El vuelo magnífico de la noche

Patricio Pron, la revista Ciudad Gótica y la literatura de Rosario en los ’90

LITERATURA
14 de noviembre de 2023

*Por Federico Ferroggiaro
Fotos Guillermo Turín Botello

 

En el marco de la primera experiencia de la Semana de Autor, iniciativa que se realiza periódicamente en instituciones a lo largo de todo el mundo, organizada localmente por el Plan Ciudadano de Lectura Rosario Lee, que tuvo como invitado estelar al escritor Patricio Pron (Rosario en 1975), la lluviosa tarde del 10 de noviembre, en el Centro Cultural Parque de España, conversamos con Sergio Gioacchini ─primer motor de la revista Ciudad Gótica y referente de la editorial homónima─  y con el escritor homenajeado sobre los orígenes de la publicación y la escena cultural de la ciudad en aquella época.

La actividad titulada “El vuelo magnífico de la noche” cerraba una variada agenda que había llevado a Patricio Pron a encontrarse con sus lectores locales en bares, librerías y bibliotecas durante toda la semana. Su obra, que incluye novela, cuento, ensayo y crítica literaria, ha sido traducida a una docena de idiomas y galardonada con numerosos premios: desde Formas de morir (1998), y Nadadores muertos (2001), hasta Mañana tendremos otros nombres, ganadora del Premio Alfaguara en 2019 y La naturaleza secreta de las cosas de este mundo (2023).

De alguna manera, se trataba de proponer un viaje en el tiempo que implicaba retroceder treinta almanaques. Volver a la Rosario de los primeros noventa, cuando comenzaban a surgir emprendimientos culturales y literarios tanto desde el Estado (la Editorial Municipal, el Festival de Poesía) como desde la iniciativa de los particulares (las editoriales Beatriz Viterbo y Bajo la luna). Vale recordar que en ese contexto Ciudad Gótica publicó su primer número, en agosto de 1993 y, con diversas interrupciones, sacó a la calle 31 números hasta 2005, a los que añadió, en junio de 2015, una última publicación.

(De izquierda a derecha, Patricio Pron, Federico Ferroggiaro y Sergio Gioacchini)

Con evidentes y sustanciales cambios —de formato, de calidad, en los epígrafes, en los integrantes del staff y en los escritores incluidos en sus páginas— entre los ejemplares inaugurales y los que cierran su ciclo, la revista fue una y muchas a la vez, reflejo de las búsquedas, de las adaptaciones, del impulso voluntarioso de dar a conocer aquello que los artistas hacían en Rosario, al principio, y de ser una revista “seria” de literatura, después.

En la apertura del evento, tras una breve presentación a mi cargo, Sergio Gioacchini repuso la leyenda de origen del grupo que comenzó con Ciudad Gótica. La bienal de Arte Joven 92, los artistas que habían sido premiados convocados por Beatriz Vignoli a leer, a leerse, a conocerse en un par de reuniones celebradas en el bar Savoy. Allí se pergeñó la revista y empezó la aventura. Del cálido relato de Gioacchini fue surgiendo la imagen del voluntarismo, del empuje inicial de aquellos jóvenes de entre 17 y 29 años ─Patricio y Sergio son los extremos opuestos de esta línea etaria─ que ponían en marcha una revista porque no existían en Rosario otras posibilidades de publicar y dar a conocer lo que estaban escribiendo. Sergio traía la experiencia de otras revistas que había impulsado, aportaba la “madurez”, los conocimientos de Corel Draw ─especificó Patricio─ y su casa, el espacio donde se improvisó la artesanal redacción de Ciudad Gótica.

De los posibles relatos de iniciación –más que en la escritura, en la faceta “social” de la literatura como práctica territorializada─, Pron eligió recuperar las vivencias de entonces; primero, deteniéndose en la fascinación adolescente de sentirse integrado, parte de una comunidad de pares, deteniéndose, luego, en los detalles materiales del armado de la revista: los papeles, su textura, su peso, sus olores, el ejercicio casi escolar de componer, de darle forma, recortando y pegando relatos, ilustraciones y poemas, a cada página. Aunque sus palabras denotaban una emoción casi física, Pron desestimó sentirse nostálgico.  

