Martina Sierra

“Vivir conteniendo sentimientos, y en el poema decir no, no contengo nada”

LITERATURA
19 de mayo de 2020

Martina Sierra es una de las presencias que han energizado al circuito poético joven de los últimos años en Rosario, a través de sus iniciativas, publicaciones y diversas participaciones, que van desde fanzines caseros, ediciones con amigxs y lecturas en pequeñas ferias autogestivas hasta los festivales de poesía. 

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Por Julia Enriquez.
Fotos por Giulia Antonelli.

Quiero describir un momento. Quizás dura poco pero seguramente les haya pasado. Vieron cuando no conocés a alguien pero te lo empezás a cruzar seguido por la ciudad. Puede ser por el parque, en algún reci, en una feria o lectura, por ciertas calles en particular. De tanto coincidir, empezás a pensar ¿nos saludamos? Ya está, nos saludamos. No es alguien que te hayan presentado, pero en algún momento creés que pasaron a conocerse. Pero no se conocen. O sí. En ese breve lapso de tiempo, en esa zona gris entre el conocerse y no, se da una familiaridad muy peculiar, una empatía especial. Vamos a llamarla “la familiaridad del circuito”. Una complicidad fugaz, tímida pero certera, que signa la pertenencia a algo común. “Algo común” que quizás no sea tan definible ni estable. Algo que se va armando y constantemente desarmando también (¿el célebre devenir?).

¿Por qué ‘circuito’? ‘Escena’ suena muy a escenificación, algo montado, o por lo menos centrado en la imagen o la visibilidad. ‘Circuito’ pone el énfasis en la actividad de un conjunto (abierto, inestable) de sujetxs, proyectos y espacios en diálogo, a veces en teléfono descompuesto, compartiendo durante un tiempo algunas cualidades, afectivas, estéticas, compartiendo goces. Quizás un circuito se empieza a ver más claro cuando ya todo terminó. Cada encuentro, por más efímero o poco concurrido o poco difundido que haya sido, es significativo para dar vida a un circuito. Como si hubiera algunas personas que empiezan a ser tus amigxs incluso antes de que vos sepas que existen. Como si hubiera un lugar donde te esperan, donde tendrás un grato recibimiento, aunque no sepas bien cómo hiciste para llegar.

“¿Cuántas veces hay que saludar a alguien para que se transforme en tu amigo?” sintetiza un verso de la poeta Martina Sierra. Ella es una de las presencias que han energizado al circuito poético joven de los últimos años en Rosario, a través de sus iniciativas, publicaciones y diversas participaciones, que van desde fanzines caseros, ediciones con amigxs, lecturas en pequeñas ferias autogestivas y también en la sala grande del Festival Internacional de Poesía de Rosario. Fue una de las poetas que jugó de local en lo que fue la primera Residencia de este Festival, en 2017, experiencia que reunió a veinte jóvenes provenientes de distintos rincones del país y también de Bolivia, Brasil, Chile, Perú y Uruguay. Más allá de esta creciente actividad, en distintos encuentros y también en varios textos, Martina comenta que pasa la mayoría del tiempo sola: “llevo en mi espalda el equivalente a mi peso en soledad / estoy bien así / le digo a los demás / estoy bien así / me digo a mí / soy / soledad programada”. Será acaso por la familiaridad del circuito, pero yo enhorabuena me la cruzo seguido. Quizás le adjudico la pertenencia a un circuito de poesía joven y ella no ve eso necesariamente. Sería entendible que no lo viera, porque es difícil pensarse a unx mismx, o porque simplemente no lo cree así, o quizás el problema sean ciertas etiquetas... pero eso queda para otra discusión.

Martina se mudó a Rosario después de terminar la secundaria, para estudiar en la facultad. Creció en Bragado pero nació en Pergamino, en 1994. Este tránsito por distintas localidades desde su infancia realza la pregunta ¿qué es la pertenencia? “Desde que empecé a hacer cosas como ir a ver bandas, o conocer todo el mundo de la poesía, de ir a lugares y sentirme cómoda en esos lugares, desde ahí, empecé a sentir pertenecer a Rosario”, comenta con candidez. Al conversar o escribir, Martina suele hacer elogio de la sensación de plenitud que le dan algunos rincones anónimos de su ciudad por adopción, por devoción: el río una tarde cualquiera, ir pensando versos andando en bici, como si el movimiento de las ruedas imprimiera el ritmo del poema.

