La maquinaria de Atilio Basaldella

In the System: Chaplin, Lorca y todo el corazón

MÚSICA
31 de mayo de 2019

Por Bernardo Maison

Según ciertos manuales los autores no deben explicar las canciones que compusieron ya que eso limitaría las posibles interpretaciones y les quitaría misterio. Aunque a esta altura de la industria cultural, luego de tantos libros, revistas y programas de radio y televisión que indagaron sobre el por qué o el cómo se hizo tal o cual tema, esa parece ser una verdad abandonada.

De todos modos, y si la canción logra ser buena, hay una distancia considerable entre el hecho personal o político que pueda haberla suscitado y la canción misma. Todo viene o llega desde algún lugar. Lo que vemos, sentimos, tratamos de interpretar o entender y hasta aquello que no sabemos por qué terminó ahí, saliendo desde nuestra boca, lapicera o teclado. Una imagen puede funcionar apenas como el disparador reconcentrado que nos hará mover todos los recursos a mano para hacer un poema, un cuento o una canción. El desafío es transformar. Crear algo nuevo.

Atilio Basaldella, en su visita a La Canción del País nos revelaba qué acontecimiento generó su tema “Mi Bandera”, incluido en el reciente disco In The System.

Sobre una guitarra y una percusión amables y cálidas, el comienzo de la letra nos presenta la escena. “Nochecita de verano, calurosa y estrellada. Una mesa con tablones y grillitos que cantaban”. Ya podemos hacernos la idea; un grupo de personas en una reunión. Seguramente habrá bebidas, ¿asado?, mucha charla y hasta alguna discusión subida de tono.

Con la entrada de la línea del bajo y una batería más marcada, luego de algunos versos dice el estribillo: “Y la mesa se llenaba de canciones y poesías. Y los borrachos sabían que esa noche no mentían. Y los pocos que escuchaban anotaban predicciones. De futuros cataclismos y de más revoluciones”. Luego, se repiten esas líneas y se amplía: “Y de superproducciones con juguetes descartables y televisores grandes que proyectan su bandera”.

Además de la escena conocida que nos ofrece, el autor comparte el tono que adquirió la noche. ¿Futuros cataclismos? ¿Revoluciones? Hay “juguetes descartables y televisores grandes que proyectan su bandera”. Todo dicho, alguien nos quiere vender pescado podrido. Y encima nosotros (yo, vos, cualquiera en cualquier reunión) “tragamos día a día soportando hipocresías”.

Pero volviendo al acontecimiento puntual que propició el tema, Atilio contó en la radio que “Mi Bandera” viene de la “época de la ley del campo”.

¿De la 125, en 2008? 

Exactamente, de esa época.

...

Ahí está. Fin del misterio podríamos decir. Ya sabemos de qué habla la canción. Pero si lo pensamos bien, enterarnos de ese contexto no agota para nada la posibilidad de Mi Bandera. Al contrario, presenciamos la mentada distancia entre el acontecimiento puntual, (en este caso un clima de época en Argentina) y una canción que lo evoca. Además, como el tema cuenta con varias virtudes –escena, ritmo, sonido, letra, modo de cantarlo, imágenes-, funciona muy bien en eso que narra; estaremos en muchas otras reuniones entre gente querida o apenas conocida, charlando entusiasmados o idos a algún lugar lejos de lo inmediato. Entre tanto, esos televisores grandes que históricamente le han caído tan mal al rock, siguen hoy, diez años después, vendiendo sus mentiras. Y seguro lo seguirán haciendo.

La canción tiene esto de la escenografía y la opinión, las pantallas, la bandera de cada uno, las mil banderas. Es un disco reflexivo en ese sentido ¿no? Bueno, se llama In the System.

Sí, está eso. Digamos que entra y sale. Y bueno, somos seres políticos y ese momento también es en el que uno puede opinar, cuando hace una canción, donde tenemos lugar los artistas de decir algo, es ahí.

¿Te sentís mejor, pudiendo contar algo en el marco de una canción de tres o cuatro minutos?

Qué se yo, sí, me siento mejor cuando puedo componer. Cuando puedo componer es cuando me gusta lo que sale, porque a veces no se encuentra. Así que sí…me hace bien poder crear.

