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Poemas de Alfonsina Brión

POETAS DEL PAÍS
23 de julio de 2019

 

Melisa dice que en su casa estaban como esperando que Amstrong pise la luna.
Parece que Valeria lo vio como una niña.
Mi padre estaba fumando Chesterfield frente al televisor, aún con el hule puesto.
Los codos sobre el mantel indican impaciencia,
mi madre desviste la mesa ni bien se come
o acaso creemos que la comida no se mezcla con el televisor.
La familia está absorta, es Félix Baumgartner, un absoluto desconocido,
intentando imprimir un récord, o varios, de caída libre desde la estratósfera.
Llego en el preciso momento, o no sé, porque mi padre me dice, no falta nada, solo una hora
y mi hermana menor empieza con esos planteos, que si el tiempo es distinto en la estratósfera.
Así como mi padre siempre explica, enseña, por comunión, cuando miramos un partido: el defensor central es Pezzella y es de Bahía como el pelado Aguirre. Ahora se ve en la obligación de decir solo:
Esto es un hecho histórico.
Miramos la cápsula, el globo,
el cielo, los botones,
las estadísticas,
la puerta, las trenzas de la novia de Baumgartner,
el giro de la muerte,
la generosidad del anterior recordista, Joe Kittinger,
de colaborar con la nueva hazaña,
sus canas,
las canas de mi padre.
Su expresión de niño ansioso
como si estuviera viendo una pelea de Titanes en el Ring.
La familia que aplaude cuando el austríaco toca la tierra luego
de 30.068 m de caída.

 

 

Mi abuelo ha muerto hace unos años
sin embargo sigue vivo en Google Maps.
Se ve su pequeña camioneta roja
en el medio de la calle
en la puerta de su casa
apenas de salida.
De acuerdo al sol debe ser mediodía y estará yendo a comprar “menesteres”. Esa palabra para mi abuelo era, o es, si es que está vivo: leña, carne, frutas o verduras. La foto no muestra lo despacio que circula por la calle con 89 años, deduzco, no creo que la imagen sea más vieja. A lo último le daban el carnet por tres meses nomás y porque vivía o vive en Ascasubi, o en Google Maps. Ahí los autos andan a una velocidad que nadie percibe y los ancianos también pueden manejar.
El cordón de la vereda está impecable, mi abuela habrá salido a barrerlo
y a juntar la hojarasca. Pero no veo parvas de hojas o de bolsas
de polietileno negro en el frente, por lo tanto debe ser día de semana y ya pasaron los recolectores.
Ojalá sea miércoles a la tarde, quizás de 2009 así en un rato voy a su casa le doy un abrazo íntegro, le digo, que lindo tenés el jardín, te vi en una foto hoy y él se ríe, entiende, se ríe
y me ceba un mate amargo.

 

 

Murió tío Calito.
No queda ninguna foto suya en Google Maps.
Murió tío Calito el aviador y atleta
Madre dice que cuando andaba en tierra, corría, y ni bien podía, volaba.
Señora pseudoconocida que llora en el velorio
afirma con convicción que tío Calito se fue al cielo.

 

 

Va a quedar para siempre la gotera
de la cocina
mientras estudio, mientras pienso
en si mañana o pasado florece la dalia
que me pasó mi abuela
en forma de papa para que sembrara dedicada
cada primavera
y quitara por las heladas, de la tierra
al invierno siguiente.
En un principio llamé al plomero.
Le dije de la canilla vieja,
de la casa vieja.
De esta casa a la que van a tirar
en cuanto puedan hacer un edificio pomposo
con fachada pedante.
Pero por mientras vivo acá.
Mi padre murió en el verano
y esa gota que cae con precisión.
Viene a hacerme saber
que todas las cosas tienen un tiempo
como un metrónomo amateur
para mis pesares.

 

 

Alfonsina Brión (Mayor Buratovich, 1984) se formó en talleres literarios con Carolina Pellejero, Daniel García Helder y Marcelo Díaz. Formó parte del colectivo “Un vagón hermoso” (2000/2005), “revista Mini” (2003) y “Revista Rigoletto” (Bahía Blanca, 2009). Fue compiladora y correctora del libro 100, un libro de ramos generales (Mayor Buratovich, 2013). Su  poemario Papel Cebolla, salió en La Propia Cartonera (Montevideo, 2010), Martes dedo, en Malaletra (Bahía Blanca, 2014) y Vista Aérea y otros poemas enEdições Macondo (Juiz Da Fora, 2016, traducción al portugués de Anelise Freitas). Participó en la antología mundialista Brazuca 2014 (Niña Bonita, Zaragoza, 2014) e ilustró Sudáfrica (La propia Cartonera, Montevideo, 2010). Como tallerista, brindó talleres literarios para adultos; de arte y literatura para niños. En la actualidad cursa la carrera de Lengua y Literatura y da clases de Prácticas del Lenguaje en una escuela pública.

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