A su actividad poética se le ha sumado un interés, o más bien, una dedicación cada vez más ávida al ecologismo y sus múltiples causas, con toda la complejidad que presuponen. Dos formas de preservar la ciudad que habitás: escribirla y cuidar su ecosistema. Martina sigue leyendo, informándose e investigando de forma autodidacta; también se ha sumado a una ONG local de bici-activismo llamada Rosario en Bici. Profundizando en estos temas, se ha topado también con el urbanismo, entusiasmándose sobre todo con algunas ideas de la crítica feminista Vivian Gornick. “No tenía esa visión de la ciudad, no como algo estático sino como un ser vivo más que se puede planificar, repensar, y que tiene que estar al servicio de las personas que viven en ella. Siempre me gustaron las ciudades grandes, y la sensación de ciudad, habría que ver qué es la sensación de ciudad...”.

Es difícil definir qué es pertenecer, cómo pertenecemos, o si acaso tiene algún sentido constructivo pertenecer. A veces ‘la pertenencia’ es una etiqueta indeseada que proviene del afuera. Lo complicado, pero deseable, sería hallar el propio camino al mismo tiempo que erigimos pequeños oasis de empatías y goces compartidos. Martina recuerda una de las primeras veces que encontró indicios de la existencia de esos pequeños oasis: “Una vez, habrá sido 2015 o 2016, fui a Club Editorial [Río Paraná], que estaba ahí en la galería [Dominicis de Catamarca y Corrientes], no conocía a nadie, pero sí, ahora me acuerdo que estaba Ana [Wandzik] atendiendo, y yo entré y fui directamente donde había fanzines, y no sé, agarré y me llevé un montón, como veinte. Para mí era re raro. Eso también significa Rosario: ver o conocer las cosas en internet, y poder verlas también en la vida. Ayer estaba ordenando la biblioteca... Ahí me había comprado fanzines de Tuti Curani, de Antolín, y era re raro: algo que lo veía en internet y tenerlo, porque no sé, no pasaba mucho”.

Ver internet en la vida, ver la vida en internet; los límites se hicieron difusos hace rato. “Hay como una poesía de tumblr medio que no es poesía, sino como niña adolescente de ‘ay por qué soy así’, eso también se te re pega un poco —comenta Martina entre risas—, es una cosa muy catártica. Por ahí no es gente que se autodenomina poeta, es un espacio así más diario íntimo”. Seguramente, para la poesía, cuanto menos autodenominación haya, mejor. A la poesía no se la define, se la reconoce, decía un viejo tigre; no definamos qué es poesía, no paremos a preguntarnos si es. Escribamos.

Martina trata de recordar un poco más atrás, ¿cuándo empezaste a escribir?, o para seguir con el hilo de la pregunta por la pertenencia, ¿cuándo empezaste a sentir que la escritura te pertenecía? “Cuando sentí que era algo que podía hacer yo..., cuando vi que había personas como yo que también escribían...”. Después de pensarlo un poco más, la poeta sentencia: “Esto que quede literal: escribo para mí y para que la gente que siente lo mismo que yo..., me gustaría que lo lea y se sienta identificada, porque a mí me gusta leer y sentirme identificada. Como eso de vivir conteniendo sentimientos, y en el poema decir no, no contengo nada. Escribo para sacarme las cosas de adentro, me transmite mucha paz, todo lo que he sentido está en mis poemas, ya no lo tengo yo”.

Siente un vértigo amable cuando un desconocido le deja un mensaje en su blog diciéndole que se identificó con un texto. “Con internet me pasa a veces que por ahí escribí algo súper específico, cero universal, y que alguien lo rebloguee, que lo comparta también en su blog... me re sorprende. Es algo que pienso mucho, sobre a quién le escribo, y yo creo que, no sé, le escribo a un imaginario que tengo en la cabeza, una idea que tengo... Había algo que escribí la otra vez: ‘Escribiendoté te hice desaparecer’. Una escribe tanto, escribe tanto, que ya se te desdibujó la persona a la que le estabas escribiendo, empezás a escribir y escribir, y te creás un personaje en la cabeza, y ya está, la idea inicial por ahí fue ese momento que existió, pero una ya después se va...”.

