Entrevista

De Rosario a Londres: Rosendo entre el estudio, la tesis y su disco solista

MÚSICA
17 de diciembre de 2025

Por Bernardo Maison

 

A la hora inglesa del té, Rosendo atiende la llamada tomando mate. El músico y productor rosarino tiene 23 años y hace tres que vive en Londres.

—El gaucho no renunció a la costumbre, le digo.
—Y, me llamo Rosendo, dice. El mate es necesario, completamente necesario para seguir el día, pero un té cada tanto para caretearla con algún inglés, está bien. Ven el mate y dicen qué es este cuenco calabaza en el que estás tomando pasto.

Rosendo Zinny es baterista, compositor y productor de sonido. Este año edito su álbum debut Neumonia 2008. Mientras estuvo viviendo en Rosario integró las bandas Gladyson Panther, Color Sirena y Lucky Rivers. Junto a Gladyson continúa con el dúo de acid techno llamado u.p.up.u.p.

Además de estudiar en forma particular con distintos profesores, mientras cursaba el sexto año del Colegio Politécnico, viajó a formar parte del programa Aspire: Five-Week Music Performance Intensive, dictado por el Berklee College of Music en Boston, EE.UU. “Tocaba la batería 16 horas por día. Conocí mucha gente con la que todavía tengo vínculo. Con un amigo, Mario (el chileno Mario Bolton), tenemos un dúo electrónico que se llama Rojo 40; una combinación de pop, canciones y noise”.

Rosendo se encarga en la actualidad de dirigir sesiones de grabación en el Estudio 21, y en presentaciones en vivo de bandas y solistas londinenses. Se recibió con el título de Producción Musical Electrónica en la BIMM University y continúa haciendo un Máster en Ingeniería de Audio. A comienzos de diciembre, en el acto de su graduación, la Musicians Company le entregó un reconocimiento por sus tesis. La institución con más de 500 años de trayectoria está dedicada a las artes escénicas y a fomentar el talento de performers, bateristas, cantantes, productores, y demás estudiantes que investigan y escriben sobre diversos aspectos musicales.

“En sus comienzos se dedicaban a analizar piezas musicales y a promover esas artes. Con los estudios aparecidos a principios del siglo XX, con la capacidad de grabar sonidos y la repetición, se abocaron más a la investigación del sonido; al metaestudio del sonido y también a financiar a nuevos académicos y proyectos”, cuenta Rosendo.

Su tesis se desarrolla en base a una pregunta: ¿Cómo puede transformarse una colección personal de grabaciones de campo en una propuesta de composición y canción contemporánea?. Rosendo trabajó con una gran colección personal de sonidos registrados en Londres y Rosario, utilizando la psicogeografía para entender cómo los lugares moldean la memoria y la emoción. A través de una investigación basada en la práctica y un diario reflexivo, transformó espacios cotidianos como estadios de fútbol, el subte y el dormitorio en piezas sonoras narrativas.

“En un principio me adentre en técnicas de producción comprometiéndome con los signos del medio con el que estaba trabajando. Luego, gracias al análisis psicogeográfico, las piezas se tornaron más conceptuales, metiéndome en su significado y su carga emocional”, cuenta el músico. El resultado fueron tres composiciones que tratan a la grabación de campo como material musical y expresivo, y no como simple técnica de producción auxiliar.

“El premio de la Musicians Company fue una sorpresa linda, un momento inolvidable. Justo pudo venir mi viejo a la graduación”, dice. “El comienzo de la tesis fue un esfuerzo compartido con la Ricci, (Georgina Ricci, artista e investigadora rosarina), por las consultas que obviamente le hacía a mi vieja Lila (Lila Siegrist, artista, poeta y escritora)”, cuenta Rosendo. “Charlamos mucho y fue una gran ayuda para darle un buen marco teórico”.

