Vanina Israel editó Icarar

"No sostengo el tradicionalismo ni las formas por encima de la expresión artística"

MÚSICA
5 de septiembre de 2019

Por Bernardo Maison

En la selva del Perú, cuando los chamanes realizan sus rituales de limpieza, protección o curación, se valen de los icaros, cantos o melodías de letra simple que aluden a determinadas plantas, animales y elementos del paisaje poseedores de poder o simbolismo. Icarar es la acción mediante la cual los chamanes le confieren a un objeto o pócima su poder, alguna propiedad específica que luego le será transmitida a la persona que lo recibe. Los chamanes cantan el icaro sobre un objeto, y ese objeto luego es remitido al interesado y la sustancia ingerida en caso de líquidos o humo soplado si se trata de tabaco icarado.

En Rosario, la cantante Vanina Israel terminó de darle forma a su imaginario musical y conceptual a partir de estas prácticas propias de la cosmogonía andina y denominó a su primer disco “Icarar”. En su caso, aunque aclara que “la estética del álbum no está relacionada a la forma musical que plantea un ícaro, que es mucho más ritual”, sí podemos decir que su perspectiva sobre qué, por qué, o cómo cantar contiene una dimensión amplia, ligada al “ritual en el arte, a la conexión profunda con nosotros mismos, con todos los seres y las cosas, con el cielo y con la tierra y con nuestra raíz latinoamericana”.

Icarar, editado luego de uno de los concursos de la Editorial Municipal de Rosario (EMR), contiene diez canciones, siete de las cuales le pertenecen a la cantante y compositora  nacida en Buenos Aires en 1990 que vive en Rosario desde sus 18 años. El repertorio se completa con “Nacida en el verde” de la entrerriana afincada en San Luis Marita Londra, “Repechos del guadal” del cordobés José Luis Aguirre (ambos cantan en el disco) y “K’arallanta”, una copla popular anónima. «Marita y José Luis son personas que me convocan con su música pero en su humanidad también. Tienen una coherencia entre el decir en la música y el andar en la vida. Eso para mí es una cualidad importantísima,  se aprecia un montón en ellos», dice.

De su puño y letra escribió que sus temas “se expresan sobre el vínculo humano hacia todo lo vivo y verde alrededor, sobre la desnudez en los encuentros para hacerlos más cercanos, e invitan al reempoderamiento del ser responsable y creador, y a una revisión de lo que nombramos "Amor" para volverlo más real”. Y sobre los temas prestados dijo: “Se vinculan al verdor presente en el disco y a la conexión con la tierra, con el viento y con el agua”. «Los chamanes dicen que este canto está conectado arriba y abajo. Para mí eso se puede asociar  con lo que cada une sienta con arriba y abajo. Lo que es más grande que nosotres y lo que está alrededor también».

El lenguaje musical del disco, situado en las coordenadas territoriales de la canción de aires folclóricos latinoamericanos, con sus referencias argentinas, uruguayas, peruanas, y colombianas, la muestra como exponente de un ambiente que viene transitando desde hace ya bastante tiempo en distintas formaciones.

«No sostengo el tradicionalismo, ni las formas por encima de la expresión artística. Si sale así es porque quizás es un lenguaje del que me empapé, y del cual también hago uso para expresarme, pero nunca fue algo forzado. El disco es argentino pero también es andino en general. Hay rítmicas de distintos países latinoamericanos».

En su interpretación, —además de haberse dejado influir en términos generales por las prácticas de los chamanes en los rituales de ayahuasca—, es notorio cómo ciertos rasgos en la forma de cantar esos icaros en Perú terminaron por permear su estilo, en algunos giros, líneas o acentuaciones melódicas.

