Entrevista a Raly Barrionuevo

Hermano Hormiga: una fiesta surcando el país

MÚSICA
18 de septiembre de 2019

«Cuando nos conocimos él recién estaba con el demo de su primer disco. Estaba comenzando, haciendo pequeños shows en bares en Buenos Aires. Yo conocía a Luz, la hermana mayor de Lisandro,  trabajamos juntos un tiempo y un día me dijo: che, te pasó el demo de mi hermano. Invítalo cuando puedas». Raly Barrionuevo recuerda de esta manera su primer contacto con la música de Lisandro Aristimuño, quien en 2001 había llegado a la capital del país desde Viedma, Rio Negro. Son esas canciones que Raly escuchó de primera mano las que a poco tiempo de andar, —y quedar registradas en el sorprendente álbum debut de Aristimuño; Azules Turquesas (2004) —, despertarían la admiración de parte de la prensa, la crítica y un público que no paró de crecer desde entonces. «Imagínate lo que fue, todo lo que creció Lisandro. Se transformó en un artista muy importante para la Argentina».

El Santiagueño de Frías en aquel presente tocaba las canciones de su segundo y tercer disco “Circo Criollo” (2000), y “Población Milagro” (2002). Afincado en Córdoba desde comienzos de los años 90, Raly se “convirtió en un activo militante del llamado movimiento folklórico universitario", y fue entablando un dialogo artístico con muchos de los intérpretes y compositores del folclore y la música del país. En 2003 integró “La Juntada” junto a Peteco Carabajal y el Dúo Coplanacu. Para 2004 llegó el rupturista “Ey paisano”, producido por Luis Gurevich y con la participación de Jorge Drexler, Léon Gieco, Horacio Banegas y Peteco. En los Premios Gardel 2005, “Ey Paisano” fue premiado como “Mejor Álbum Artista Masculino de Folklore”.

Visto en retrospectiva, aunque también se insinuaba en aquel entonces, se podría decir que en los convulsionados años de comienzo de siglo en argentina, Aristimuño y Barrionuevo lograron encarnar una personal apuesta dentro de la música popular, por supuesto, cada uno a su modo. Aristimuño ligado a la experimentación sonora (actitud que profundizaría desde “Ese Asunto de la Ventana”, 2005), la asimilación de lenguajes heredados del universo del rock pero también del folclore, y una sensibilidad intimista que propiciaba un nuevo modo de ver y decir.

"Largamos una gira que decidimos hacer en lugares más chicos, a los que nos costaba ir con nuestras bandas, que tienen estructuras más grandes. Éramos dos tipos con un par de guitarras en un montón de lugares a los que teníamos ganas de ir, sin tanta producción". 

En tanto que Barrionuevo —premio Consagración del Festival de Cosquín en 2002—, a través de una faceta romántica y contemplativa en su cancionero mayormente folclórico, (luego se iría recostando también sobre el rock), y un perfil de cantor militante, reivindicativo de las luchas populares, por la tierra y los derechos humanos. Y más allá de sus claros posicionamientos, o a la par; no hay una cosa sin la otra, fue un público ávido y movilizado el que empezó a encontrar y depositar en el músico una esa serie de banderas y consignas que volvían a estar en el aire en argentina y Latinoamérica. Y Raly sin dudas las encarnaba, a través de temas como “Chacarera del exilio” o “Somos nosotros” (“Somos alquimistas de la gran revolución (…) Somos los actores de la cruda realidad. Somos partidarios de la humana dignidad (…) Somos disidentes de la puta corrupción. Somos compañeros de las madres del dolor”).