Como probablemente les suceda a muchxs poetas, todos esos arranques de escritura quedan desperdigados en blogs, borradores, redes sociales, notas del celular, papeles sueltos, distintos cuadernos. Martina dice que tumblr es más bien “un cuaderno virtual”. Para organizar un poco todo ese material y ponerlo literalmente sobre la mesa, entre 2017 y 2018 trabajó sus textos en un taller grupal y una clínica individual con Daiana Henderson, escritora y editora entrerriana radicada en Rosario. A fines de 2018, en una seguidilla explosiva, Martina editó tres fanzines en prácticamente el mismo mes. Se había anotado en la convocatoria para participar en una feria asegurando que tenía tres fanzines y en realidad solo tenía uno, así que cuando confirmaron su participación, no quedó otra que armar más. “Soledad Programada”, “Pellegrini y Mitre”, “El año que no existimos”, tres series sobre el desencuentro entre personas que siempre se cruzan en esta gran ciudad que a veces se siente demasiado angosta: “espero no te asustes / ahora que conocés / mi afición a la poesía / ¿sabés lo que es un poema? / hice que escribieras uno / cuando dijiste en el chat / ‘viste que hay gente / que se encuentra todo el tiempo / es re loco pero pasa / jaja’”

Los poemas de Martina mantienen fresca cierta digitalidad de origen: en los zines se entremezclan capturas de pantalla, nombres pixelados o blureados, el bloc de notas como espacio de inscripción por excelencia, “en el escritorio / de mi computadora / hay una carpeta / que contiene / todos los archivos / que hablan sobre vos, / pesa 325 MB”. A esta trilogía de autoediciones se le sumó casi de inmediato “Hola Mundo” publicado por el sello rosarino Menta Zines. La soledad se mantiene como fiel compañera: “hoy fuimos con Soledad a la plaza / leímos un libro, comimos facturas y sacamos fotos / me entristece un poco ser la única que la lleva a pasear seguido / no es que quiera alejarme de Soledad / quiero que el mundo la aleje de mí // sé que algún día sucederá pero ¿cuánto falta mundo? no te enojes soledad no te odio es que a veces me canso de pasar tanto tiempo juntas // ¿no te estás viendo con nadie? // es mentira que cuando te amás alguien te ama”.

Un verso llega tan urgente que no nos da mucho tiempo. Hay que anotar, rápido, donde sea. Martina se maneja con agilidad en esa inmediatez de la escritura, ya sea andando por la ciudad o bailando en un recital. “A veces siento que es súper pretencioso estar ahí rodeada de toda la gente y yo flasheando que escribo. Hay algunas cosas que he escrito que obviamente quedan en la nada... Pero siempre los recitales es como un momento que me pasan un montón de cosas a la vez. Por ejemplo, el [texto] de Perro Fantasma lo escribí todo en el momento y era un jeroglífico, no se entendía nada, porque escribí muy rápido. Después agregué un par de cosas, casi nada, lo acomodé para que se entendiera la idea que quería transmitir, pero fue ahí en el momento... Y estaba pensando en el otro que escribí sobre El robot bajo el agua, escribí ideas sueltas, las fui teniendo en la cabeza y anoté en el celular para no olvidarme”. Hace mención a dos textos tributo a bandas que le encantan y que escuchó en vivo en el último año; textos que emergen en el fervor de esas melodías, entre miradas que se cruzan y se esquivan. Para Martina, de cierta manera, los recitales son las misas paganas contemporáneas: “ese nene con el globo de luces somos todos / chau río chau peces / parto antes que todo termine / como cuando el cura al finalizar la misa decía pueden ir en paz / después de ver el robot bajo el agua / nos podemos morir en paz”.