«Se me apareció el concepto cuando empecé a leer sobre los Icaros, a escucharlos —cuenta Vanina—, porque en youtube y Spotify aparecen un montón de cosas hermosas. No fue algo que estuviera buscando tanto, porque incluso surgió antes de pensar en el disco». «Bueno che, cuando van a grabar —dice que le preguntaban sus amigos—. Y ahí también me lo empecé a preguntar yo. A partir de esa pregunta empecé a escuchar para ver si el material ya estaba en un momento que ameritara grabar, y la verdad es que me vino re bien que me preguntaran eso. Es una experiencia muy poderosa poder plasmas las canciones en algo que va a quedar».

Vanina Israel comenzó su actividad musical a los ocho años en el Coro Municipal de San Nicolás. Ya en Rosario integró la Murga Mal Ejemplo, participó de Ñañaykuna Sikuris, y junto a Vicky Durand Mansilla, Gabriel Vallejos y Darién Gómez integró el cuarteto de música folklórica De a Pie. También fue la voz principal de la Orquesta de cumbia Jarana Paraná.

«De chica me gustaban Shakira o Serú Girán por ejemplo, bandas que me llegaron por mi viejo. Y escuchaba algunos discos que había en casa”, dice sobre aquella niña que ya practicaba canto y danza. A los 20 años cantó por primera vez un tema propio en la formación De a Pie, y más adelante junto a Mariam Cribb en el dúo Oniria siguió explorando cómo era eso de la composición. 

«Desde chica empecé a hacer en paralelo música y danza, pero vengo de la danza. Hice muchos años de clásico y después probé con la danza contemporánea y no volví nunca más al clásico. Desde esas herramientas empecé a bailar folklore, y amo bailar. Pero bailar siempre estuvo en segundo plano, no le dediqué mi proyecto de vida. Lo hice desde muy pequeña y siempre fue un espacio de disfrute, la danza me nutrió mucho el canto, por la conciencia corporal. Trabajé muchos años con Analía Rodríguez que es una tremenda exploradora del cuerpo. Esa búsqueda me sirvió muchísimo para la voz», cuenta Vanina.

En Icarar, además de Vanina en canto y guitarra están Romina Bisciglia en guitarra, y Nadia Castro en violoncello y tambor repique, quienes “hacen la base más fuerte de la mayoría de los temas”. «La idea del disco es poder registrar toda la calidez y la amplitud sonora que podes registrar que no es lo mismo que en el vivo». De todos modos, la coloratura del disco se potencia con Cintia Sposetti en guitarra y voz, Rodrigo Speranza, Alfredo Tosto, Diego Zabala y Martín Sanabria en percusión, Gabriel Vallejos en acordeón, Sandra Galletti, Sonia Gasparutti, Rosana Ibañez, Eugenia Zarich, Victoria Gastaldi en sikus y Natalia Gómez Alarcón, Andrea Bertoldo, Maia López, Lucía Zelko, Ana Paula Berardo, Clarisa Sukerman, Coralí Maldonado, y Melisa Argento en voces.

De registro soprano, ella dice que viene “laburando” la voz cantada “desde hace tiempo” pero que para este disco en particular se acercó a Ivana Ledesma, una cantante lírica de la ciudad que le brindó una “segunda opinión porque no es lo mismo que mirarse a uno mismo”. «No sobre lo estilístico, porque ella viene de otro palo, aunque tiene muchas precauciones con eso, pero trabajamos algunas cosas en lo técnico».

Para completar lo que Vanina quería transmitir en su primer disco, el arte de tapa de Icarar fue realizado junto a Flor Rubulotta en fotografía y edición y Shuly Roberts en diseño e ilustración. En este aspecto nuevamente aparecen las energías que nos constituyen y determinan. Ella cuenta que acamparon en Inti Chaki, la zona de islas tomando el brazo Los Marinos, para hacer las fotografías. Allí se la ve en plena naturaleza, en un temazcal, “un espacio hermoso donde se hacen muchas ceremonias”.

«El lugar tenía muchísimo que ver con la temática del disco y el título» dice. «La estructura del Temazcal está hecha con varillas de bambu y se tapa con mantas (formando una especie de semicírculo) en donde las personas ingresan a transpirar todo lo que tengas, ya sea físico, emocional, o lo que sea que quieras soltar”.

 

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