Eran días álgidos, difíciles, esos del 2008, estábamos todos pendientes de los televisores, las cadenas nacionales, 24 horas la trasmisión de las rutas y los piquetes “del campo”…

Ese fue el disparador. Creo que no es algo que se puede planear. Yo no puedo. Es algo que surge ahí. Irrumpe. Algo que puede ser cierta angustia, cierta motivación, o atmósfera. Es difícil de explicar.

Un recorrido, o dos

Atilio Basaldella comenzó a tocar en Rosario a fines de los noventa. Después de un paso por la “banda que tenía Gustavo Maffei” (actor, docente teatral y director) en el año 1997 integró el grupo “Superpibe” junto a Federico Rímini (instalado hoy en Barcelona) y Juan Vincenti. “Queríamos hacer funk latino” dice Atilio.

Con vientos, percusión y partes rapeadas, la banda estaba influencia por la corriente alter-latina que dominaba la escena en aquel entonces con Molotov y Mano Negra a la cabeza, y por el sonido bailable y disco de Jamiroquai. El grupo tocó por primera vez en el Teatro La Manzana y no llegó a grabar ningún disco. Justamente el ámbito del teatro es otro terreno en el que Atilio Basaldella viene desarrollándose como actor. Hasta el momento participó de las obras “Ubú desbarranca”, “La cuna mecánica”, “La China”, “Lo mismo que el café”, y una obra de Shakeaspere con Cuatro Cuartetos. Actualmente integra el elenco de “Inodoro Pereyra. El llanero solitario”.

Para los primeros años de la década del dos mil, el cantautor empezó a mostrar los temas propios en las formaciones “Preguntale a Jorge” y “Los Juguetes”. Con esta última banda registró un álbum casero en 2005. En esos proyectos, aunque persistía el sonido rock, la búsqueda abarcaba también a la música rioplatense –Eduardo Mateo era la nave insignia que desembarcaba en nuestro país–, a algo con espíritu de fanfarria balcánica, y a toda una impronta de aires folclóricos argentinos y del mundo.

En las peatonales de la ciudad, en pequeñas salas de teatro independiente, o en casas que eran centros culturales y lugares de intercambio creativo, solo o con su ladero Pato Sigismondo, Atilio tocaba sus canciones. Los que asistimos a ese momento de la música y el arte de la ciudad, pudimos comprobar que la canción que se escuchaba de parte de un cierto grupo de músicos (aunque no fuesen un grupo como tal) no respondía a los lineamientos de una carrera o una trayectoria, y ni por asomo a los de un proyecto que buscaba formar parte de una industria cultural. En el caso de Atilio Basaldella eso era notorio. Puede que las condiciones estructurales post Cromanón hayan configurado ese modo de existir, pero mucho de su personalidad se jugaba en ese sentido. Atilio parecía estar al margen y solo querer andar, como lo expresaba en “Uruguay”, tema de su primer disco “No Era” (2007): “No me verás brillar. Strella (sic) nunca fui. Tan solo tengo voz y quiero andar”. Ese álbum algo tardío con canciones hermosas e inspiradas que el cantautor venía mostrando en vivo encontró un sonido propio, y reflejó un tono personalísimo de la música local.

En Rosario como La Plata, Córdoba y claro, Buenos Aires, la nueva camada de músicxs que empezaba a alzar su voz post 2001, había deglutido la tradición conocida del rock y ampliaba sus recursos estéticos hacia una canción más abarcativa y menos limitada. Eran los últimos días del cdr, del disco mp3 con muchos álbumes para aprovechar, de mantener un oído atento a la hora de encontrar artistas del presente o visitar a los ocultos del pasado. Aun con el incipiente MySpace (nacido en 2003) eran los suplementos culturales, alguna revistas, los nuevos sellos discográficos independientes, las radios (tal el caso de Radio Universidad de Rosario) y algunos buenos blogs los que se arrogaban la potestad en el “descubrimiento” y presentación en sociedad de la música nueva. Los melómanos traficaban todavía material boca a boca.

