Cobertura

La topadora Callero o lo que fue la segunda edición de Festival Afluente

LITERATURA
22 de agosto de 2026

Por Félix Leonel Peralta

 

Santa Fe me recibió en una mañana provista de grises y blancos. Una mañana que medió como antesala de la** segunda edición de Afluente. Nos sentimos felizmente transitando este segundo festival al lado de personas que, al igual que nosotros, apuestan al encuentro y eligen a la poesía como la excusa para hacerlo, le escuché decir en la tardecita de ese mismo día a Gonzalo Vega en representación del Grupo Afluente, del cual forma parte junto a Pilar Cabré, María Victoria Rittiner Basaez y Ángel Liberatti.

El colectivo se define como un cruce de poetas, músicos y gestores culturales. El hecho de que se presenten así resuena como una declaración de principios ante los asistentes. Últimamente los límites entre las diferentes ramas de expresión humana se van desdibujando. Por ejemplo: al recurrente cierre musical de una lectura de poemas, en los últimos años se fue sumando la intervención poética en un recital de música. No digo que los purismos se hayan terminado. Pero cada vez son más los y las que se permiten cruzar fronteras. Un caso reciente en Rosario fue la presentación de Jóvenes bien vestidos sin dinero, el último fanzine de Nahum All en Bon Scott : en vez de leer el contenido de su autoedición se dedicó a tocar parte de su repertorio musical que, en sus palabras, complementan la lectura de sus textos.

Por esto resulta más que apropiado el homenaje al poeta, músico y docente Fernando Callero de quien apenas conocía tres poemas suyos leídos en Tumblr. El título de la entrada del vlog reza “un poeta que me hubiera gustado conocer” y después de los dos días de festival me sumo a ese deseo.

Callero nació en Concordia, Entre Rios como muchos buenos poetas que leo y conozco; pero desde 1995 hasta su muerte vivió en Santo Tomé, un pueblo a pocos kilómetros del Centro Cultural, Social y Biblioteca Popular “El Birri”, espacio que nos refugió en los días que transcurrió el festival.

En Santa Fe, Callero se formó en la UNL, fue tallerista y docente de educación media. También publicó y editó poemas suyos y de otros en Ediciones Diatriba, editorial que fue el semillero de muchos representantes de la generación dosmilera de poetas litoraleños como Santiago Pontoni (que luego se sumaría al proyecto), Cecilia Moscovich, Analía Giordanino y Gonzalo Costello, entre otros. Su línea editorial fue definida por el propio Callero en una entrevista como sencilla y musical. Si hay algo que no faltó en Afluente fue el espíritu de Diatriba en las lecturas. Una notable porción de los poemas ostentaba una fuerte carga de experimentación formal que dotó a cada lectura de una gran versatilidad musical. Un acierto de la selección de los curadores.

Tras una breve y entusiasta bienvenida, empezó la primera mesa del sábado en la parte de atrás del Birri. Leyeron Fermina Hernández (Reconquista, 1997) Guillermo Voos (Esperanza, 1997) y Daiana Ávalos Robledo (Santa Fe, 1992). La lectura de los tres, tan diferentes entre sí, compartía algunos temas en común. Fueron recurrentes las alusiones a la novela familiar de cada uno de ellos. Unas más felices, otras más graves. Por ejemplo, Ávalos Robledo le dedicó un poema a su mamá que estaba presente entre los asistentes. El público no paraba de entrar. Abrir un festival es lidiar con esta situación. Por suerte la gente acompañaba con un rápido silencio. Apenas unos tímidos ruidos de latas abriéndose se escuchaban cada tanto.

La siguiente mesa la conformaba Julián Bejarano (Buenos Aires, 1983) y Cecilia Moscovich (Santa Fe, 1978). Creo que Bejarano era el único participante que ya había escuchado leer previamente gracias al FIPR de hace dos años. Recuerdo su poema de la Sandía y el que hablaba de sus Padres y tengo acá cerca de mi escritorio Hecho Social Total publicado por Neutrinos. Sus poemas “de largo aliento” comienzan tranquilos y luego se vuelven una ametralladora de imágenes. Se sienten como un viaje coyuntural y personal donde los términos económicos con los que los medios políticos nos achacan cada día terminan definiendo la experiencia cotidiana y viceversa. En la biografía que lee Gonzalo al presentarlo se mencionan todos los libros que publicó. No omite nada a diferencia de muchos que suelen desprenderse de sus primeras publicaciones. Tanto él como Moscovich usaron “flashear” en un poema. Los de ella también eran super mentales, sus poemas tratan de la ansiedad. Va de lo micro a lo macro donde un poema puede aludir a una tableta de vitaminas y luego otro a una “galaxia efervescente”. Cada tanto asoma una rima distanciada en sus poemas. Una mesa que se va rápido, pero por suerte cada participante del festival lee en dos oportunidades.

Nos quedamos en nuestros asientos esperando la proyección de Prendido de la música. Un documental sobre las canciones de Fernando Callero. María Victoria contó que se mostraba una primera versión y la alegría de saber que el material de media hora de duración en un futuro se iba a expandir me dio un subidón de energía. 

