El año de las corridas

BALANCE Y PERSPECTIVA DEL 2018

POLÍTICA
19 de diciembre de 2018

#ClaúsulaGatillo. Columna política. Por Juan Pablo Hudson

El conflicto social ya se encuentra en modo elecciones. Avanza la rosca, las alianzas, las especulaciones, las posibles candidaturas. La calle, ese espacio temido por todo oficialismo, se aleja como espacio amenazante de confrontación irreversible con el modelo económico de ajuste perpetuo que encarna Cambiemos.

Pero todo en la Argentina pende de un hilo. Las estabilidades –financieras, económicas, políticas, sociales- son frágiles, están atadas con hilos de coser.,El proyecto político de Cambiemos está al desnudo. Implica una transferencia histórica de la riqueza de abajo hacia arriba. Nadie ya lo desconoce. Ni siquiera el propio oficialismo puede ocultarlo a través de estrategias de marketing.

El rumbo financiero es insostenible, más temprano que tarde estallará una vez más y ya sabemos quién pagará. El combo entre endeudamiento feroz, tasas financieras descomunales, emisión de letras para sostener una siempre provisoria calma cambiaria, inflación, entrará en ebullición.

Datos financieros: en tres años la administración de Mauricio Macri emitió deuda por 170.000 millones de dólares. Se agregan 57.000 millones de dólares de deuda contraída con el FMI. El pago de los intereses pasó de implicar el 7,5% del presupuesto nacional en 2015 al 17,7% en 2018 (datos extraídos de https://www.elcohetealaluna.com/populismo-estado-y-monopolios/).

Tan solo tres actores económicos se vieron fuertemente beneficiados: los bancos, las empresas energéticas y los concesionarios de peajes. El resto, incluidas las grandes empresas que comercializan en el mercado interno, vieron desplomarse sus ganancias. De allí el descontento de las cúpulas empresariales con quien consideraban un aliado, su representante directo en la cima del Poder Ejecutivo por primera vez en la historia.

La actividad manufacturera cayó un 6,8% en un año y las industrias funcionan con cerca del 60% de su capacidad instalada. En los primeros seis meses de 2018 ya hubo 961 concursos preventivos de acreedores y todo indica que será mayor cuando se conozcan los datos del segundo semestre (datos extraídos de https://www.elcohetealaluna.com/populismo-estado-y-monopolios/).

Todos los trabajadores que cobran en pesos vieron caer sus ingresos frente a una devaluación que no da tregua y paritarias a la baja, con algunas excepciones ínfimas (aceiteros, camioneros, bancarios).

Entre diciembre de 2015 y diciembre de 2018 se acumularon los siguientes aumentos: agua 521%, electricidad 1644%, combustibles 204%, el agua 512 % y el dólar 290%. Se contabilizan en este mismo período 100 mil puestos de trabajos perdidos en la industria. A eso debe sumarse los despidos en el Estado. La inflación ascendió desde diciembre de 2015 al 156%, pero el salario promedio 103% y el salario mínimo un 91%. La pobreza hoy alcanza al 33,7 % de la población, según la brumosa metodología de la UCA (datos extraídos de https://www.elcohetealaluna.com/populismo-estado-y-monopolios/).

Las periferias son una olla a presión, aliviada este diciembre con un torrente de fondos excepcionales en el conurbano bonaerense. “Si se pudre, se pudre en el interior porque acá pusieron mucha guita”, dice un dirigente social de primera línea con asiento en la provincia de María Eugenia Vidal.

Entre diciembre de 2015 y diciembre de 2018 se acumularon los siguientes aumentos: agua 521%, electricidad 1644%, combustibles 204%, el agua 512 % y el dólar 290%. Se contabilizan en este mismo período 100 mil puestos de trabajos perdidos en la industria. A eso debe sumarse los despidos en el Estado. La inflación ascendió desde diciembre de 2015 al 156%, pero el salario promedio 103% y el salario mínimo un 91%. La pobreza hoy alcanza al 33,7 % de la población, según la brumosa metodología de la UCA .

