Disco de jazz de Rocío Giménez López

"La libertad siempre es atractiva en todas sus formas”

MÚSICA
10 de mayo de 2019

“Siempre me gustó el jazz, desde la escucha, y desde el concepto de la improvisación misma, siempre me pareció una música de tanta libertad, y la libertad siempre es atractiva en todas sus formas”. La que habla es la pianista Rocío Giménez López, de visita en La Canción del País para conversar sobre su disco debut “Deseos múltiples” (BlueArt, 2018).

Grabado junto a Emilio Madeo en contrabajo, Francisco Martí en batería y Milton Méndez en trombón, la salida del álbum hizo que la escena musical de la ciudad terminara (¿o comenzara?) de prestarle atención aunque hace ya bastante tiempo que venía tocando con distintas formaciones y en jams; esos espacios tan propicios para conocerse y dialogar musicalmente entre pares.

“Veníamos tocando a trío con Emilio Madeo y Luciano Ruggieri, desde hace bastantes años, y fue mutando el grupo a lo largo del tiempo. En un momento se agregó el trombón”, dice Rocío. Ahora, con Madeo radicado en Alemania, Fernando Silva es quien ocupa el lugar de contrabajista para los conciertos.

En ocho composiciones propias y un tema de Djavan, Giménez López revela su plan. Una invitación al dialogo, a la sorpresa entre los integrantes del grupo, con repertorio personal, sí, pero en cercanía con las formas en que la tradición trabaja sobre los estándars de jazz: exposición del tema, improvisación, y vuelta a la melodía...a la canción.

“Puedo decir que es un disco de canciones. Y un disco de canciones con una forma determinada. No es un disco de improvisación libre, ni de formas abiertas de la música. Son melodías, con armonías de la forma canción”, dice ella.

- En el disco se percibe la gentileza para que tus compañeros también se luzcan, o desarrollen su toque desde los otros instrumentos. Una cosa que es propia del jazz. Pero más allá de los “solos” es un disco de conjunto.

Si, para mi tiene que ir la música en función de la música y tratar de que suene la composición y la improvisación, en función de la composición y eso no necesariamente tiene que ser una cosa del ego, de decir “es mi disco" o "yo toco un montón". Es la música en sí, la composición, y traté de buscar eso.  Además desde lo personal yo los admiro a mis compañeros como músicos, entonces me encanta. El espacio es para todos, me parece que eso es lo más lindo.

- ¿Las composiciones son de esta última época?

La etapa compositiva te diría que es de de 2016, 2017. Tuvo que ver con la búsqueda. Yo en ese momento hacía un curso de composición con Carlos Casazza que me enseño muchísimo, y la idea fue probar lo que aprendí ahí. Aunque algunas composiciones son de antes también.

- ¿Son un trío de piano, contrabajo y batería, más el trombón de Milton Méndez, o se consideran un cuarteto?

No pusimos nada en la tapa del disco, no lo nombramos ni como trío ni como cuarteto, porque es un disco que es mixto. La mitad es a trío, la otra mitad a cuarteto.

- Leí que con Milton se conocieron en el sur, en Bariloche, y que te dieron ganas de tocar con él…

Pese a ser los dos rosarinos, el primer encuentro musical que tuvimos, lo tuvimos ahí, en el Encuentro de Compositores e Improvisadores que organizaba en ese momento el Fondo Nacional de las Artes. Estaba muy bueno, éramos cincuenta músicos y nosotros éramos los únicos dos rosarinos.

- ¿Era una especie de beca?

Si, eran una becas exactamente, se concursaba y estuvimos una semana ahí estudiando con Mariano “Tiki” Cantero, Ernesto Jodos, Marcelo Moguilevsky. Estuvo buenísimo, una semana full time de improvisación y composición. Y bueno, con Milton nos conocimos, pegamos onda ahí, y a partir de eso empezó el cruce.

En busca de todos los sonidos

La formación de Rocío, que como cuenta, estuvo signada por su relación con varios referentes de la escena nacional del jazz, comenzó mucho antes, ligada al estudio del piano clásico con Elisa Botteri y Alexander Panizza. Graduada de la Escuela Provincial de Música de Rosario, alrededor de los diecinueve años empezó a volcarse al mundo del jazz con mayor interés. Y en un camino aparentemente trazado de antemano, pero que es necesario explorar con ganas, estudio e intuición, así fueron apareciendo los nombres de Leonel Lúquez, Ernesto Jodos, Carlos Casazza, Craig Taborn, Leo Genovese y en la ciudad de Woodstock, NY, EEUU, la también pianista Marilyn Crispell. De todos modos, Rocío Giménez López le otorga vital importancia a la cátedra de jazz de la Escuela Municipal de Música de la ciudad.

“Yo me formé fundamentalmente en la cátedra de Jazz que se hacía acá en la Escuela Municipal de Música. Eso fue como el primer escalón a una especie de encare más profesional sobre lo que se estaba estudiando, de cosa seria. Y a partir de ahí fue un click, darme cuenta cómo tenía que hacer las cosas, cómo ir mejorando. Después empecé a estudiar con Ernesto (Jodos), viajaba a Buenos Aires, estudiaba acá en Rosario con Carlos Casazza. De ellos aprendí cómo estructurar el conocimiento, y la técnica y la escucha. Eso fue super lindo”.

