Late un corazón, de I Acevedo

Nueve cuentos de autocreación

LITERATURA
26 de octubre de 2019

Libro: Late un corazón de I Acevedo. Texto: Lee el comentario de Marcelo Bonini. Audio: Escuchá la columna en la radio de Bernardo Orge, Marcelo Bonini y Bernardo Maison. 

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Hace algunos meses, Netflix comenzó a distribuir un documental dirigido por Martin Scorsese (Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story), uno de cuyos temas es la gira del cantautor entre el 75 y el 76. Allí, Dylan afirma: “La vida no se trata de encontrarte a vos mismo, sino de crearte a vos mismo”. Es decir, no existe nada dado de antemano, no hay ningún estado previo e ideal al cual regresar, sino que a todxs nos toca emprender una labor de autocreación desde el presente hacia el futuro. En un universo similar se mueve Late un corazón, de I Acevedo, un libro que acompaña el proceso de su autor al asumirse no binarie, titulado así a partir la letra del tango “Al compás del corazón” escrita por Homero Expósito. Como en el tango, por momentos el tono del libro es de melancolía, pero a la vez, y a diferencia del tango, el sentimentalismo da paso al entusiasmo, a un misterioso impulso que lanza al protagonista hacia adelante, en busca de un nuevo amor. Y un nuevo amor es, por supuesto, una persona más a quien amar, pero también, y quizás más todavía, una nueva idea del amor, la búsqueda de una nueva manera de amar.

Por añadidura, con total naturalidad y sin pretensiones ni afectación, esta búsqueda de una nueva forma de vivir y amar deriva en una nueva forma literaria, una forma que nace de la diferencia, de ver el mundo de otra manera. ¿No es este el fin último de la literatura moderna que más nos gusta y nos conmueve? Inventar una nueva forma de escribir porque tu visión del mundo cambió, pero teniendo presente que —y acá reside la parte moderna del asunto— en parte fue la propia literatura la que permitió que tu visión del mundo cambie, la que te salvó del mundo como era.

¿Libro de cuentos? Tal vez, si seguimos el nombre que el autor le da a los nueve textos que conforman este nuevo libro. Pero en este noneto no hay teoría del iceberg (Hemingway) ni se cuentan dos historias, una visible y otra secreta (Piglia). La convención canónica del cuento supone una serie de modelos y restricciones formales: entre otros, es fácil enumerar a Poe, Maupassant, Silvina Ocampo, Chejov, Quiroga, Raymond Carver y Flannery O’Connor, quienes han quedado en la historia del relato

breve por, a la vez, haber acatado y torsionado las reglas del género. Una cansina cantidad de otros libros, incluso algunos recientes, prueban el formidable dominio de estas figuras en el ámbito del cuento. No hay modelos inmediatamente identificables en I Acevedo: los que existen son adoptados de forma completamente singular o son más recientes y, por lo tanto, su lectura no fue todavía clausurada por el lugar común —Levrero, Uhart—.

Difícilmente se puedan leer estos relatos de modo autónomo. Se trata, en todo caso, de una serie de temas, percepciones y voces que se van repitiendo, con diferentes modulaciones e inflexiones. Cada cuento se hermana y, hasta cierto punto, se completa con la presencia de los demás. Si bien el yo sostiene e impulsa todas las piezas, también se oye una incipiente voz coral. “El yo como modalidad de la época, no capricho egocéntrico” afirma el autor. Es verdad que sería injusto equiparar al yo con egocentrismo, pero también lo es el hecho de que una primera persona tan plena como la de Late un corazón implica siempre el riesgo de terminar en el solipsismo y la monotonía.

Si este no es el caso de I Acevedo, esto ocurre fundamentalmente porque narra, entre otros asuntos, no solo su vida sino el clima de época que esta vendría a condensar: su devenir no binarie desde su anterior vida como, respectivamente, mujer, madre, lesbiana y varón trans. Esto, que podría considerarse como extraliterario, en este caso parece ser tanto tema como forma. Estos nueve cuentos no son piezas de ficción, es decir, de invención pura, escritas y publicadas para ser leídas. Antes de existir entre dos tapas, algunos cuentos de Late un corazón fueron textos de ocasión que se leyeron frente al público, en medio de presentaciones o movilizaciones pocos años previos a la edición del libro.

¿Qué más hay en este desparramo de textos ya leídos? Consciente o no, una adscripción a lo que Juan José Saer llamó “una de las tradiciones vivientes de la literatura argentina: una serie de obras singulares, que no entra en ningún género preciso”, en la que conviven los ensayos-cuento de Borges o los poemas-narración de J.L. Ortiz o Girondo.

Late un corazón tal vez sea una apuesta de la escritura como autoconocimiento y autocreación de algo que no se sabe bien qué es pero está en proceso, todavía sin resultado, y pugna por exteriorizarse. Su voz, a pesar de la primera persona, es más bien colectiva. Como escribe Acevedo: “En la palabra mujer, estamos todas”

 

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