Desde el inicio de la corrida cambiaria en abril, la clase media ahora sí vivió su propio derrumbe. La caída de la capacidad de consumo fue vertical en cuestión de meses. Se evaporó. Tanto para aquellos que presenciaron la pérdida por nocaut de sus salarios frente a la inflación, sobre todo de alimentos, alquileres y transporte, como, todavía peor, aquellos que se quedaron sin empleo. Por ahora su bronca y lamentos explotan puertas adentro de los hogares y en las redes sociales.

Pero así y todo nadie puede anticipar la caída del gobierno en las próximas elecciones. Incluso puede ser factible, salvo que el salvataje del FMI pierda consistencia más pronto de lo previsto, que el gobierno logre la reelección.

Como nunca, puede quedar demostrada la distancia entre los hechos económicos, incluso los padecimientos económicos, y las decisiones electorales, es decir, la lectura individual y colectiva de las razones de esos hechos económicos.

Nada es sencillo en este plano. Si lo fuera, todo sería demasiado mecánico y automático. Pero los imaginarios, los discursos, y los deseos, son vidriosos y obedecen a múltiples variables.

Mauricio Macri se ufana con que ganará en primera vuelta, obteniendo más votos que en 2015. Su ejemplo es el caso de la reelección de Carlos Menem en 1995. Confía en que todavía encarna lo nuevo frente a la que por ahora es la principal candidata de la oposición (todavía no oficializada): Cristina Fernández de Kirchner.

Pero las diferencias son muy claras entre un gobierno y otro. El primer gobierno de Carlos Menem consiguió a corto plazo algo vital para los ciudadanos, aunque a las consecuencias fueran letales una década más tarde: puso fin a la inflación a través del plan de convertibilidad.

Pero también -en clave neoliberal- modernizó la economía: desde los teléfonos hasta la idea de una racionalización –vía privatizaciones- de un Estado que la mayoría consideraba insoportablemente engordado e ineficaz. El recuerdo económico en 1995, año de la reelección, era la hiperinflación y los saqueos con que cierra de manera anticipada el gobierno Raúl Alfonsín.

Cambiemos, por el contrario, empeoró dramáticamente la vida de la enorme mayoría de los argentinos, con la excepción de los tres sectores antes nombrados. Empeoraron los índices de inflación, los niveles de endeudamiento, los ingresos de los asalariados, los balances de las empresas, el costo de vida.

Su convencimiento es que si bien no podrá dar noticias económicas positivas tampoco en 2019, porque la recesión continuará e incluso se aentuará, basará su discurso en la restauración del orden a través de la represión. No por nada la centralidad mediática de Patricia Bullrich desde el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil. Hacia allí apunta la estrategia de Durán Barba: bolsonarizarse.

2018 será recordado como un año en que las luchas feministas ocuparon el centro de la escena. Sufrieron una derrota dura en el intento de aprobar la interrupción voluntaria del embarazo. Una alianza entre sectores religiosos conservadores (evangélicos y católicos) y los resortes reaccionarios de la sociedad se movilizaron para detener la aprobación de ese derecho. Pero el avance de la ola verde parece irrefrenable en esa materia y otras.

Diciembre es siempre el mes más temido, el fantasma que saca el sueño a los gobernantes desde diciembre de 2001. Hasta ahora la situación parece controlada con plata, con lo cual todas las fuerzas parecen encapsularse en la rosca eleccionaria. Pero lo decimos nuevamente: el orden en Argentina es demasiado lábil, está todo atado con alambres y puede derrumbarse de repente sin que nadie lo pueda anticipar.

Fue un año durísimo en materia financiera y económica para las familias que cobran en pesos, pero la desesperanza no cuenta como una alternativa saludable a la hora de pensar un año nuevo por venir.

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