En esos textos tributo a las bandas que la encienden, a esos recitales ritualísticos, Martina no solo saca a relucir fascinaciones sino también tensiones. Una vez más, el problema de la pertenencia. “Viste cómo me hice amiga de personas increíbles de este mundillo que al principio parecía tuyo pero ahora también es mío”, dice en “Nosotros Ending”, título que alude a una canción de la banda Perro Fantasma, integrada por Pauline Fondevila y Federico Colombo. En otra línea del mismo texto, Martina inocentemente deja deslizar lo que al menos yo vislumbro como una máxima que resume la paradoja inherente al circuito indie: “Sí voy a entrar a este saloncito donde a las bandas se las escucha y no se las ve porque nunca hay suficiente espacio para tan poca gente”. El indie es ese lugar donde nunca hay suficiente espacio para tan poca gente; nunca parece haber suficientes espacios para tocar, leer, hacer ferias, y eso que somos pocxs, parece, no se trata de ninguna masividad. La apuesta está en hacerse escuchar; no en llegar a ser conocidxs, sino en llegar a conocernos, aunque podamos seguir siendo pocxs. Nunca parece haber suficiente espacio para que crezcan los pequeños circuitos, los autogestivos, siempre hay que estar ganando terreno, eso incluye reclamar para que la municipalidad no corte los recitales a la mitad de la noche. Nunca hay suficiente espacio para tan poca gente: debemos hacer más espacio nosotrxs mismxs, ensanchar el territorio o electrificar el circuito con cada encuentro, conversación, cooperación o trueque, tu fanzine por mi fanzine, o simplemente acercarse y decir ‘me encantó lo que leíste’.

En otra iniciativa por hacer más espacio para aquellxs en busca de lírica compañía, en los primerísimos días de la famosa cuarentena, Martina ofreció una lectura desde su pieza. Género ‘bedroom pop poetry’, se podría decir. Ella pensó que “sería media hora hablando sola hasta que seamos tres”, pero llegamos a ser unas treinta personas (gran convocatoria en cualquier lectura de poesía, presencial o virtual) que nos quedamos a solas con ella, soledades programadas en total conexión. Martina leyó sus propios textos y también algunos ajenos, esos que se encuentran en los fanzines que atesora hace años. El formato vía instagram y la escenografía íntima le sentaban muy bien. De hecho, ella lo disfrutó mucho: “Me sentí re bien durante, y después. Estaba muy contenta de cómo había salido porque no esperaba ni sentirme así tan bien, ni que haya salido bien. No tenía muchas expectativas y bueno, ¡una siempre que no tiene expectativas sale todo bien...! Comparándola con una lectura presencial, creo que me gustó más esta en instagram, aguante lo online —confiesa entre risas—. Me gustaba que había un feedback más constante. En una lectura presencial, salvo por los aplausos, una nunca sabe qué le está pasando al otro, y ahí no sé, los corazoncitos de ahí al lado que van volando, que me encantan... o cosas que escribían, eso estaba buenísimo”.

Afortunadamente no sería la primera ni la última vez que la poesía motiva a alguien a vencer su timidez, a apropiarse de su voz, a hacerla valer, y embarcarse en la feliz deriva de la escritura. Martina todavía se considera tímida, si bien su actividad parece señalar lo contrario: “Me acuerdo una vez que ya había leído un par de veces en público y en la facultad me tocó dar una lección, y estaba como: si ya leí mis poemas, puedo hacer cualquier cosa. Me pongo re nerviosa dos minutos antes o cuando estoy yendo al lugar. No parece, pero lo disfruto —asegura otra vez entre risas—. Me considero de perfil bajo, porque me sale así... Siempre en las películas o en las series, nunca me siento identificada con la protagonista, siempre con la amiga de la protagonista, o con los chicos no populares, a los que les hacen bullying. Si voy a un lugar y me saludan más de dos personas, siento que es un montón”.

Quizás ella siga siendo una chica tímida que nos cruzamos en recitales, pero ojalá tengan la oportunidad de escucharla leer en vivo. La tierna y sincera ansiedad que comanda sus lecturas la convierten en una presencia entrañable con solo un par de poemas. Tal vez ella no sea consciente de ese poder, pero vale decir que la palabra ‘pudor’ está muy cerca de la palabra ‘poder’: “La timidez sigue estando... Creo que soy bastante tímida. Pero yo nunca hubiera pensado a todos los escenarios que me subí, por así decirlo, todas las veces que leí en público, mi yo del pasado no se lo imaginaba, o estaría contenta también”.

