Luz y sombra de Evelina Sanzo

CÓMO CANTAR LAS CUARENTA Y SEGUIR ADELANTE

MÚSICA
7 de julio de 2018

Por Edgardo Perez Castillo y Bernardo Maison

Dos discos, un sello editorial, largos años de estudio e innumerable cantidad de shows le dieron a Evelina Sanzo las herramientas suficientes para poder conducir su camino artístico en soledad. Sin embargo, Evelina no avanza sola: rema en manada. Así lo siente la notable cantante y compositora, que distingue la importancia de valerse de recursos para posibilitar una auténtica independencia, tanto como la necesidad de seguir potenciando al contundente movimiento que la contiene: el feminismo.

Porque hoy, en sintonía con un presente artístico plagado de elogios, la creadora de Curandera (2014) y Tabú (2018), la fundadora de Neptunia Discos, se reconoce a sí misma como parte activa de un conjunto de mujeres que avanza en la ruptura de absurdos mandatos. Mandatos sociales, artísticos y económicos. Mandatos que empiezan a tambalear con las acciones del flamante Colectivo Mujeres Músicas Rosario, una agrupación que crece en cada asamblea, y cuya comunidad virtual suma ya más de 400 artistas. A ese colectivo presta Evelina sus conocimientos e ideas, mientras continúa construyendo una obra solista que ya tiene un objetivo próximo de peso: la edición de su tercer disco, una obra que ya tiene nombre definido. Pero no es ahora tiempo de develarlo.

Hasta el momento, echando mano a una gama estilística que va del pop al tango, del rock a la bossa, o de la cumbia al blues, es decir a todas las posibilidades que nutren la cancionistica del siglo XXI, Evelina se vale de sus composiciones para cantar contra todos los males de este mundo. Pero acentuadamente sus canciones parecieran funcionar como una vía de escape hacia la liberación del yo que canta, o para decirlo en términos menos psicoanalíticos, de la voz que canta. Hay una necesidad en esas historias de reparar algo, de poder decir las cuarenta con todas las letras y seguir adelante.

Tanto en Curandera como en Tabú, a excepción de algunos temas puntuales, las historias se desarrollan desde ese terreno todopoderoso llamado amor, una maquinaria hipersensible que nos dicta comportamientos y reflexiones cotidianas entre la dicha  y el espanto con la misma facilidad. Y la tensión péndula entre un vos y yo, entre un yo y vos. Alusiones y estados anímicos que transitan la queja, dependencia, miedo, reflexión, jactancia, autoconocimiento, o liberación. La mayoría de las veces, sus versos son dardos que se incrustan contra ese "otro" que suscita estos sentimientos, y por la utilización genérica que hace de las palabras, ese otro es un varón. Podría decirse entonces que su arremetida contra el patriarcado avanza tanto en el plano de su actividad militante feminista, como en el imaginario amoroso que construye en sus canciones. Patriarcado y vida privada. Sociedad y perspectiva individual.

Si su primer disco Curandera dejaba más espacio para el humor y la ironía (inclusive aplicada a sí misma) y los colores de los temas eran más amables, Tabú presenta otra atmosfera, más ensombrecida, oscura. Evelina, la voz que canta, se contornea con soltura por momentos de sensualidad, desgarro, gracia, intimidad, o furia.

Otro porvenir

Mientras la cantautora sigue recorriendo escenarios en diversos formatos,  su agenda cercana dice que el 10 de agosto realizará la presentación oficial de su sello, Neptunia, en el Galpón de la Música, en el marco del lanzamiento de ese colectivo artístico que la enorgullece. “Es hermoso habernos encontrado”, sintetiza Sanzo en relación a un proyecto que ya se ha organizado en comisiones, que se construye desde la horizontalidad y apuesta a la igualdad de oportunidades, permitiendo así la visibilización de todas las artistas que lo conforman.

