Por Bernardo Maison
La avenida volvió a quedar vacía, recuperando el ritmo cotidiano de quienes la transitan a diario. Y pensar que hasta hace algunas horas fue el escenario de un montaje impensado. Cientos de miles, un millón de personas caminaron en procesión por allí para despedir y agradecer al artista, al padre, al hermano mayor, al dios familiar de los versos y la música.
Pura potencia esas masas en la calle. Todos plegados al músculo poético del Míster. Ahí donde el Indio puso las palabras, el pueblo acudió con su cuerpo. Peregrinación en desmesura, festiva y temeraria. La lengua ponzoñoza se ha servido de lo mismo para otras argucias. Hoy miran atónitos, algunos agachan las palabras.
La voz de Solari movió las estructuras de nuestra formación. En estos días escuchamos esa partitura. El Indio cantó al espíritu de cada uno, en combate con el espíritu de época.
Cómo pudo suceder esta despedida descomunal. Sucedió, el desbordado amor del sentimiento popular. Esos que hablaron para decir su emoción indecible. La constatación de escuchar el habla de los hombres y mujeres de la calle. Usando las palabras de Solari, haciendo aparecer las propias.
Desde hace ya algunas décadas, se ensaya sobre la relación entre el líder carismático y sus seguidores. Se ha impuesto una mirada que se recuesta en la apropiación utilitaria por parte del público, entendida como compensación de carencias sociales. De los llegados en la década del noventa, época de masificación de la banda, se dice que el Indio y Los Redondos lograron ocupar un vacío material y existencial que campeaba en esos jóvenes desposeídos, otorgándoles reconocimiento y pertenencia que no encontraban en otros espacios de la vida social.
Me pregunto si no se trató también, primero (o a la par), de un disfrute hedonista, de un flechazo entre una música, una forma de arte y la sensibilidad de quienes la recibieron. Rotos, descosidos, remendados por Solari, pero con la capacidad de asumir el brillo de una obra tanto como los sectores de la primera época, aquella ligada a círculos intelectuales.
Las clases populares, en contra de lo que muchas veces se piensa de ellas —“incapaces del gusto refinado”—, confluyeron en masa en una obra de altísima calidad, misteriosa, que tiene la virtud de haber sido deglutida por millones y seguir generando expectativas y lecturas en el presente. Esas letras, miel de tantos labios, con la más intrincada y hermética ordenación de palabras fue asimilada y celebrada por las multitudes.
Porque como alguien dijo en la calle de su funeral, existe la verdad, esa que te habla al oído y te hace seguir adelante. Y existe la belleza, a la que cualquiera puede abrirle las puertas de su casa.
El propio Solari habló al respecto en alguna ocasión. “Yo no hago música para que se entiendan las cosas que digo, sino para que imaginen. Mi obligación es hacer un puzzle, una incógnita... para que vos puedas imaginar".
¿La imaginación al poder? Esa especie de eslogan acuñado por obreros y estudiantes durante el Mayo Francés de 1968 era un llamado a romper con las estructuras establecidas y liberar la creatividad colectiva para transformar la sociedad. Skay Beilinson, con solo 16 años, estuvo en París durante las protestas junto a su hermano mayor Guillermo, quien era amigo del Indio Solari desde antes de la existencia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
La vinculación nos suena más atinada si pensamos en la asimilación de la consigna por parte del primer público de la banda, en los setenta y los ochenta, pero me gusta pensar que Solari y Los Redondos fueron capaces de montar al sur del mundo su propia implementación de estas ideas para las masas. Si la tradición y las influencias del Indio y compañía son universales, el fenómeno que generaron es descrito como típicamente Argentino. El imaginario del Mayo del 68 era secular y antisistema, la relación entre el Indio y los fans fue adoptando características mítico-religiosas.
Probablemente, la imaginación al poder de Solari y Los Redondos no alcanzaba para transformar el curso político de los acontecimientos en el país (habría que seguir pensando su impacto), pero sí para engendrar un territorio que posibilitó la convivencia y la fascinación de esas muchedumbres y, por qué no, un mejor pasar de su propia realidad.
Una de las preguntas que emergió enseguida —casi a la par del velorio multitudinario— fue si la magnitud del acontecimiento podría derivar en que algún sector político-partidario fuera capaz de reconducir esa fuerza hacia alguna forma de transformación social.
Cuando la banda dio una conferencia de prensa el 15 de agosto de 1997, tras la suspensión de sus shows en Olavarría, por “supuestos informes de seguridad y temor a incidentes”, el Indio Solari habló de los jóvenes que se quedaron sin recital. "En vez de bajarles línea a los chicos, escucharlos; porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que los tipos de nuestra edad pueden tener para aconsejarlos".
Treinta años después, en su funeral, infinidad de chicos y chicas tan jóvenes como aquellos a quienes estaba destinado el mensaje en los noventa, sintieron cómo el acontecimiento los impregnaba.
Conmemoramos al Indio. Tal vez exista la posibilidad de guardar en el alma en unas canciones y preservar el estado de ánimo para la lucha y la vida.






