 

 

Más textos de Martina Sierra:

www.soledadprogramada.blogspot.com
www.soledadprogramada.tumblr.com
www.instagram.com/elplanetademar

 

 

cómo hago ahora para absorber toda la sensibilidad que puede caber en un cantante sólo con mis ojos, mis oídos y lo que la memoria del celular me permita
sanar todas las veces que escuché su voz estando triste en un segundo
y no dijiste nada te quedaste en silencio y te lo agradezco
ay mi amor mirá si yo me voy a hacer problema por eso
el vestido me lo saco yo
desprendo
botón por botón
con tu mirada me alcanza
para hacerme una
idea de lo que podría haber pasado si
ESTOY
si hay alguien grabando con una filmadora digital me encuentro en el lugar correcto
quienes estamos hoy acá
somos las personas verdaderas
y quienes valen
la pena
ese nene con el globo de luces somos todos
chau río chau peces
parto antes que todo termine
como cuando el cura al finalizar la misa decía pueden ir en paz
después de ver el robot bajo el agua
nos podemos morir en paz

 

 

 

desde que tengo más miedo a vomitar que a que no me ames


¿me conoces?
yo soy feliz, ¿y vos quién sos?
¿me extrañás?
sería bastante imposible si ni siquiera me mirás
siempre podremos ser amigos dijiste una vez
ésta es tu última oportunidad
la desperdiciaste
ésta es tu última oportunidad
la desperdiciaste
ésta es tu última oportunidad
la desperdiciaste
ésta es tu última oportunidad
la desperdiciaste
¿qué preferís, te saludo o tengo sentimientos?
mejor ninguna de las dos
¿no era que no te gustaban las parejas de artistas?
el fanzine que te hice seguirá por siempre en mi repisa
la manteca de cacao que quería que tuvieras la estoy por terminar
la campera que pensaba regalarte
ahora la uso yo
qué triste
podríamos haber bailado juntos pero me dejaste brillar sola
gracias

 

 


no se nota pero de la única persona de la que estoy enamorada es de mí


¿ese mí va con tilde?


 

 

2019


voy a mirar el calendario y aprendérmelo de memoria
los principios de año me dan miedo
vacié la papelera de reciclaje y me siento mejor
scrollear es mi vida
el premio es lograr lo que querías
una ong de besos
todo lo que sé de historia europea lo aprendí del tenis
la señora pregunta ¿hasta dónde me lleva chofer?
el chofer le responde ¿hasta dónde va señora?
ante todo la mejor
si el dolor se va, el amor también
las chicas atrás mío hablan sobre cerrar boliches
ya no espero ser comprendida
paren que me da vergüenza
vos intentás pensarlos pero quedan mal
no la odio es información
todos los likes van al cielo
¿cuánto tiempo tienen que doler las cosas antes de preocuparnos?
quiero llorar porque no tengo internet
¿cómo querés que hagamos?
yo me quiero quedar acá esperando a que no pase nada
viajar es olvidarse cosas
esta es mi casa
situación hormonal compleja
yo siento que vos siempre me criticás
nunca no estoy no queriendo ir a lugares
saqué una selfie grupal
todo lo que surfear me enseñó sobre la vida

 

 

 

trash is for tossers


quisiera dejar de comer galletitas y así nunca más tirar a la basura paquetes de galletitas
lo mismo con toda la comida procesada que tanto amo
vivir la vida del campo en un departamento en la ciudad
cocinar con verduras que no compré en la gallega donde te dan esas bolsas horribles que me da cosa usar para tirar la basura porque son transparentes
compostar los restos de esas verduras
ir a la heladería con un tupper
comprar sólo ropa usada y poca
animarme a probar la copa menstrual
usar productos de cosmética natural
que la industria esté poco presente en todo lo que consumo excepto mi computadora y mi celular
amo ser la generación hija de la transición de lo analógico al internet de las cosas
ese término para decir que el lavarropas está conectado al wifi
pero a veces creo pertenecer al pasado donde todos los envases que los rodeaban era reutilizables
un sueño hecho realidad
igual
me tranquiliza saber que
progresivamente estamos retrocediendo en el tiempo
volvieron los canastos para ir al supermercado
los pañales de tela
en el 2049 los autos no van a volar
la bicicleta es el transporte de futuro
junto con los monopatines para adultos
el almacenero me dijo que no cambia nada con que yo me lleve lo que compré en una bolsa de tela
pero
no quiero pertenecer al futuro del plástico de las cosas

 

 

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