“Porque no sabemos si las mujeres no tenemos visibilidad porque no se nos convoca, o si no se nos convoca porque no tenemos visibilidad. Es como el huevo o la gallina. Hay que romper con éso”, desafía Evelina, que comparte sus experiencias como un modo de dar impulso a sus compañeras.

“En la asamblea del Colectivo plantee que hay que grabarse, subir una buena foto, son cosas que van sumando. Cuando lo tiré, una chica dijo: 'Claro, como si fuera tan fácil creértela'. Nos hicieron creer eso. Es como si siempre hiciera falta un chabón para producir, para grabar. Conozco muchas colegas que si no salen a tocar con un varón no aprenden a tocar un instrumento. Entonces estamos haciendo talleres de formación: si una chica sabe grabar, trocamos por clases de canto. Es una cosa de sororidad. Pero es difícil, porque también está la cuestión de la competencia: nos enseñaron todo el tiempo que tal toca con tal porque se coje a tal. Todo el tiempo nos enseñaron eso, entonces nosotras mismas lo repetimos todo”.

Además ya no sólo se trata de romper con esquemas instalados por el patriarcado, sino también con el propio sistema.

Ni hablar. Pero creo que es la primera vez que siento que realmente algo podemos hacer, porque somos un montón, porque estamos juntas y ninguna se calla. Estamos para nosotras, posta. El alejarnos y pelearnos fue como una trampa del patriarcado. Cada una estaba trabajando sola en su casa, pensando que realmente estaba sola. Esto de juntarnos, siendo de distintos palos, es hermoso. De cada asamblea salgo emocionadísima, estamos re felices, porque salieron un montón de cosas. En una de las asambleas, tiré la idea de armar una Red de Músicas Argentinas, Rema. Y ahora estamos en la cuarta asamblea y eso se está dando, porque así como se dio en Rosario, naturalmente se formaron colectivos en La Plata, Tucumán, Córdoba, Corrientes... Se formaron colectivos de músicas, estamos todas conectadas y vamos a empezar a hacer intercambios. Me emociona tanto pensar que estamos ante un momento histórico, ayudándonos, tejiendo redes. Es hermoso.

Con las Tanga Feroz en la presentación de Tabú en Plataforma Lavarden

Como parte de ese conjunto, Sanzo entiende que el crecimiento de su propio camino artístico permite abrir nuevas puertas, con un criterio de generosidad que la lleva a extender invitaciones ante cada convocatoria. Sin embargo, desde su rol editorial se permite marcar el terreno: “Muchas chicas me dicen que les interesa grabar por Neptunia. Pero yo les digo que no es tan difícil tener un sello, si yo lo hice, lo pueden hacer otras chicas. La idea es que hagan sus propios sellos. Por más que banque la movida de mujeres y a todas las mujeres que toquen, tener un sello pasa por una cuestión de gusto personal. Mi sello lo hice para eso, había tirado algunas ondas con sellos que me hubiera gustado pertenecer, no me dieron pelota y armé mi propio sello. Trato siempre de incentivar a las pibas a que se animen. A mí mucha gente, sobre todo varones, me hicieron creer que no iba a poder. A mí tocar sola me hizo muy bien. Nunca había tocado sola con la guitarra, siempre con alguien que me acompañara. Y también hice mi disco sola, contra todo pronóstico. A mí me preguntaban si lo produje sola, y a los varones no se lo preguntan. Quiero que las pibas hagan lo mismo, que les sirva de inspiración en todo”.

La perspectiva de género atraviesa a Neptunia, sobre todo a partir de tu visión de que las músicas tomen roles de liderazgo en los proyectos. A nivel musical, ¿qué te gustaría que aloje el catálogo de Neptunia? Porque si se toma como referencia a tu obra, es muy diversa: hay pop, blues, tango, rock, bossa...