— Una pregunta obvia que tiene que ver con el título de tu disco Neumonía 2008 ¿Te pegó una neumonía ese año?

—A mi hermana le pegó una neumonía en 2008. Muy tremendo.

—Fue un homenaje a tu hermana entonces…

—Sí, creo que incluso fue idea suya. Estábamos hablando del disco, no sabía cómo ponerle, y charlando de recuerdos musicales que tenemos juntos salió mi primer recuerdo musical, creo que es mi primer recuerdo en general: ella con una neumonía medio complicada. Creo que tenía seis años y me agarró un ataque de celos tremendo…venía toda la familia a entregarle regalos, a cuidarla. Yo quería regalos (risas)… y me acuerdo de poner Clics Modernos (Charly García, 1983), que sale de una “Nos siguen pegando abajo”. Ponerlo al caño para que me den bola, como para armar quilombo. Y en efecto sí, me retaron…es mi primer recuerdo musical, escuchar eso en la cocina y decir “la estoy rompiendo ya van a ver” (risas).

—Hablando del sonido del disco, tocaste en bandas de rock experimental, alternativo, mencionabas tus búsquedas ligadas al noise, y también se escucha un pulso folclórico. Prevalece todo eso en la búsqueda de estas seis canciones…

—Sí, completamente. El folclore está muy presente por mis viejos y también bueno, Rosendo, mi nombre. Mi viejo toca la viola y canta folklore, mi vieja también me lo inculcó mucho, me gusta también el tango por mi abuelo. Me siento muy bien ahí y todavía no logro tocarlo con total convicción. Estoy practicando, lo voy a lograr. El disco es  el debut de alguien que está probando cosas. “Desastre Natural” es una chacarera, "Señal para el olvido" es un tema más folk del lado de Elliott Smith, del lado de la música outsider: como un tipo que no canta tan bien y está ahí tratando de hacer un tema con una máquina de cinta. Fueron todas primeras tomas, la batería tocada al revés, la guitarra también tocada al revés; es la guitarra de mi hermano Tomás Crow. Es una guitarra para zurdo, entonces fue un extra cálculo. Con Tomás y Nacho Seret compartimos hasta hace un mes, el estudio que armamos los tres. Aprendí hace mucho de ellos. "Tuntun...", es medio una oda a LCD Soundsystem, a Soulwax, a grandes bandas de pop electrónico neoyorkino. Siento que el disco no suena a EP, suena más a una compilación, lo que se dice las mixtapes. Entre las canciones no hay tanto un link, sino que ese link se crea más por la producción. Son canciones que hice entre 2020, 2022, otras más actuales. No hay un hilo estético más que por la voz y la manera de hacer canciones. Ahora para lo que viene ya hay una búsqueda estética más conceptual, quizás por el laburo que hice con la tesis, esto de tener un marco en el cual trabajar.

—¿En el estudio trabajan con bandas y solistas de Londres, de pueblos más chicos de Inglaterra?

—En este momento el estudio se sostiene más por trabajos comerciales, música para publicidades, sonidos para películas o sonidos para un reel de Instagram de algún cantante, laburos rápidos que pagan okay y sirven para que se sostenga todo. Y después sí, la gran mayoría del tiempo es traer bandas y cantautores que vamos conociendo en la escena o con los que incluso tocamos en vivo, que es lo que más disfrutamos. Al conocer más la escena y adentrándonos en la música londinense también aparecen clientes y artistas con los cuales trabajar.

—¿Te tocó grabar a músicos que estén pegadísimos, de los reconocidos?

—En nuestro estudio no. Me sucedió eso más siendo asistente o chepibe en estudios más grandes. Estando con Tomás Crow me pasó de ser  el Junior Drumtech por dos días de Zak Starkey, el hijo de Ringo Star. En el estudio son más bandas under, que conocen o son amigos de: el otro día grabamos un cuarteto de cuerdas en el que estaba el hijo del amigo de Pharrell Williams, siempre es el hijo de... (risas).

