en 1998, se fue cerrando el flujo de fondos externos y se sembraron dudas sobre la continuidad de la convertibilidad. Por eso, en diciembre de 2000 el presidente De la Rúa cerró un acuerdo con el FMI para despejar temores y así obtuvo el Blindaje, con el cual pretendía cubrir las necesidades financieras del gobierno por los años siguientes. Eso demostró no ser suficiente y a mediados de 2001 se debió renegociar parte de la deuda externa con los acreedores, realizándose el megacanje. El resto es conocido: una virulenta fuga de capitales y la aplicación de un ajuste feroz y la captura de las cajas de ahorros individuales para evitar el default.

¿Cuáles fueron las respuestas políticas y sociales a estas crisis severas?

En 1995 la población avaló el rumbo elegido por el gobierno a pesar de la fuertísima recesión, consecuencia del draconiano ajuste implementado por el oficialismo. Ese año Carlos Menem logra la reelección con el 49.5% contra la fórmula encabezaba por Octavio Bordon y Chacho Alvarez que obtuvo el 29,9%.

En 2001, por el contrario, la población respondió con el “voto bronca” en las elecciones legislativas (el peronismo alcanzó un 40% de los votos en la elección de senadores y 37% en diputados, contra el 23% del oficialismo en ambas cámaras), y terminó con las históricas revueltas populares de diciembre de 2001 que pusieron fin al mandato presidencial de De la Rúa y de cuatro intentos de estabilización institucional durante los últimos días de aquel año.

Nada está dicho este 2018 en materia de respuesta popular, lo único que ya sabemos es que cada día se esmerila la ilusión que supo generar el primer gobierno conformado por empresarios y ejecutivos de empresas y bancos; y, por supuesto, que el ajuste y la recesión llegaron para quedarse.

 

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