Luego de un recorrido con muchos discos propios como solistas (Aristimuño tiene 9 y Barrionuevo 11) ambos caminos se juntaron definitivamente en 2016. «Hermano Hormiga se dio en estos últimos dos años en que comenzamos a compartir más intensamente. Lisandro se quedaba muchos días en mi casa, a modo de spa para descansar un poquito del laburo. Y después de tantas sobremesas y tantas guitarras de por medio, amigos y amigas nos decían "hagan algo juntos, mira como suenan de lindo". Así que con Lisandro entramos a mirarnos en serio y dijimos;  “no estaría mal que hagamos algo”. Ese año ensayamos un poco y largamos una gira que decidimos hacer en lugares más chicos, a los que nos costaba ir con nuestras bandas, que tienen estructuras más grandes. Éramos dos tipos con un par de guitarras en un montón de lugares a los que teníamos ganas de ir, sin tanta producción. Y así nos mandamos una gira bastante larga que largó acá en Unquillo y terminó en Beltrán, en el pueblo en el que se crió Lisandro, en Río Negro».

Para el verano de 2018 Hermano Hormiga llegó al Festival de Cosquín en la llamada “noche joven”. Desde dos sillas y rodeados de instrumentos, Lisandro y Raly cobijaron la plaza en sus manos. Empezaron con Subo", la vidala simple y profunda del Chivo Valladares, y bajo una luna grande y luminosa que se derramaba sobre el público siguieron con "Tu nombre y el mío", "Niña luna", "La sixto violín", "Mi memoria", "De mi madre", "La niña de los andamios" y "Duerme", entre otros temas.

«Lisandro me decía "dale, dale, vamos, yo quiero ir, lo veo de chiquito por la tele". Y yo medio que estaba con ganas de no ir a Cosquín ese año para descansar un poco» cuenta Raly. «Y bueno, se dio de esa manera, fue una noche muy linda también y con muchas propuestas nuevas, que eso es lo que realmente está haciendo falta. Muchas propuestas como Dura Tierra y con bandas de gente muy amiga». En esa jornada tocaron Ramiro González, Mery Murúa, Ruben Patagonia con Che Joven, Charo Bogarin, Jose Luis Aguirre, Luciana Jury, Duratierra, y El Vislumbre del Esteko. «Era raro para nosotros porque Hermano Hormiga solamente había tocado en espacios chiquitos. La verdad que fue más por las ganas de Lisandro que por las mías y sin embargo salió un concierto hermoso», recuerda Raly. Así lo atestigua el registro de la TV Pública que se puede ver en youtube. ¿Cómo estás Lisandro?, le preguntó Raly en un momento del show: “Super, está hermoso esto. Se ve increíble, con la luna allá, mejor imposible”, contestó el rionegrino.   

A fines de ese año, la casa de Raly en Unquillo, Córdoba, sirvió como estudio para grabar el disco Hermano Hormiga con las canciones que venían mostrando en vivo y con las que en 2019 girarían nuevamente por varias ciudades de argentina. El recorrido que empezó en junio en Unquillo finalizó el 31 de agosto en el Gran Rex de Buenos Aires. En Rosario lo presentaron el sábado 20 de julio en el Teatro El Círculo. Allí se pudo ver cómo esa amistad, o mejor dicho esa hermandad, logra ser transmitida a un público afectivo que desde siempre —o en el último tiempo—, espera con ansias escuchar en vivo sus voces, verlos hacer naturalmente en el escenario, ser parte de sus anécdotas y chistes, y claro, cantar junto a ellos una serie de canciones preciosas que ya son de todos.

El álbum Hermano Hormiga, disponible en Spotify y en YouTube, está integrado por temas de cada uno de los músicos —"Mariana" (Raly) "El plástico de tu perfume" (Lisandro), los inéditos "Vida" (Lisandro) y "Amanda" (Raly)— junto a otros pertenecientes a compositores que admiran y que se dieron el gusto de interpretar: “Subo” (Chivo Valladares), “El necio” (Silvio Rodríguez), El surco (Chabuca Granda), Ojalá que llueva café (Juan Luis Guerra) y La Sixto Violín (Raúl Carnota).