—Y en base a tu experiencia, a lo que tenés acceso del under ¿Qué se está cocinando en la Londres de la actualidad? ¿Estás notando algún fenómeno musical?

—En términos de lo que se llama música under, siempre al palo, suceden muchas cosas. Hay muchos lugares también con mucha historia. Por ejemplo tenés The Windmill (un pub y local de música en vivo ubicado en Brixton). Brixton es el barrio de David Bowie, por ejemplo. Y ahí tocaron todas las bandas grandes del under global: Black Midi, King Krule, tengo entendido que The Cure también tocaba ahí. Y más al Este, está la George Tavern. Son lugares que tienen mucha historia, están muy cargados, todo el tiempo hay bandas muy buenas. Pero todo este sonido igual tiene influencias bastante americanas. De alguna manera replican cosas que, por ejemplo, pasan en Nueva York. Tal vez cosas nuevas que a mí me atrapan mucho más, es la escena del arte performativo, del arte sonoro. Está el Cafe Oto también, es el gran epicentro del mundo en experimentación sonora, vanguardia, ruido, performances. Es un lugar espectacular de donde salen grandes exponentes, incluso en la composición de música para películas. Tocan bandas que cruzan la línea, son bandas pero no las llamarías así, son bandas porque son muchas personas y tienen instrumentos, pero hacen algo que es rarísimo.

—¿Y hay público para esa escena? 

—Muchísimo. Eso es lo más importante tal vez de la ciudad, el público tiene una oreja muy abierta y está muy comprometida con los lugares. Es como si te digo el Club de Maltas en Rosario. La gente va no solamente por la música, pero si va por la música, la escucha, se sienta y respeta lo que está sucediendo. La sorpresa sucede muy seguido al salir, es muy importante eso porque también estás solo, el frío, los horarios son raros tal vez, tener esa meta de salir a buscar algo nuevo está buenísimo. Nuestro estudio está localizado en la planta baja de, para mí, el mejor boliche de todo el universo que se llama Fold. Es una comunidad manejada y administrada por artistas. Lo que era un complejo de oficinas con dos salas fue convertido en boliche techno queer. Se hacen fiestas, performances y cosas más artísticas, pero sobre todo joda, una joda muy buena y muy respetuosa. La música tiene un rol muy importante. En otros lugares por ahí la música ocupa un lugar más auxiliar, mientras se toma algo. Acá la música es casi el hogar y la llamarada central donde todos se agrupan, bailan y se divierten. Es un boliche autogestivo y muy inspirador. Muy de cultura electrónica. La gente viene de otros lados, y se nota que hay mucho respeto y amor por la cultura. Entonces podemos estar en el estudio trabajando y si en el momento nos pinta y hay una joda, bueno, subimos a estar un rato ahí.

—¿Abajo están ustedes?

—Nosotros estamos abajo, la planta baja tiene 21 estudios de grabación, de post producción, hay DJs, tatuadores, fotógrafos. Una usina cultural increíble para conocer gente, para hacer links. Pero bueno, más allá de salir, tener un estudio de grabación y hacer un master es mucha responsabilidad y hay que estar muy afilado para poder mejorar todo el tiempo.

—¿Qué particularidades encontrás a la hora de trabajar allá?

—No por hacer ningún tipo de distinción, pero acá los artistas tienen mucha entrega y se lo toman muy muy en serio…bueno, también como en Rosario. La gente quiere vivir de su arte y saben que las oportunidades están ahí afuera y hay que meterle. Es un poco complicado coincidir en los tiempos. La gente está muy ocupada, está el caño, entonces, si coincidís, es un milagro. Me tomó un poco de tiempo acostumbrarme a los modos, no solamente el tema del tiempo.

—¿Hay presencia del Estado como actor importante en la cultura? ¿Los músicos tienen esa especie de sueño sobre llegar a algún lugar, o es una fantasía, un mito que se perdió?

