<<CABUROBLUS: LA BANDA EDITÓ SU TERCER DISCO “TODOS LOS DIAS”, UN VIAJE POR LAS VENAS DEL BLUES Y EL ROCK CON GRANDES LETRAS Y UN SONIDO INSPIRADO.
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Cuenta la leyenda por excelencia del blues, que un joven cantante y guitarrista estadounidense vendió su alma al diablo allá por la década del 30` en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Misisipi), a cambio de interpretar ese estilo mejor que nadie. Robert Johnson era un muchacho que después de ese pacto –dicen- empezó a tocar la guitarra increíblemente y su nombre se esparció por varios poblados, hasta ganarse un lugar venerado en la historia de la música.
Lejos de esa encrucijada de polvo y soledad, en la puerta de entrada al nuevo disco de Caburoblus “Todos los días”, el protagonista de la historia no comete ningún canje pero se debate en torno a tocarle -o no- las bolas al comprador de almas. “Las bolas del diablo” dice en su letra: “yo no voy a claudicar, yo le toco las bolas al diablo”, aunque unos versos mas adelanta se escucha “no le toques las bolas al diablo”. El viaje de blues y rock del cantante y compositor Caburo, Willy Echarte (guitarra), Pupe Barberis (batería), y Pachi Castaño (Bajo), arranca con la vara alta y la sostiene en todas sus canciones. En el primer track el solo de guitarra de Willy Echarte es encendido y expresivo.
El tema dos, “Culpable” es un blues apesadumbrado que al mejor estilo Manal, ofrece imágenes simples y profundas sobre la escenografía citadina (“cantan casi lejos, los cuadritos del mantel”). En “Las Ratas” la banda acelera el ritmo y en tempo de funky la guitarra sostiene el tema mientras Caburo metaforiza sobre esas “malditas, arrastradas y ciudadanas” que se “comen el queso pero no se van”. El bajo de Pachi Castaño se suelta y hace lo suyo hasta que arranca la segunda vuelta.
La primera persona algo molesta y enojada, muy presente en el disco, continua en “Lo mejor de la Paternal”, un rock midtempo que rinde homenaje a Pappo y sobre el final sentencia: “estoy escuchando al carpo, gloria del blues nacional”. Para el tema 5, “Señor Juez”, la base rítmica potente y ajustada late mientas la línea de guitarra la sigue rompiendo cuando riffea melódicamente o cuando hace sus solos. A eso se suman los teclados de Lucas Russo que generan nuevos climas a la canción.
El creador de “El blues del saladillo” (su primera canción escrita a la vera del arroyo en la década del 70`) sigue adelante en su nuevo disco con “Amor de Otoño”, otro tema con densidad y presión por parte de la banda entera que logra pasajes instrumentales inspiradísimos, luego vuelve la pintura coloquial: “viejas baldosas viejas, adornadas con fasos y porron, y el taconear lejano, distante de un amor”.
En la canción “Todos los días” que da nombre al disco, y hace acordar a la impronta rítmica de Lynyrd Skynyrd, el bajo intensifica su slaping y la letra reniega sobre los pesares cotidianos. Hacia adelante siguen la bailable “Llueve” (un canto a la Bs As blusera), “Aunque empiece a llover”; donde vuelve el tono pesado y sentimental que celebra –quizás por primera vez en el disco- algo del día a día, si “desayuno un beso de tus labios”, y “Hospital”; con referencias reales según Caburo, al hospital Centenario de Rosario, que trata de las penurias que se viven en los pasillos de esos espacios llenos de preguntas existenciales: “¿Dónde está tu voz? ¿Dónde queda el sol? ¿Dónde está el amor? ¿Dónde atiende Dios?”.
El tercer álbum del grupo compuesto por el clásico bluesman local, Willy Echarte en guitarra, Pupe Barberis en batería, y Pachi Castaño en Bajo, cierra con el tema “Blues del almacén”. Allí se deja de lado la formación eléctrica y suena, quizás lo más cercano a aquel estilo de Robert Johnson, una guitarra acústica, una armónica (Jacobo Lopez) y la voz rasgada de cantante que arremete -no sin algo de dulzura- contra las vecinas chismosas que lo ven pasar. Imperdible la pronunciación de su línea “que loco”, un viaje al primer rock argentino.