En un posteo de Facebook, el técnico de grabación Sebastián Palacios contó que el disco se hizo “en el living (de la casa de Raly), en una sala grande y acogedora, sin tratamiento acústico, con un hermoso sonido, sobre todo por los muchos instrumentos que habitaban la casa y la energía poderosa que se sentía allí dentro. Afuera sonaban los gallos, los perros, las chicharras, y lo dejábamos entrar en la grabación con la misma naturaleza con que grabábamos una sola toma de algún tema y era esa la que quedaba, sin edición ni demasiada minuciosidad, más que la frescura y la magia del momento”. Sin dudas que ese “ambiente” íntimo y cálido quedó impregnado en el sonido del álbum. Las voces de Lisandro y Raly, junto a las guitarras de acero, las criollas y la percusión nos llevan a esas sobremesas en donde todo empezó. 

«Esta es una juntada qué tiene que ver más con lo que hace Caetano con Gilberto, más de acompañarse el uno al otro digamos,—dice Raly cuando se le menciona el trabajo de otras duplas formadas entre solistas—. Lo estamos llevando a César (Elmo) que nos acompaña en algunos temas con la percusión. Pero básicamente somos los dos nada más. Entonces para mí Hermano Hormiga es un espacio de libertad muy grande. Toco el piano, cosa que no hago públicamente en los escenarios. Realmente la pasamos muy bien, los conciertos son muy hermosos, uno mejor que otro. Son impredecibles porque empezamos a improvisar, más allá de que tenemos una lista que respetamos, pero está bueno lo que sucede en cada canción, nos damos espacio, nos divertimos y cuando uno está de capa caída el otro lo levanta y nos vamos haciendo el aguante. Es lo que pasa en la vida. Cuando Lisandro está mal yo lo acompañó y cuando yo estoy mal él me acompaña. En el escenario si estamos los dos bien es una fiesta».

"He estado en situaciones muy tristes y sin embargo subir al escenario es algo que te activa, algo que excede todo. Me pasó que mamá falleció un 28 de enero, hace cinco años. Yo estaba tocando en Cosquín y sabía que se estaba yendo, y sin embargo toqué ese verano. Mi mamá me instó a que siga tocando y que no pare. Ella falleció un lunes, me la hizo fácil porque el viernes tenia concierto y ahí me dio unos días para…un poco acomodarme y seguir tocando".

¿Son de estar pila o templados antes de tocar?  «Lo que pasa es que Lisandro es medio Thom Yorke. Bueno, como todos. Con Lisandro estamos ahí haciéndonos el aguante y la verdad es que somos tan distintos en todo lo que te imagines. Pero cuando salimos a tocar nos ponemos tanto las pilas que nos sale todo muy pa' arriba», dice Raly. ¿Te transforma el escenario? ¿No podés pasar un show sin disfrutarlo me imagino? «La verdad es que he estado en situaciones muy tristes y sin embargo subir al escenario es algo que te activa, algo que excede todo. Me pasó que mamá falleció un 28 de enero, hace cinco años. Yo estaba tocando en Cosquín y sabía que se estaba yendo, y sin embargo toqué ese verano. Mi mamá me instó a que siga tocando y que no pare.  Ella falleció un lunes,  me la hizo fácil porque el viernes tenia concierto y ahí me dio unos días para…un poco acomodarme y seguir tocando. Estoy hablando de una situación dura, pero el escenario y la gente, cantar... cantar me hace muy feliz».

¿Quién es el más obsesivo de los dos, Lisandro? «Y… qué te parece» ¿Pero vos tendrás lo tuyo también? «Depende qué tipo de obsesión, del toc que tenga cada uno. En cuanto a cuestiones de producción me gusta a mí que las cosas estén bien y Lisandro es más de estar presente en muchas cosas; en producción también. Yo lo dejé trabajar tranquilo. Él me guía en muchas cosas, él está en redes sociales y yo no tengo redes sociales. Él es un nocturno y yo soy un mañanero. En ese sentido también somos distintos. A veces él me empuja hacia la noche y otras veces yo lo empujo hacia la mañana. Por eso te digo que somos diferentes en casi todo. Salvo en la mirada de la independencia artística, ahí coincidimos».

Por Bernardo Maison
Fotos: All Press

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