Fernández-Fernández

Algunas preguntas sobre la fórmula

POLÍTICA
21 de mayo de 2019

Por Juan Pablo Hudson

El último sábado a la mañana la vida política Argentina quedó patas para arriba después de publicarse un video de poco más de 12 minutos en el que la expresidenta y actual senadora Cristina Fernández de Kirchner comunicaba su decisión de postularse como vicepresidenta para las elecciones de 2019 en una fórmula encabezada por Alberto Fernández, el todopoderoso exjefe de gabinete durante el gobierno de Néstor Kirchner y durante casi la mitad de su primer mandato. Como el video se montó con una voz en off, durante los primeros instantes después de su publicación reinó un desconcierto tal que algunos creyeron que se trataba de una fake news.

Una primera imagen que surge es que se trata de una audaz fórmula pensada para ganar la elección pero también, en caso de lograrlo, para garantizar la gobernabilidad en el ruinoso panorama financiero que dejará el macrismo el 10 de diciembre de 2019. No está claro del todo en qué orden se debe valorar la candidatura: si primero –como es lógico- se trata de una fórmula para ganar y segundo para gobernar; o si está más pensada para lo que vendrá en materia de gestión y en segunda instancia  para ganarle a Mauricio Macri en las cruciales elecciones generales de octubre.

Alberto Fernández tiene una mayor flexibilidad –digámoslo así- para sentarse a negociar con poderes dificiles para CFK, a la vez que urdir acuerdos con actores políticos que la expresidenta deplora. La decisión, en definitiva, muestra que para encauzar el país se torna imprescindible una alianza muy amplia que incluya a múltiples actores financieros y de la vida política (nacionales e internacionales). 

Una segunda imagen es que a pesar de la ilusión de los adherentes y militantes kirchneristas, nunca fue factible el “vamos a volver”. Y no porque CFK no hubiera podido ganar las elecciones. De hecho, era bien probable que las ganara encabezando la lista. Pero ya no se podía volver porque lo que quedó del proyecto kirchnerista no es más que una nación arrasada por las políticas económicas y financieras impulsadas por el macrismo, es decir, por los integrantes históricos del poder real en la Argentina. Eso habla de lo previsible que finalmente fue el gobierno de Mauricio Macri en su proyecto político-económico, pero también habla de la labilidad de muchos de los principales logros conseguidos entre 2003 y 2015.

Otro interrogante de peso por estas horas es saber cuáles serán los dirigentes que se arrimen para sumar a la dupla Fernández-Férnandez y quién será el candidato o candidata que estos elijan para la provincia de Buenos Aires. La combinación entre nación y provincia dará mayores indicios sobre la etapa que viene. No es lo mismo que se trate de Sergio Massa o Axel Kicillof o la propia Verónica Magario, intendente de La Matanza.

Cambiemos trató de disimular el trompazo político del sábado con frases de ocasión. Desde las habituales respuestas de Marcos Peña (“Todo siempre y bajo cualquier circunstancia nos beneficia”) hasta ideas banales como la igualación de la formula actual con aquella premisa de “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Tanto Cambiemos como los grandes medios oficialistas saben que Alberto Fernández tiene estatura política propia y que con Cristina conforman una alianza que se complementa. De todos modos, no deja de ser una pregunta cómo funcionaría la dupla en caso de ganar las elecciones. ¿Cómo será una eventual convivencia en el gobierno?

Ciertos sectores del círculo rojo seguramente presionen para que también el presidente concrete su renunciamiento y deje a María Eugenia Vidal o Horacio Rodríguez Larreta como competidores por el trono. Pero eso no puede ocurrir sin provocar un sismo económico-financiero que hunda al gobierno antes del cierre del mandato. El endeble proyecto gubernamental de Cambiemos parece estar atado a la decaída figura de Mauricio Macri. ¿Qué respuesta habría de los dueños de bonos si el presidente renunciara a la candidatura? ¿Se quedarían a esperar los resultados de los comicios o desarmarían sus posiciones en pesos para pasar a dólares y volar hacia otro destino?

Una última imagen: Alberto Fernández fue eyectado del gobierno en 2008 como desenlace de la cruenta disputa con las patrones agropecuarias. Aquel año nació la llamada grieta política a raíz de la radicalización del gobierno y de sus oponentes. El kirchnerismo fue duramente derrotado al año siguiente en las elecciones legislativas. Sus medidas más relevantes –nacimiento de la AUH, los principales subsidios a trabajadores informales, nacionalizaciones, ampliación de derechos civiles- surgieron como consecuencia de esas caídas.

También se abrió su etapa más identitaria, expulsiva, con Cristina y La Cámpora rompiendo alianzas y combatiendo públicamente a los considerados enemigos. El retorno triunfal de Alberto Fernández –al menos al interior de su fuerza, veremos si también en las urnas - da muestras de un intento de retorno a una amplitud y un estilo político que parecía haber quedado atrás para siempre después de la muerte de Néstor Kirchner y la avalancha de votos conseguidos en las elecciones de 2011. Todo indica que la presencia de CFK en la fórmula garantiza el cúmulo de votos que ya tiene la expresidenta. Ahora falta saber qué puede aportar Alberto Fernández como cabeza de fórmula.

 

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