Ciencia, misterio y delirio

Nouvelles de Juanjo Conti y Manuel López de Tejada

LITERATURA
27 de mayo de 2019

Libros: Las lagunas de Juanjo Conti y La mujer camello de Manuel López de Tejada. Texto: Lee el comentario de Marcelo Bonini. Audio: Escuchá la columna en la radio de Bernardo Orge, Marcelo Bonini y Bernardo Maison. 

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Entre la intriga y el modo de narrar de un relato se abre una serie de incontables posibilidades, pero que siempre contemplan estos dos horizontes: el misterio (¿qué va a pasar?) y la voz del narrador (¿quién cuenta?). La nouvelle , género impreciso, cuento largo o novela condensada, no es ajena a estas preguntas. Todavía más importante: los lectores no somos ajenos a estos vaivenes de los relatos, nos dejamos llevar por la intriga que se desenvuelve y complica a cada capítulo, o ( no sin dudas) le otorgamos algún grado de confianza a las voces que nos dejan atisbar algunos sucesos a través de cierto tiempo.

La trama

Juanjo Conti (Santa Fe, 1984) es, además de ingeniero en sistemas, autor de una novela Xolopes (2014) y de tres libros de cuentos. En Las lagunas (EMR. 2019), Conti construye en Carlos Pellegrini (de donde él es oriundo) un argumento en principio policial y realista. El clásico triángulo del crimen, la víctima y el criminal se pone en marcha a partir de la investigación, motor narrativo que, desde Edipo Rey hasta las novelas de Georges Simonon, pugna por mantener a quien lee en un sostenido estado de tensión.

En el primer capítulo se nos cuenta que un domingo de calor en febrero de 1994 dos pibes salen a pescar. Hacia el final, los amigos encuentran en un barrial una calavera humana del tamaño de un niño de su edad. El misterio de los restos humanos (¿un posible asesinato?) hace entrar en escena a la oficial Dana Carrique, quien funcionará como la investigadora. Carrique se interna en una trama de burocracia, bisbiseos acerca del poder y la corrupción en el pueblo mientras intenta descubrir qué sucedió y quién lo hizo.

En paralelo, cada capítulo que tiene como protagonista a Carrique se alterna con uno sobre Matías Migliorati, un chico de diez años solitario y enfermizo, casi sin amigos. El único que hará va a ser el chico nuevo del curso. Matías, hijo de un genetista joven pero ya retirado de un puesto en EE.UU. por circunstancias poco precisas, se somete al cuidado y premura excesivos de sus padres. Sabe que existe un secreto en el laboratorio de su padre y que se conecta con sus pérdidas de memoria, “las lagunas”, como él las llama. Leandro, su único amigo, será quien lo asista en su deseo de descubrir qué se cifra en el laboratorio del doctor Migliorati y qué tiene que ver con él.

Conti aparentemente escribe, entonces, dos misterios pero en realidad son uno, vinculados finalmente (como corresponde) hacia el final exacto de la novela. Con diálogos y descripciones apenas funcionales, el interés de Conti reside en diagramar un problema oculto para revelárselo al lector, de ahí el epígrafe bíblico de la nouvelle: “La verdad brotará de la tierra” (Salmos 85, 11a).

El narrador

Si en Conti la apuesta narrativa se vincula de modo exclusivo con la intriga, en La mujer camello (EMR.2019) las fichas se ponen del lado del narrador. Manuel López de Tejada (Rosario, 1959) comprime un argumento delirante contado por una voz no menos alucinada. Al menos eso parece en un primer momento. Sería sencillo conectar el vértigo narrativo del ambicioso Dr. Brandsen, a la vez narrador y protagonista, con las ficciones de algún Copi o Aira. El gusto por la peripecia y no por su causalidad harían más fácil una ligazón. La salvedad se encuentra en la voz expansiva del Dr. Brandsen, tan ambiciosa y desmedida como sus propósitos científicos y el avance de la trama.

El científico retirado, prestigioso, de una carrera brillante e intachable, separado, ya de cierta edad pero en pareja con una chica varios años más joven que él., se propone un experimento, o mejor, un deseo: fusionar un humano de género femenino con un camello sin jorobas, ya que, según afirma en la primera frase de la nouvelle: “El complemento ideal de la mujer es un camello sin jorobas”. Desde aquí ya se plantean las dudas (imposibles en un relato como en el de Conti): ¿podemos fiarnos de quien narra, si en el inicio dice tal disparate? Sin ingresar del todo en el antirealismo (es decir, ficciones que, sin intervención de lo sobrenatural, tensan al máximo las posibilidades del realismo), el deseo de Brandsen es tan antojadizo como irrealizable o espurio. De todos modos, el científico hace avanzar su voluntad (y por medio de ella lo que cuenta) al punto tal de que la mujer elegida para ser fusionada quirúrgicamente con el camello será su propia esposa.

Hasta aquí podría intuirse un delirio cómico o humorístico en el relato de López de Tejada, incluso una moral sobre la ambición masculina sobre la femineidad, pero la desmesura del narrador (¿se supone que sea así? ¿es o no una parodia?) se desboca tanto que es imposible no mantenerse en la duda. Casi a contrapelo de ciertos temas de agenda, el carácter burdo (¿deliberado o sin filtro, “natural”?) del yo masculino que se arroga el derecho de controlar el relato induce a una oscilación constante entre la sonrisa y la sorpresa, entre la ironía y la ideología; en definitiva, entre las antinomias de las condiciones de la época o el deseo y la pura ficción.

 

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