Creo que a esta altura es muy difícil encasillarse. Me gustaría que haya de todo. El otro día le decía Flor Croci que me encantaría que esté en el sello. Pero también me gustaría involucrarme más artísticamente en los discos. A Espacio Santafesino nos presentamos con los discos de Tito Libélula y La Perilla, que ya estaban hechos. Entonces me sentí como sólo en la parte ejecutiva. Servir a alguien sólo para eso no me interesa. En esta oportunidad se dio así y era mi primera experiencia editando. Fue un puntapié inicial. Ahora quisiera involucrarme más desde lo artístico. Y ver cómo editamos otros discos.

El otro día me subí a tocar con Fito en Metropolitano y estaba tranquila porque sabía que iba a estar a la altura. Trabajé mucho en mi vida, estudié mucho. Y subí a cantar siete temas sin haberlos ensayado con la banda. Tener esa seguridad de saber que no la voy a pifiar es porque también lo he hecho muchas veces, por eso me da bronca cuando los músicos se equivocan en vivo. Hay que ser aplicados. 

Entre esas futuras publicaciones aparece enlistado ese tercer disco de Sanzo, una obra que vuelve a estar atravesada por la historia reciente de la artista, que se reconoce hoy en un momento luminoso. “Creo que es un disco que va a estar marcado por este tiempo -adelanta-. Tabú significó un montón personalmente, vino para sanar un montón de cosas a nivel familia, a nivel pareja. Fue un disco hermoso, pero ya quiero sacármelo de encima. Después de ese disco, me separé de una pareja de muchos años, y lo que me salvó fueron las minas, las mujeres".

Y sobre su inserción en el contexto de causas comunes junto a otras mujeres explica: "Nunca había participado de los encuentros de mujeres, siempre criticaba por qué no podían participar varones. Pero ahora me encuentro transitando estos lugares que son sumamente necesarios para empoderarnos. Porque no todas tienen quizás la fortaleza, el valor o lo que sea que una necesite para creérsela. El otro día me subí a tocar con Fito en Metropolitano y estaba tranquila porque sabía que iba a estar a la altura. Trabajé mucho en mi vida, estudié mucho. Y subí a cantar siete temas sin haberlos ensayado con la banda. Tener esa seguridad de saber que no la voy a pifiar es porque también lo he hecho muchas veces, por eso me da bronca cuando los músicos se equivocan en vivo. Hay que ser aplicados. La disciplina es el secreto para mí. Y creo que este tercer disco está marcado por esta contención que encontré en las mujeres. Entendí los espacios que tienen que ser ocupados por las mujeres. Lo veo en mi mamá, que se está juntando con mujeres de su edad y me cuenta lo necesario que es compartirse las experiencias, por contenerse. Y pienso también cómo el mundo ha sido manejado siempre por varones. Como mujeres sufrimos abusos todo el tiempo, cuando empezás a ver todo desde una perspectiva más feminista, no permitís más nada. Al menos yo no permito más nada. Cuando entrás al Facebook del Colectivo, y ves de qué va, te das cuenta que nos contenemos. Salimos todas como lobas a ayudarnos, tratando de no seguir reproduciendo estas cuestiones machistas que a nosotras mismas nos atraviesan como hijas del patriarcado. La gente le teme al feminismo. Yo venía siendo feminista de chiquita y no me daba cuenta, cuando le cuestionaba a mi mamá por qué a mi hermano le limpiaba la pieza y a mí no, por qué mi hermano podía traer un montón de novias y yo traje un novio, dos novios, y fue un quilombo... El feminismo no es lo contrario al machismo, el feminismo es la solución al machismo. Hay que seguir luchando”.

 


En vivo. Sábado 7 de julio, 22 hs, en clave acústica solista en Casa Kaya (Mitre 543), con Ayelén Prado y Rocío Waisfem de invitadas, también integrantes del Colectivo Mujeres Músicas Rosario. Domingo 8 de julio, a las 17.30 en Esquina SF (Oroño 701) actuará en dúo con Pablo Juárez, junto a quien reversionará obras propias en un show íntimo que tendrá registro audiovisual.

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