ESTOY VERDE. LA ESTANFLACIÓN PATEA 2019

POLÍTICA
10 de mayo de 2018

#CláusulaGatillo, columna de Juan Pablo Hudson

1. Estoy verde. No me dejen salir

El jueves pasado el precio del dólar se salió de cauce. Luego de varios días consecutivos de mini-devaluaciones, según la benévola jerga de los economistas mediáticos, llegó el estallido. La vertiginosidad con la que se deslizó la devaluación del peso activó ese aguijón del terror que tenemos clavados tan profundamente los argentinos. Las miradas fueron al espejo retrovisor y se leyó 2001, aún si la crisis no llegara a tanto en ese momento. Saltó por el aire la moneda estadounidense, que no es otra cosa que el inconsciente económico (real y simbólico) de nuestro país.

Entre las 14.45 y las 15 horas de ese día, es decir, al mismísimo cierre del mercado de cambio, el dólar aumentó $1,50 más hasta llegar a $3,50. La sensación ambiente fue la de un quiebre: el mercado financiero se paró de manos. Ni los sindicatos, ni los partidos de la oposición, ni las marchas espontáneas de ciudadanos. Los capitales especulativos, después de una fiesta de 24 meses, pegaron un puñetazo en la mesa y el gobierno, integrado en su mayoría por miembros de ese mismo sector, respondió mansito: aumentó la tasa a 40%, comunicó un drástico recorte de la obra pública, el inicio de lo que seguramente sea un ajuste fiscal más general, y obligó a los bancos a desprenderse del 20% de los dólares que atesora diariamente.

En los días posteriores se viralizó una imagen entre los sectores que apoyan a este gobierno pero también entre los opositores: el macrismo está desnudo. Ya no hay disfraces discursivos ni artificios judiciales para tapar una delicada fragilidad económica largamente anunciada pero que, en 72 horas, mostró los dientes.

El mercado financiero se paró de manos. Ni los sindicatos, ni los partidos de la oposición, ni las marchas espontáneas de ciudadanos. Los capitales especulativos, después de una fiesta de 24 meses, pegaron un puñetazo en la mesa. 

La gran crisis de 2001 apareció en el horizonte inmediato. Esto no significa que iba o vaya a ocurrir. Pero el terror -en cualquiera de sus variantes, en este caso económico- parte de una base real y luego avanza por el cuerpo, individual y colectivo, sin freno.

Al gobierno se lo ve golpeado como nunca. Los golpes llegaron por derecha y duelen cada vez más.

Pero la gran novedad de los últimos dos meses que verdaderamente sacude las entrañas del macrismo de cara a 2019 es el progresivo alejamiento de un sector al que sedujo hasta las últimas elecciones parlamentarias: los denominados por Alejandro Rozitchner como los moderados (ver columna acá). ¿Quién son los moderados? Aquellos que rechazan la política y sus lenguajes, aunque mucho más a los políticos, los que piensan que la política no importa y que sus problemas se resuelven con apps, y cuyo mayor anhelo es seguir desarrollando un cálculo financiero libre de conflictos y roces. Los moderados empiezan a mostrar claros signos de agotamiento frente a la eterna posposición de los promesas de Cambiemos.

Esto no significa que ya tengan, siguiendo su cosmovisión, otro gerente político en la mira. Pero los moderados tienen una condición: te aman o te odian en cuestión de milésimas. Lo que hoy es apoyo, mañana es indiferencia o furibundo rechazo. Casi como los fondos financieros especulativos.

A fines de abril, días previos a esta corrida cambiaria que va a aumentar todos los precios, encarecer el crédito y hundir todavía más la producción frente a la especulación financiera, Poliarquía advertía sobre una caída significativa de las expectativas sociales: menos del 20% tildaba de positiva la marcha del país y la economía, el 52% consideraba que la situación empeoró el último año, aunque todavía el 40% se aferraba a la esperanza de que mejore en los próximos meses. La aprobación presidencial cae al 45%, uno de los puntos más bajos de la serie histórica, junto con la confianza en la capacidad de la administración para resolver problemas.

Seguramente estos números hayan padecido una inflación en estas jornadas.

 2. La estanflación patea 2019

2019 pasó de ser un trámite express para el oficialismo, según lo emitían en off los funcionarios, a una incógnita seria. Incluso la mimada gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, ve temblar su proyecto reeleccionario con el recientemente anunciado recorte de 30 mil millones de pesos de obra pública en medio de una coyuntura que aleja a los sectores medios y populares del anhelado consumo.

En una reunión con funcionarios del gobierno de la ciudad, se admitía que el consumo popular no iba a levantar e incluso que iba a caer en 2019, pero que esos mismos sectores en las periferias de la Capital y en el conurbano iban a valorar las grúas y las cuadrillas pavimentando y poniendo cloacas en sus barrios.

El recorte anunciado por un pálido y dubitativo Dujovne echa por tierra la utopía cambiemita.

La remarcación de precios ya llegó de parte de los proveedores (5 y 6% confirman los supermercadistas y 8 y 10% la cámara de chinos), pero un dato desolador es que los supermercadistas advierten que ese aumento no podrá trasladarse automáticamente porque el contexto es de un 15% de caída de las ventas en 2018. A esto se llama Estanflación: inflación+caída del consumo.

Ese temor expresó el gobernador de la provincia de Santa Fe, Miguel Lifchist, quien sabe que Santa Fe, especialmente Rosario, serán de los primeros territorios en padecerlo.

La remarcación de precios ya llegó de parte de los proveedores (5 y 6% confirman los supermercadistas y 8 y 10% la cámara de chinos), pero un dato desolador es que los supermercadistas advierten que ese aumento no podrá trasladarse automáticamente porque el contexto es de un 15% de caída de las ventas en 2018. A esto se llama Estanflación: inflación+caída del consumo.

La historia no se repite pero el aire político y económico que respiramos desde la semana pasada tiene mucho de deja vu: fiesta financiera para los especuladores y los sectores agrarios más concentrados, crecimiento de las empresas de servicios (luz, agua, gas), caída vertical del salario real, inflación y caída del consumo (estanflación).

Se terminó la reposición de verdes.

El llamado gradualismo parece haber llegado a su fin. Un cruento ajuste sobre los sectores medios y populares se avisora como una salida en el corto plazo. El oficialismo se ilusionaba con posponerlo hasta que asegurar la reelección del año que viene. Se olvidaron que esto es Argentina.

Escuchá la columna
de Juan Pablo Hudson

 

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