Fulgentius de Cesar Aira

Romanos de historieta o cómo mitigar la melancolía

LITERATURA
12 de julio de 2020

Por Marcelo Bonini

Quién sabe qué número de libro es Fulgentius (Mondadori, 2020), la nueva novela de César Aira. Se ha dicho tanto y tantas veces acerca de cómo Aira escribe y publica de modo prolífico que ya es un hecho de la naturaleza del campo literario argentino. Un hecho tan natural como el paso de las estaciones o que amanezca y anochezca cada día. Pero, como la naturaleza, Aira produce, cada cierto tiempo, alguna especie o variación nueva: la novela protagonizada por el general romano Fabius Exelsus Fulgentius es, hasta ahora, —2020—, el último hecho del ecosistema Aira.

En Fulgentius parece que no ocurre nada, al menos en comparación a otras narraciones del autor como Dante y Reina o La princesa primavera, de carácter más delirante, de peripecia constante y trama acelerada. Arriesguemos algunos adjetivos, a veces pobres pero útiles: Fulgentius tiene un tono sosegado, reflexivo y melancólico. Sería injusto condenar totalmente a Fulgentius como una obra más moderada por el hecho de que Aira la escribió a una edad cercana a la del protagonista, es decir, 67 años.

Pero el hecho está aquí, frente a nosotros: las escasas —¿o directamente nulas?— peripecias y obstáculos que le suceden al general Fulgentius y a su tropa mientras cumplen la misión de pacificar la región de Panonia —los actuales Balcanes— son puestas en suspenso por las variadas reflexiones y pensamientos del protagonista. Es más: lo central de Fulgentius son las ideas, que oscilan entre lo abstracto y lo concreto, y dejan paso al argumento; ideas, claro está, que han surgido por medio de la escritura y no la anteceden como un molde rígido, como “un sermón”, en palabras del autor. La apuesta de la obra de Aira se afinca en la ficción “como arte”, según dice él mismo. Argumento y ficción equivalen aquí a invención. Lejos está el autor de Ema, la cautiva de alguna forma de realismo inmediato cuyo tema sea de agenda. Incluso, lejos está Aira de otro “tema” que no sea la literatura, la cual, a la vez, puede no solo contenerlos todos sino también inventarlos.

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Sin lugar a dudas hay un argumento en Fulgentius. Pero, además de la misión de pacificar la Panonia, Fulgentius tiene otra, más interna, impulsada por su propio deseo y no por la institución castrense del Imperio. A los doce años, el futuro general Fulgentius escribió una tragedia, cuyo protagonista y título coinciden con el nombre del libro que estamos leyendo. Es decir, tenemos varios Fulgentius: la novela de Aira, el protagonista de esta que es el autor de una tragedia —con tonos paródicos, según se dice— protagonizada por él mismo, quien muere al final.

El general de la novela que tenemos entre las manos o brillando en un e-reader quiere ver representada una y otra vez la obra que escribió en su pubertad. El viaje a Panonia funciona como una excusa para visitar diversas regiones del Imperio Romano e ir poniendo en escena su obra. Y hay que decirlo: su única obra, ya que Fulgentius es un dramaturgo de una sola obra, singular y escrita casi por azar a los doce años, casi al dictado de una voz, dejándose llevar por el ritmo y las palabras, o sea, por la escritura.

En este decorado romano —alejado de la novela histórica y muchísimo más cerca del de los galos de historieta Ásterix y Óbelix—, las reflexiones de Fulgentius van y vienen sobre su vida y sobre los problemas artísticos de su única creación. Se considera, además, un gran dramaturgo, a quien poco le importan las críticas y acaso el público. Sí está preocupado por cómo las actrices y los actores dirán sus textos y se moverán en escena, debido al intenso placer que le brinda ver y oír representada su obra. Como cuando somos niños, Fulgentius encuentra placer en la repetición de un mismo relato.

Pero Fulgentius no consiste en un ejercicio solipsista de un hombre y su obra. Por la novela también desfilan, entre otros personajes, Lactarius, el segundo al mando del general, cuyo relación se torna por momentos cómica; la esposa de Fulgentius, Némesis, a quien le envía una reveladora carta; Máximus, un criminal (se dedica a falsificar) a quien apresan y con el cual Fulgentius entablará un vínculo a partir de los insospechados saberes que porta aquel.

Ambiente, tiempo y personajes: con esta materia prima se construye una novela, género que Aira desborda e infringe desde 1975. En Fulgentius hay un uso en primer plano de uno de los procedimientos elementales de la narrativa: la descripción. De una verbalidad que supera lo pictórico, las descripciones nos ponen en sintonía con un mundo siempre vivo y sorprendente, no exento de cierta melancolía, es decir, de la melancolía del punto de vista del narrador. El paso del tiempo es aquí casi equivalente a la melancolía. Las digresiones y desplazamientos constantes quizá quieran mitigar esa doble condición, mediante la repetición de una misma obra y la felicidad de un instante, ya sea en medio del Imperio Romano o nuestra contemporaneidad.

 

 

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