No muchos años después, con la llegada de las redes sociales y los servicios de música online y en streaming, todas las personas, tuvieran o no acceso a un micrófono o a una columnna en una revista, empezaron a funcionar como divulgadoras de materiales musicales según su propia curaduría. No solo cambiaron los modos de circulación de esos materiales que antes debían pasar por los medios tradicionales y hegemónicos para visibilizarse (también se dependía de los medios alternativos para tal fin) sino que se fue transformando el lugar (acertado o no) que los medios ocupaban como primeros legitimadores del trabajo artístico. El difusor, el periodista y el crítico cultural perdieron terreno ante las redes sociales respecto a la novedad. Ya nada es nuevo en los medios. Un disco, un libro, una película u obra de teatro fueron escuchados, vistos, y halagados en las redes sociales antes de llegar a los medios tradicionales de comunicación. Si bien debemos alegrarnos de que ya no dependemos de algunas “voces autorizadas” que suben o bajan el pulgar de los materiales culturales, es notorio como la circulación en redes del arte trajo aparejado una ética del halago y la auto celebración. En redes sociales todes son genies, todes son grandes artistas. Esa ética del halago en las redes se interpuso también en la tarea de quienes trabajan de escuchar, leer, o reflexionar sobre un disco, un libro o una película.

En el mar de halagos recíprocos se ahoga la voz del hater. Pero paradójicamente fue su figura la que emergió este último tiempo en las redes sociales. Al contrario de la voz que halaga, que pareciera no necesitar justificación, la voz del hater es siempre infundada.

Mientras miro las nuevas olas

“Me tardé bastante” dice Atilio sobre la salida de “No Era”. Y siguiendo esa lógica podríamos decir que se tardaría  bastante para dar el siguiente paso discográfico. En 2013 llegó “Atilio y los Alimonados cantan Lorca”, disco con poesías musicalizadas del gran poeta español. Nuevamente un gesto alejado de la ola. Si bien esta última década de la música argentina (y mundial) estuvo signada y predispuesta a rescates, homenajes o llanos tributos, la elección de interpelar el presente con Federico García Lorca respondió más a un pleno y fascinado descubrimiento que a un refrito.

In The System, salido en 2019 (¡cada 6 años un disco!), es ahora la apuesta del músico a un sonido más “profesional” dentro de los parámetros pop/rock. “En realidad mucha gente amiga me insistía, vos tenés que grabar un disco que suene bien", se sincera Atilio. Apelando a ritmos como el hip-hop y el reggae, el disco cuenta con la producción artística, grabación y mezcla de Martin Valci en Long Play Records, (también grabó bajo y guitarras eléctricas), Adrian Taka Carlesso (bateria y percusión) Martín Pendlebury (teclados y coros), Sofia Maiorano (Coros), Leonardo Sturam (Chelo), Milton Mendez (Trombón), Sergio Peressutti (Trompeta), y Jesus Eroles (Saxo).

El primer tema es “Hippie hop”. Este rap de intro inquietante incluye un recitado del gran Omar Serra sobre fragmentos de una entrevista al poeta publicada en 1933 en la revista Blanco y Negro de Madrid, pero también las líneas que le pertenecen al cantautor muestran lo que dejó la convivencia de varios años con el autor de Romancero gitano (1928) y Poeta en Nueva York (1930).

In the System dialoga con los tumultuosos y modernos tiempos de la década del 30 para preguntarse por la vida actual. Las palabras de Lorca y la foto de tapa con el músico en el engranaje de una máquina (a lo Chaplin en Tiempos modernos, película de 1936) dan la clave de su propuesta.

“Nosotros nos criamos con esa palabra. Con que hay un sistema, con qué es estar dentro del sistema, qué nos oprime. No sé ahora qué onda los chicos con eso. Yo en realidad escribo para mi generación, no sé, si después los chicos agarran algo que agarren. Si escribo para los pibes no sé qué tengo que hacer”, dice el músico.

¿Cómo es eso de escribir para tu generación?

No, ni lo pensás. Pero me parece que son los códigos del lenguaje. Los chistes. Las cosas que uno propone no sé cómo pueden llegar.