Al avanzar el diálogo, fueron evocados los bares donde se realizaban las lecturas y las fiestas en las que se consumaba la comunión entre las bandas que tocaban sus temas, los artistas que exponían sus obras y los escritores que leían frente a un público aquellos textos que antes carecían de receptores. Aquel era, de alguna forma, el espíritu pionero y “fundador” de Ciudad Gótica. Sentado en la primera fila, el Polaco Abramowski, parte del grupo inicial de la revista y cantante de “El regreso del Coelacanto”, bajo su barba sonreía con serena aprobación, quizás cansado por la semana, o tal vez, con la satisfacción de escuchar una historia que también hablaba de su pasado. “No fuimos una formación cultural en el sentido que le da Raymond Williams”, señaló un teórico Pron para evitar confusiones y absurdas mistificaciones.

Lo cierto es que Ciudad Gótica fue la pista de despegue, el bautismo de publicación de una gran cantidad de jóvenes que, por primera vez, veían un relato o un poema propio impreso en letras de molde. Muchos de ellos siguieron escribiendo: Javier Núñez, Reynaldo Sietecase, Irina Garbatzky, Norman Petrich, Gustavo Reyes…; otros, también, se animaron a inaugurar sus propios ciclos de lectura o a editar nuevas revistas: Viajeros del Underwood, a cargo de Pablo Crash Solomonoff y Diego G. Martínez ─ambos, miembros del grupo fundador de Ciudad Gótica─ o Los lanzallamas, de Abelardo Núñez; y, al fin, tantos más se habrán dedicado a actividades no artísticas, a estudiar contabilidad o a abrir una inmobiliaria.

Los relatos se iban complementando. Los narradores orales buscaban coincidencias y cuando pisaban el terreno del desacuerdo o de los conflictos olvidados ─la decisión, por ejemplo, de sumar a la revista a escritores de prestigio o con trayectoria: Angélica Gorodischer, Alberto Lagunas, Aldo Oliva, Francisco y Elvio Gandolfo, Eduardo D’Anna, Jorge Isaías y la lista sigue─ sobraba alegar los motivos de antaño o justificar en retrospectiva a quien había dispuesto hacer convivir a “los nuevos” con “los consagrados”. Sin embargo, en esa búsqueda de legitimidad, del reconocimiento de los “mayores”, se definió una de las transformaciones clave de la revista. Para Gioacchini, allí se jugaba el crecimiento en visibilidad, en lectores, en ventas y en proyección hacia afuera de las fronteras regionales. Para Pron, en cambio, se mezclaban las cosas, se tomaba un pedregoso desvío de las motivaciones y el programa implícito que le había dado forma a Ciudad Gótica.   

“Aunque hubiera discusiones, siento que nunca se perdió el afecto ni el respeto”, aclaró Pron, quien, sin renunciar al rigor, siempre quiso resaltar los aspectos valiosos y positivos de aquel tiempo. Incluso, planteó que Gioacchini se hacía cargo del “cuerpo” de la revista ─al que había que alimentar-financiar para poder mantener con vida─ y que el “espíritu” flotaba por allí, apoderándose de unos y otros, en la lucha por sostener una idea en común sobre la literatura y en la ciega convicción de los verdaderos escritores de defender su obra.

Sergio prosiguió resumiendo la continuidad de la revista y de la editorial luego de que Patricio pasara a otros proyectos, a desarrollar su carrera de escritor. Para entonces, a finales del siglo, la ciudad ya era otra. Del público, alrededor de treinta personas, llegaron los comentarios y las preguntas. Un diálogo en el que quedaba en claro que Ciudad Gótica no había reemplazado ni destronado a nadie: que había sido, en los noventa, una propuesta artística nueva en Rosario.   

Volvimos al presente. A este presente amenazado por un retorno a lo peor de los noventa. Tras los aplausos y los abrazos, las copas de vino en el hall del túnel. Pron recibió libros de regalo y el afecto de sus lectores y de las esmeradas organizadoras del evento. La Semana de Autor llegaba a su fin; aterrizábamos después compartir ese vuelo magnífico de la noche.

 

 

 

*Federico Ferroggiaro (Rosario, 1976). Es Profesor de letras y docente de la cátedra de Literatura Italiana de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR). Entre sus títulos publicados se encuentran: El pintor de delirios (EMR, 2009), Cuentos que soñaron con tapas (El Ombú Bonsai, 2011), Tetris (UNR Editora, 2016), El lugar de la apariencia (Editorial UV, 2022) y El miedo vino después (UNR, 2022).

 

 

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