Entrevista a Triángula

Vivir en la zona que sensibiliza

MÚSICA
12 de mayo de 2020

Por Bernardo Maison

Triángula grabó al atardecer, con el sol del crepúsculo cayendo al oeste de Traslasierra. Fueron dos jornadas en el estudio Sonorámica, una preciosa construcción vidriada en la Cuesta del Carrizal. Monte serrano rocoso, de espinillos, molles y cactus, a 8 Km de Mina Clavero (Córdoba). Nadia, Micaela y Noelia. Jonatan, Lucas y Juan. Adentro y afuera, la música y el tiempo fluyendo. 

El video/álbum de 50 minutos ofrece dos aproximaciones posibles, el pasado sábado 14 de marzo a las 00:00hs fue lanzado en YouTube como video y en Spotify como álbum. Ese mismo día el grupo iba a presentarlo en la sala Espacio Xirgu de la Ciudad de Buenos Aires pero a raíz de la suspensión de actividades por el Coronavirus el recital fue postergado para el 2 de mayo -con entradas agotadas-, y luego de nuevo sin fecha precisa.

La primera vez que las voces de Triangula cantaron juntas fue en la inspiradísima canción Marzo, perteneciente al disco Cria de Duratierra, el grupo que hace quince años tienen Micaela Vita (voz) y Juan Saraco (guitarras). Nadia Larcher y Noelia Recalde fueron las cantoras invitadas para interpretar la letra del pergaminense Fernando Basanta Finn que lleva música de Saraco y Vita. Esa  letra tiene el don de combinar atinadamente espíritu y materia. Entre las tres se repartieron los versos y ya nada fue lo mismo. 

“Ya llegó, empezó a soplar. De su bandoneón. Remolinos oxidados y amarillos tangos (Larcher) / El otoño austral, pálida estación. Gato en el tapial. Y un vecino en la vereda escuchando radio (Recalde) / Simplemente para estar, así. Mirar caer la llovizna gris. Y el viento, la cara, la voz (Vita)”.

“Cuando cantamos Marzo nos divertimos de habernos conocido, nos sentimos muy cómodas y nos fuimos haciendo amigas. Fuimos de vacaciones y empezamos a compartir y a acompañarnos mucho profesionalmente en los proyectos de cada una”, cuenta Noelia Recalde, compositora sobresaliente de la mayoría de los temas del grupo. Otro antecedente de esa fraternidad artística y personal que ahora resplandece en el debut de Triangula es la versión en vivo de esa canción, tocada en el concierto de Duratierra junto a la Orquesta Sin Fin en 2017 en el CCK. Más adelante, y porque la relación entre las tres se ya se había tornado continua y entrañable, el periodista Gabriel Plaza las invitó a participar del ciclo Fuego Amigo en el C.C. Recoleta “para celebrar la amistad”. Entonces, para ese recital sumaron a Juan Saraco en guitarra, Jonatan Szer en batería y percusión y Lucas Bianco en el bajo.

“Ese día nos sorprendimos de la cantidad de gente que estaba ahí acompañando la unión. Ese fue el comienzo”, dice Recalde, cantautora nacida en Gualeguaychú (Entre Ríos) en 1987 que grabó tres discos junto al trío Valbé y luego siguió en plan solista. Nadia Larcher, otra de las cantantes del grupo cuenta: “Antes de madurar a este proyecto, Triángula también fue un espacio nuestro de vincularnos creativamente. Ya nos habíamos juntado a tocar, a cantar y componer. Ahí la tracción de Noe fue muy importante porque ella viene haciendo un trabajo en la composición hace muchos años, hermoso e impecable, de mucha inspiración, y motorizó que podamos traer nuestras canciones a este espacio creativo”.

Nacida en Andalgalá (Catamarca) en 1986, Larcher se instaló en Buenos Aires a sus 30 años y desde entonces  integra el dúo Seraarrebol, y los grupos Proyecto Pato y Don Olimpio. Por el trabajo en estos proyectos su nombre adquirió notoriedad entre pares y público. “A Triángula lo sentimos como un suelo fértil donde podemos llegar con nuestras semillas y ver florecer canciones. Eso tiene un valor inmenso. Es una oportunidad de crecimiento, de experimentar otra identidad musical, es correrse del lugar habitual, y eso genera muchas preguntas, muchas búsquedas, muchos estados emocionales, cambios en la percepción de las cosas. Vivimos Triángula como un proceso artístico muy potente”, dice ella.  

Apenas se le da play, sobre fondo negro, el video/album debut de Triángula se presenta como una “danza de canciones en vivo” en donde “la mirada y el sentimiento son tan libres como cada persona quiera”. Rompa el cielo (letra y música de Noelia Recalde) inaugura el registro con imágenes desenfocadas, oníricas, que permiten ver la actitud performática del sexteto. Las cantantes están en el exterior, visten ropas sueltas y plateadas. Llevan capuchas. Se balancean lentamente en carácter ritual, se agachan para entrar en contacto con la tierra.