- Contame más de esa catedra da jazz…

En La Escuela Municipal de Música, funcionaba una cátedra de Jazz, como un curso, una cátedra fuera de la currícula, que se dictaba una vez por semana, y los sábados. Era por el 2009 o 2010. Había clases de ensamble, de improvisación, eso duró muchos años. Estuvo buenísimo, de hecho ahí conocí a la mayoría de los músicos con los que después toqué. A Emilio Madeo, a Emanuel Marquiore, a Franco Di Renzo. Yo creo que fue el primer espacio fuerte de educación. Toda mi camada nos conocimos ahí, y eso generó el encuentro y que nos juntemos a tocar, a estudiar juntos. Creo que fue un excelente espacio. Con todos los músicos siempre compartimos jams, otros grupos. Nos conocemos todos y por suerte es lindo eso de poder ir compartiendo distintas cosas.

- A menudo se escucha a los músicos de jazz hablar de la libertad de la improvisación, del diálogo con los otros músicos…

Y mirá, ya a partir de que uno puede prescindir de una partitura con todos los detalles escritos. A mí lo que me gusta mucho es esto del tiempo real, de la influencia del otro en lo que uno está tocando, esa cosa de la interacción, es como charlar. Como sentarte a la mesa con gente y conversar, yo te escucho a vos y te contesto, y así... Y lo otro sería como una mesa de una obra de teatro en la que todos tienen su guion y vamos a decir lo que tenemos que decir.

- ¿Y tus compañeros inclusive te pueden llegar a cambiar, no sé si en la etapa de grabación pero sí en un vivo, pueden cambiar la estructura del tema, o las ideas que vos les pasaste previamente?

Si, felizmente eso sucede. De hecho la música va mutando, incluso yo lo que noto es que también después de grabar la música se empieza a soltar y esas cosas empiezan a pasar un poco más. Creo que ese lugar siempre está, y de hecho cuando escribo la música, trato de pensar en quiénes van a tocar, y que puede generar eso en el otro, como para que vuelva algo desde ahí.

- ¿En qué pensás en relación a los músicos que tocan con vos? ¿En su capacidad, en los instrumentos que ellos tocan?

Pienso en los elementos que pueden disparar en el otro algo lindo. Insisto con las imágenes de afuera de la música, pero es como si yo te invito a comer a casa y si yo sé qué te gustan muchísimo las aceitunas, si puedo poner un platito de aceitunas vas a estar mejor, vos vas a estar a gusto. Y esto es un poco lo mismo desde la música, desde la armonía, desde los elementos por donde va el jazz.

La pregunta por la identidad

Hace poco se generó una discusión, sobre la pregunta a la que se vuelve todo el tiempo, de si existe un jazz argentino. En base a una declaración del trompetista Mariano Loiácono hubo algunos cruces en redes sociales. (“Si se trata de algo que mezcla un ritmo de chacarera con elementos de jazz o improvisación, puedo decir que eso no me gusta. Es una fusión que está lejos del género jazz”)

- ¿Qué pensás de las referencias a “lo argentino”, al “color local”? El nombre “Deseos múltiples” refiere al cuento de Juan José Saer…

Es un cuento de Saer. Si. Yo creo que siempre la asociación con la geografía está. Y que la geografía sí determina de alguna forma el espacio de los músicos con los que uno se rodea, como decíamos esto de la Escuela Municipal de Música. Sin querer, nos determina, porque es el espacio en el que estamos. No quiero decir con esto, que para que esto suceda así, se tiene que mezclar jazz con chacarera, eso me parece una exageración, de hecho hoy por hoy los músicos también nos nutrimos con youtube, con facebook, con las redes, nos nutrimos muchísimo de las cosas que pasan lejísimo de acá, pero no obstante vivimos acá y tocamos con músicos de acá, y bueno, eso es algo que no es menor. También creo que hay una especie de estética argentina, una forma de tocar. Yo escucho un sonido en la música que se toca en Buenos Aires, escucho una forma, como también una forma de tocar de lo que viene de Santa Fe, de Paraná. No quiero meter todo en una misma bolsa, pero sí hay referentes en cada zona que van dejando su huella, y eso me parece que no se puede dejar pasar.

- ¿Y eso lo convertís en un toque regional, o zonal? ¿O porque tal músico tiene un toque tan individual que después genera una estela para los que siguen?

Creo que tiene que ver más con los segundo que con lo primero. Te doy un ejemplo, me parece que con la música del Negro Aguirre se escucha el río. Y su manera genera toda una corriente, gente que estudia con él.

- Claro, pero porque él también está más ligado a la formas de la composición folclórica, si bien se lo puede considerar un jazzero. Yo pensaba por ahí en gente más del jazz. El Negro sí es el litoral.

Lo escucho también en relación con el Brass, en la movida Trombonanza en Santa Fe, escuchan mucha música que está agarrada a esa otra tradición de los vientos, pequeñas cosas, rasgos, son pequeñas cosas pero están.

- También aparece la pregunta por las influencias o los nombres que te marcaron.  El jazz tiene en su tradición grandes nombres…

Escuché de todo, y me parece que lo que uno va haciendo no tiene ni idea de d&óacute;nde viene. Uno se va constituyendo con la experiencia, con lo que va viviendo, y la música es parte de lo mismo, de lo que uno es. Todo lo que va pasando como historia personal va dejando su huella, o no. Tanto lo que uno quiere, como lo que no quiere.

 

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