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POEMAS DE MARINA MAGGI

POETAS DEL PAÍS
13 de junio de 2018

 

El Retornante

Desátenme las manos, he tenido un sueño:
doblemente nacido, volaba sin el aire
y caer no era nada —no tuve jamás,
siquiera en la vigilia despreciable,
raíz aúrea, ascendencia—.

Devuélvanme mis ropas,
niéguenme que he vuelto,
sepúltenme en la sonrisa perfecta
del hijo mal soñado —alguna equivocación
premeditada o no ha de salvarme, ruego.

He dormido un milenio que no decía nada,
he puesto sobre mis ojos un velo incinerado.
Descansé un infinito de brevedad herida,
rompí los juramentos vegetales
y desnudé mi sangre para ya no ultrajarla:
soy tan sólo un espasmo, un gajo de la noche.

No me arrojen sin vendas en el alba;
los aromas son esto, un recuerdo robado,
cruces que llegan aullando del aire su nostalgia.

Sobre la mesa palpita la luz de la mañana
y lo he perdido todo, y soy ella
atravesando los campos, devuelta a la sustancia
sin alma.

Viértanme en el vacío, soñaré una dalia
esclava de los ojos que me vieron partir,
perfecto alguna vez, con mi nombre extirpado.

Rescatame sin verme, fantasma de mis huesos
prestigiados. Una textura rota
regresa del silencio.

La cruda canción de amor
se incendia en mi garganta.

 


Salvación Delicada 

¿Negarme a mí la rosa milenaria?
¿Situar la ausencia entre mis dedos fúnebres?

No soy un pájaro, ergo, no estoy herido:
calculen nuevamente el equinoccio.

Parte la tropa de los abandonados,
mienten la lluvia, estragos de noviembre.

Campos fantasmas, libélulas amantes,
no constataron el gélido presagio.

Sacos sin puerto, cascos martirizados,
penosa burocracia del parásito urgente.

Recóndito vivir, somnámbulo refugio:
qué tanto llanto, madre, no nos rige la nieve.

No siendo ya sirena, que el silencio te baste.
La sonrisa gitana delira ya su estrella.

Empañado cristal, dulce pureza incierta,
el misterioso vals del otro lado…

 


Lo que se quiere póstumo y no acaba 

No retorna en el sueño el fruto columbrado,
su gravidez sin tiempo no ha de salvar mi infancia.

Corrí, para alcanzar las manos ya perdidas,
destajando el paisaje del recuerdo purísimo
en una urgencia nívea de silencio asolado.

Han desaparecido los asiduos vástagos
ascendientes tal vez del hueso sin nostalgia
(pártanse en mí, quien no pronuncia el pan,
el ofuscado pétalo y el señuelo rampante).

Estirpe empobrecida nos legó la lumbre,
salvaguarda sonante de misterio herrumbrado.

Tu juventud, promesa mortecina,
aún mece tras mis ojos su antigua sed sin ansias.

Las llagas rutilantes de sus años, el beso sin final
deshecho junto a luces sollozantes,
la tierra que aún no cubre su rostro destrozado.

Día: jazmín no asido, pálido vasallaje.

 

 

Marina Maggi nació en Rosario de 1988. Es licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Rosario y cursa actualmente el Doctorado en Literatura y Estudios Críticos (U.N.R.). Es Ayudante Auxiliar de la Cátedra de Análisis del Texto de la Facultad de Humanidades y Artes e integra el Proyecto de Extensión “El lenguaje, ese desconocido” de la cátedra antes mencionada, articulado con la Biblioteca Popular “Alfonsina Storni”, institución en la que colabora desde 2012. Asistió a varios ciclos de lectura en bares. Participó del Encuentro de Poetas Jóvenes organizado por la Asociación de Poetas Argentinos en 2010 y 2015. Co-dirige la revista de poesía, blog y sello editorial El Imperio y la Libélula. Su primer libro "Toda belleza amante que colapsa" apareció en 2018 por Baltasara Editora, Rosario, Santa Fe.

 

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