Los chicos puede que estén en otras modas, en otras estéticas, pero lo que llamamos rock es un gran camino de ingreso a tantísimas cosas. Las tapas de los discos te hacen hacer preguntas, las alusiones políticas que vos mencionas acá en las canciones. Que esté Chaplin, que esté la maquinaria, la cuestión del sistema. Cuando uno empieza a escuchar rock también flashea con muchas cosas…

Pero me parece que hoy en día el rock no es lo que fue para nosotros. Yo me crié escuchando rock y la música de nuestra época era rock, y nuestros padres te decían “sacá ese ruido a lata”. Yo trabajo con adolescentes y ninguno escucha rock.

...

En In the System aparecen también el amor, la distancia y el desencuentro (“Superpiba”, “¿Qué pasó?” -esta última recuerda a una de esas hermosas canciones melancólicas de Las Pelotas-), el lugar propio y la crítica social (“No cambia”), y un subidón esperanzador (“Gente”), musicalización del poema “Gente Necesaria” de Hamlet Lima Quintana. “Esa es la más esperanzadora, pero bueno, no es mía. La parte de esperanza del disco es de otro”, se ríe Atilio.

Otra joyita del disco para quien escribe es el tema “Pinto Paredes”. Sobre una intro tensa y machacante que persistirá rítmicamente (gloria al Taka Carlesso en batería), la letra nos habla de dos que se separan. “Nos herimos. Nos curamos. Nos cuidamos. Fantaseamos. Olvidamos. Recordamos”. Y como un buen poema que elige un escape objetivista para salir de la crisis existencial Atilio resuelve: “Pinto paredes, me enchastro siempre”. ¿Revelamos que el cantante laburaba de pintor? Sí. Apenas una intromisión del llamado mundo real (también hay fideos y un encendedor en la letra) para descomprimir y a la vez metaforizar sobre lo enchastrado que nos deja una relación amorosa que se termina.

Al plantearlo en  inglés al título (In the system) funciona en tono humorístico, irónico…

Si, o sea, es real también. Un poco es la lengua del imperio. El inglés, y cuánto hace que nos va invadiendo con palabras que ni nos damos cuenta. Usamos muchísimas palabras. Y bueno, hay una intuición ahí, hay algo generacional, que pareciese que somos parte de algo de lo que no se puede salir, que nos oprime, y que no es algo agradable.

Esa es la sensación, la alusión a Chaplin, Lorca escribiendo esos poemas en Nueva York, maravillado y horrorizado con el mundo que crece.

Es el sistema capitalista, la primera referencia es esa, después uno puede pensar en otras cosas si quiere, volársela para otro lado.

Y trasladando la idea del sistema a lo musical, porque el rock es una de las músicas que te vienen acompañando desde siempre aunque vos tocaste otro tipo de cosas, pero en este disco se te nota yendo hacia un sonido de banda de rock que por ahí no mostrabas antes, donde eras más lo-fi, con grabaciones más caseras. O quizás buscando otras tímbricas, otras estéticas. Acá te pusiste pop-rockero…

Sí, bueno, en realidad mucha gente amiga me insistía, "vos tenés que grabar un disco que suene bien".

Como una crítica…

Y bueno, ahora lo hice, para que no me molesten más, puedo hacer otra vez cualquier cosa (Risas) Está bueno, uno va buscando en cada trabajo mejorar algunos aspectos.

¿Pero antes elegías grabar así? Porque muchas veces se divide aguas entre los discos Lo-fi o Hi-fi, y puede que se hagan así porque los recursos no alcancen, sonar de una manera sale más plata.

Por eso, tuve que pagar por esto. No fue gratis. Fue una decisión de hacer las cosas supuestamente como hay que hacerlas. De grabar en buena calidad. Incluso el disco tiene producción artística. Hay muchas decisiones que no son mías que están ahí.

Martin Valci hizo la producción artística, grabación y mezclas...

Estuvo buena la experiencia. Yo siempre estuve acostumbrado a hacer todo solo, como podía, con ayuda también, pero en este caso estaba más ordenado eso. Me costó al principio, porque uno no quiere largar, pero después está bueno, es enriquecedor. Si el trabajo se hace bien. Está bueno experimentar cosas nuevas.

¿Cómo te fuiste encontrando con los temas del disco?

Fue difícil, porque después de trabajar con una materia como la de Lorca, es difícil volver a lo tuyo. ¡Lorca es un poeta tremendo!.