Esa introducción es una especie de plegaria en la que las voces se suceden sobre el sonido repetitivo e inquietante de un sintetizador. Para este nuevo comienzo, otras vez, Recalde, Vita y Larcher repartieron los versos  —“Yo canto para armonizar la almas. Las palabras que yo uso son pa’ que se eleve el alma. Rompa el cielo que este grito nos libere de las penas. Y nos una en la armonía para siempre por las venas” — pero en la repetición del último armonizan juntas y (en el video) se quitan el velo que llevan sobre sus cabezas para poder mirar el horizonte. Esa síntesis visual y sonora puede funcionar como el despliegue temprano del programa estético y político del grupo. El uso de la  inflexión popular de la lengua (son pa’ que) se inscribe en la tradición folklórica pero aparece sobre un sintetizador. La opción por cantar juntas es con la mirada lo más despejada posible.

Rompa el cielo se engancha en el track inicial con Testamento y “la película”, después de un fundido a negro, nos muestra a todo el grupo dentro del estudio. Esta canción de hermosa melodía va creciendo en intensidad para desembocar en un recitado aguerrido de Nadia Larcher.

“La voz es mi territorio de luchas,
El paisaje aguerrido de mi adentro.
La voz es mi plegaria poderosa,
Mi aliada en los tormentos.
La voz es mi bandera sagrada,
La que elevo cuando me callan.
La voz es mi desafío, mi mundo,
Mi fauna de invocaciones...
El barro lleno de huellas, pasos de mis hermanas.
Mi voz es mía, es mi alma hecha vibración,
Mis oraciones paganas, un torbellino.
La voz es lo que me dió mi madre
Y lo que le gané al mundo cuando decidí nombrarme.
La voz, tu voz, mi voz, será nuestra o no será de nadie.
Será nuestra o no será de nadie”

Y cuando unx pensaba que no se podía más, aparece Noelia Recalde para estremecer todo lo que nombra. Y de nuevo Larcher, y de nuevo Vita.

Canción tracción

La identidad de Triangula “circula alrededor del universo femenino entendido política y poéticamente en el contexto de las transformaciones sociales vividas en los últimos años, teniendo a la canción popular como territorio de resistencia. Triángula es un campo de exploración para dar voz a las nuevas músicas que resultan urgentes” dicen desde el grupo.

Esas músicas urgentes —a las que también aludía Duratierra en la magistral Saravá; “Vienen las canciones nuevas. Llenas de canciones viejas”—, coexisten no sin tensión, con aquellas otras que forman el sedimento musical del país. Y si el hecho de fundir folklore argentino y folklores del mundo, tradición y vanguardia, o géneros musicales establecidos con formas más novedosas, encontró un desarrollo más que interesante en las últimas dos décadas, ese gesto se remonta -por lo menos-, a la década del 60 con el nacimiento del Nuevo Cancionero, ciertas apuestas de tango contemporáneo o en las búsquedas de algunas bandas y solistas del aquel primitivo rock argentino.

No es tanto la insistencia en el carácter novedoso de la recombinación de elementos lo que hace de Triangula una propuesta admirable, si no la capacidad de haber logrado buenas canciones con un alto vuelo interpretativo. Vita, Larcher y Recalde pueden invocar en sus voces las más profundas luchas colectivas, el carácter íntimo de una vida, o el necesario costado juguetón de la música. Saraco, Bianco y Szer fluyen con swing por el inmenso estado de ánimo del álbum. Del guitarrista, “a cargo de la mayoría de los arreglos y el que puso orden a la tribu”, resalta la economía emotiva de su toque. “Hubo por supuesto sugerencias de todos pero hay un trabajo muy consciente y muy, muy sensible a nivel estético y sonoro de parte de Juan (Saraco) con Lucas (Bianco) y con Jonatan (Szer)”, dice Recalde.

Sobre el sentido político del disco, fuertemente marcado por las actuales reivindicaciones de los feminismos y expresado en las letras de canciones como “Hermana”, “Aliada”, o “Setnuj”, Larcher dice: “Esa lucha nos trasciende y nos lleva en andas, nos levanta, nos carga. Venimos compartiendo también esa fuerza, venimos sintiéndola, somos parte de ese movimiento y estamos dichosas porque estamos sintiendo la libertad.  Hay algo ahí de una creatividad distinta nacida a fuerza de una lucha grande de las mujeres, de las mujeres en las calles, de las disidencias sexuales y las nuevas identidades de género, en fin, de todas las personas que están luchando contra el patriarcado”.

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