—Yo creo que el sueño está cambiando. Con lo que decías con respecto al Estado, acá tiene más la función de bancarte mientras estudiás y desarrollás tu obra. Eso es un plus tremendo para todos los artistas. Quizás también pasaba en los 70, en los 60, el fenómeno de los músicos que eran super anarcos y no vivían de la música, sino que vivían de algún beneficio del Estado y podían generar una obra muy importante e increíble gracias a eso.

—Anarquistas con planes estatales...

—Sí, sí, es lo más Inglés del mundo y es increíble, yo lo banco a muerte. Lo que tiene Londres también es que las oportunidades y los nombres están todo el tiempo. El chululaje es tan denso y tan presente que hay un sentimiento de "puedo hacer algo piola con mi música, o le puedo mostrar esto a alguien". Y la Universidad misma está preparada para servir al Mercado. Te lavan el cerebro un poco para decir "vos tenés que encontrar un laburo de lo que estás haciendo y si sos artista tenés que encontrar la manera de que a la gente le guste lo que hacés y venderte vos a una discográfica".

Claro, se es parte de esa Industria, se puede tener a su vez concepciones ideológicas contraculturales, todo en el marco del capitalismo o post-capitalismo. Y en una ciudad tan gigantesca culturalmente hablando como Londres. Todas estas cuestiones mezcladas...

—Sí, un poco volver a la figura del anarco con planes sociales, eso se repite todo el tiempo. El Mercado está muy presente y esa industria es muy grande. Por eso también son tan importantes los lugares de resistencia, como el Café Oto, o artistas nuevos como puede ser Cameron Winter (músico estadounidense, líder de la banda Geese) que hace folk, pero hace folk como nadie, porque el mercado hasta te dice cómo hacer folk de alguna manera, y cómo vestirte y cómo pararte en un escenario. Y este es un tipo que se sienta en un piano y toca las canciones como se le canta, son canciones hermosas…y es un pendejo. Creo que hay figuras nuevas, también la escena de Copenhague, gente que no tiene tanto que ver con el mercado sino con la entrega absoluta y el compromiso a su obra y a un concepto concreto. Puede llegar a ser el caso de Juana Molina, que si escuchás el primer disco y de ahora, es el mismo disco casi, pero por una entrega absoluta a un concepto y a un idea. La he nombrado a veces acá y la reconocen.

—Y sin pedirte un análisis sociológico, pero por estar en contacto con otros artistas en tu estudio, al salir... ¿Qué sentís que hay en el aire de la Londres actual? ¿Hay estancamiento, conformidad, hay ganas de romper todo, de cambiar las cosas? ¿Están adaptados o son contraculturales dentro de ciertos límites posibles?

—Yo creo que las contraculturas se generan, por ejemplo, en las luchas a favor de Palestina, con la agenda de derechos trans. Hay lugares que militan mucho eso y tienen un arte completamente atravesado por estas luchas. Pero el marco general, si miro un poco más para fuera, creo que ganó el sistema de vigilancia. Londres es la tercera ciudad más vigilada del mundo, después de Shanghai y otra ciudad también China. Y ganó Amazon, ganó el delivery, realmente la gente está relativamente encerrada. La postpandemia también afectó. La gente de alguna manera está conforme en su casa. Obviamente, Londres es el centro de muchas luchas y de esta escena under increíble que se sostiene y no afloja, pero el sentimiento general es más de conformidad. En la música, por ejemplo, las luchas se generan en contra de Spotify. Es un tren al que muchos se están subiendo, dejar Spotify  por el escándalo del ex CEO de Spotify que ahora es CEO de una compañía de drones de guerra, que se usan para la guerra de Gaza, completamente inhumano. Otra cosa es que Spotify no paga un mango. Muchos se están cambiando a Bandcamp, Tidal Apple Music.

 

 

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