¿Cómo compongo después de esto?

Me llevó un tiempo largo, aceptarme otra vez, aceptar mi poética. Cuando hicimos esa selección de poemas (Atilio y los alimonados), elegimos decir eso pero por medio de Lorca. O sea, adelante está Lorca y atrás estamos nosotros.

A Lorca lo trajiste de nuevo en Hippie-hop con el recitado de Omar Serra.

Ese recitado lo decía Omar en Oficina y denuncia, que es uno de los poemas del repertorio de Lorca, pero como no fue grabado en su momento, y me parecía que pegaba con esa temática de la ciudad.

Después la apelación a Hamlet Lima Quintana en clave de reggae.

Es un hit Gente necesaria. Es una gran letra, hermosa. Esa es la más esperanzadora del disco, pero bueno, no es mía. El reggae es un género que uno asocia a la felicidad, a la alegría. Y ese poema por allí dice que uno conoce gente y “se va de novio con la vida, desterrando una muerte solitaria”. 

¿Y a Miguel Hernández cómo lo elegís?

Hernández aparece en Vientos del pueblo, poema más extenso, pero yo me quedé con esa frase. “Vientos del pueblo me llevan. Vientos del pueblo me arrastran. Me esparcen el corazón. Y me aventan la garganta”. Me gusta mucho eso de "me aventan la garganta".

Qué buena imagen. La verdad que sí. La poesía siempre te acompaña, al ser un letrista me imagino que estás atento a esa encarnizada lucha con la palabra. Cómo decir las cosas...

Hay que buscar siempre, leer es bueno también para tener material, tengo mis momentos, a veces leo más, a veces menos, a veces no puedo leer.

¿Y sobre tus temas propios?

Son canciones de distintas épocas. Mi forma de componer es prácticamente siempre la misma, que es con la guitarra en la mano, y quizás a veces puede haber algún balbuceo de algo y después aparece una letra. Pero generalmente sucede inconsciente, irrumpe, es un momento en el que no estoy juzgándome.

¿Suspendés la razón se puede decir?

Yo creo que hay algo de eso, es como que uno se convierte en un canal donde surge la letra y la melodía. Es difícil racionalizar sobre eso porque justamente creo que no es algo demasiado racional. La letra de Hippie-Hop, es la única que escribí y después le puse música, las demás han surgido tocando la guitarra. También me tiene que pasar algo en la vida para poder hacer una canción. Cuesta escribir por encargo, o decir “me voy a sentar a escribir todos los días”.

¿Cuándo decís me tiene que pasar algo en la vida, querés decir que te tiene que pasar algo negativo en la vida? ¿Querés sufrir para escribir?

Digo, que hay que vivir también, si no vivís no podés crear. A eso me refiero en términos generales. A veces hay momentos en los que uno está un poco más desconectado y es más difícil crear. A mí me pasa que tengo etapas creativas y etapas que no puedo hacer nada. Por eso la inconstancia. Hice una canción nueva hace dos días, y hacía bastante que no hacía nada, había hecho un par el año pasado, pero bueno… justo me había separado.

¿Dos canciones cerraditas? Porque puede haber muchas insinuaciones, tener ahí mil papelitos… ¿te preocupa eso?

Me preocupa sí. Mi miedo es no hacer nunca más otra canción. Y todo el tiempo de espera entre canción y canción. Es como una sequía. Uno se vuelve infértil, me preocupa claro. A veces me deprimo y no hago nada, y a veces trato de hacer otras cosas también.

¿Y cuando se fue la creatividad no usas el tiempo para empezar a pulir lo que ya hiciste?

Sí, por ejemplo estas canciones, algunas es como la quinta versión ya. Porque lo que hago a veces es eso, las versiono y reversiono. Las trabajo, y ahora también lo que hago es grabar cosas, pero grabo más instrumentales. Tengo un pequeño estudio en casa y a veces grabo ideas. Por ejemplo nunca pasé a la otra etapa, a ver si le puedo poner letra a esto, no. Son cosas instrumentales que quedarán ahí. Ideas, ideas, ideas.

Quedarán para las grabaciones encontradas...

Para los herederos... capaz que otro las encuentra y hace algo.

 

 

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