Liliana Ancalao

POETAS DEL PAIS
18 de mayo de 2013

Liliana Ancalao nació en Diadema Argentina, un campamento petrolero de Comodoro Rivadavia, Chubut, en 1961. “Mis antepasados andaban por este territorio que no tenía límites estatales como marcan hoy las fronteras de Argentina y Chile. Cuando la cordillera era un puente”, dice la poeta.

Es profesora en Letras, da clases en el nivel secundario y coordina talleres de Escritura. Durante varios años coordinó el ciclo de Arte Popular en los barrios, recitales de música y poesía. Junto a los trovadores de la región patagónica ha  difundido su poesía desde la oralidad.

Sus publicaciones son “Tejido con lana cruda”, una edición personal de 2001, reeditado en 2010 por El suri porfiado, y “Mujeres a la intemperie-pu zomo wekuntu mew” coeditado por Bajo los huesos y El suri porfiado, año 2009, reeditado por El suri porfiado en 2010. “El segundo libro es bilingüe, porque después de un recorrido hacia mis orígenes, un camino que hice acompañada de la comunidad Ñamkulawen pude aprender mi lengua materna, el Mapuzungun. Y pude traducir los poemas que escribo en castellano a mi lengua materna”.

Además ha participado de varias antologías: “Taller de escritores: Lenguas indígenas de América”, editado por la  universidad católica de Temuco, 1997  “La memoria iluminada, poesía mapuche contemporánea”, editado por la diputación de Málaga, 2007, que “llena de orgullo” a la escritora, y publica artículos en libros y revistas “que tienen  que ver con la contemporaneidad del pueblo mapuche”.
 

 las mujeres y la lluvia

cuando niñas vamos sueltas por el patio
y el sol nos persigue de a caballo
pero la luna implacable nos va dejando sus mareas
hasta que nos desvela
y esa noche  encontramos
un cántaro
en lugar de la cintura        

aprendices de machi las mujeres
nacemos así al rocío
listas para mirar los barcos que se pierden
descalzas a la neblina antes de que amanezca
nervaduras de lluvia nuestras manos
levantadas al cielo

te  salpicará el amor
parirás sin amarras
y recibirás con ojos arrasados
la visita intermitente de la risa
permanecerá la llovizna en tu vientre
porque no te atreverás a ser la madre
de todos los desamparos
que andan  por la calle

caudal desubicado te desarmará
en pájaros que no saben hablar
a borbotones no podrás decir
lo que quisieras
mejor dejarlo que se derrame despacio
decir
permiso tengo lluvia y alejarse
a una altura al mar al cielo
hasta que vuelvan a apretarse los musgos
en las profundidades

yo conozco mujeres que nunca se alejan
le abren la compuerta a sus gorriones
y lloran
enjuagan el trapo mojado  lo estrujan
limpian con él la tabla
pican cebollas
igual hacen las camas
barren la casa peinan a los chicos
igual lavan
dónde aprendieron

hay otras que se pasan la vida  domesticando
a sus pájaros
porque no quieren que irrumpan sin aviso
y los beba el enemigo
guardan su sangre su ausencia quietos en el fondo
y apuntan con palabras nítidas de cuarzo
que van a dar al blanco

yo a las palabras las pienso
y las rescato del moho que me enturbia
cada vez puedo salvar menos
y las protejo
son la leña prendida de atahualpa
que quisiera entregar a esas mujeres
las derramadas las que atajan sus pájaros

una vez en febrero yo estaba ahí
en el campo
y se llovía todo
parecía la furia de cai cai sobre nosotros
el agua estaba helada
las ancianas prosiguieron el ritual
y tuve que quedarme
hasta cuándo aguantaremos
pará la lluvia dios es demasiada
no la bebe la tierra se atraganta
y somos casi nada
trazos de tiza borrados por el agua

después de unos siglos el sol abrió las nubes
la voz gastada de meridiana epulef
levantó el taill  del cauelo

pensé que dios podía ser ese arco iris
o los caballos en fila
moro zaino pangaré tostado bayo
saludando al horizonte despejado

huele tan bien la tierra después del aguacero

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