En el documental se mezclaban entrevistas y archivos de video de Callero cantando y tocando en espacios íntimos, como en una cocina o sentado en una reposera en el patio de una casa. Con solo una guitarra se nos presentaba sin intermediarios: una figura electrizante e hipnótica en pantalla. Las entrevistas hablaban mucho de su empuje y su magnetismo. Todos los que aparecían estaban como hechizados de alguna u otra forma por el influjo de Callero. Recordé un post de X donde se define al mejor rock argentino como el producto de un duende delirante y homosexual. Callero tenía algo de Miguel Abuelo y de Charly García en sus gestos al cantar y por lo visto era igual de excéntrico. Toda una topadora de creatividad y active. Las mujeres que salen en el vídeo hablan de lo lindo que era, los hombres a su manera también. Escucho canciones de Salvador Bachiller en Soundcloud mientras escribo. El documental me dio sed, sed de Callero y de birra.

Una vez terminada la proyección sentí que había entrado definitivamente en sintonía con el festival. Compré una lata de cerveza y pasé por la feria editorial. Me topé con Julia, una amiga de la casa, precisamente hablando de La joven Emilia Bertolé. Correspondencia familiar – 1916, la última incorporación al catálogo de Danke. La energía de Julia es envidiable. No parece cansada tras haberse pasado el mes feriando en tres lugares diferentes y habla de Emilia Bertolé como si fuera una amiga de otro tiempo. Agarré el libro y lo hojeé. Le pregunté algunas cositas y lo dejé en la mesa que compartía junto a Neutrinos e Iván Rosado. Después pasé por el resto de la feria. Compré un libro de Bandida Editora para una amiga, saqué algunas fotos al resto de las editoriales y fanzines, y salí a fumar. Todavía se seguían sumando asistentes, caras conocidas y desconocidas.

Pasamos adentro de nuevo tras el llamado de Gonzalo. Leen Analía Giordanino (Santa Fe, 1974) y Gonzalo Castelo (Santa Fe, 1975), amigos de Callero. En sus poemas aparecieron algunas onomatopeyas, aliteraciones y rimas internas. A ambos se les notó un gran carisma a la hora de leer. Sin nervios, ni presión, hasta parecían cantar por momentos. Quizás movidos por el documental, no sé. En sus poemas aparecían la ciudad, sus espacios y sus personas. Sentí que conocí un poco más la zona gracias a ellos.

Llegó la trasnoche del primer día. Trasnoche en los festivales de poesía significa un maratón de lecturas. Se espera efusividad y el público ya está algo entregado a lo que pueda deparar la noche más allá del evento. En otras palabras, es el momento fiesta de cualquier festival. Aparecen Consuelo Iturraspe (Santa Fe. 1987), Luisina Valenti (Rafaela, 1990), Mariano Peralta (Santa Fe, 1984), María Belen Sánchez (Santa Fe, 1984) y repite Bejarano.

Iturraspe parecía surfear en la tarima circular que pusieron en remplazo de la mesa y sillas. Su lectura es poderosa y hace el gesto cool de tirar las hojas de los poemas ya leídos al suelo. La mayoría de sus poemas tienen un interlocutor que aparece en pronombres de segunda persona. Son poemas de amor, desamor y despedidas. Breves y contundentes. Luego siguió Valenti y la intensidad se mantuvo. Su lectura fue para mí un descubrimiento, una síntesis generacional repleta de cigarrillos, diarios íntimos made in china, sillas rotas y una constelación de mujeres que saben mostrarse fuertes en pleno estado de caos. Pasó Peralta y el clima se inundó de ternura. Era otro ritmo y además su hija se sumó al escenario con él. Risas por la situación. Sus poemas son una red de afectos que no recurren a golpes bajos en ningún momento. Llegó el turno de María Belen Sánchez que también llevó a cabo un taller en Del otro lado libros a las diez de la mañana. Sus poemas eran breves y al leerlos se sentía una suerte de gravedad, como la que se siente cuando se lee un haiku. Finalmente reincidió Bejarano y la primera noche del festival cerró con versiones de temas de Callero por Dante Leonel.

A la mañana siguiente, tras un café y una breve visita al Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo, el sueño que cargaba por la mala noche me hacía sentir pesado, pero las lecturas me volvieron a levantar. Es un día de segundas veces. Lee primero Iturraspe y Peralta. Pasan segundo Valenti y Sánchez. Salí embalado a comprar Si quiero o si tengo, libro de Luisiana que salió recientemente. Me puse cholulo y le pedí que me lo firme.

Antes de irme pasó Callerocospio, un conversatorio sobre la figura Fernando Callero en la voz de sus amigos. Cecilia Moscovich, Analía Giordanino y Gonzalo Costelo hablaron del Callero Poeta, del Callero Tallerista, del Callero Editor de Editorial Diatriba. Sin embargo, lo que más salió a flote fue el Callero amigo y gestor. Una persona por momentos difícil y cambiante, nunca estático y arengador de gestas extrañas. En una ocasión fue a a Rosario a visitar a Beatriz Vignoli en un postoperatorio con viáticos provistos por su universidad porque creía que las instituciones debían estar presentes en la vida de un poeta. Así de resuelto era con lo que pensaba. También se leyó un poema inédito que Callero escribió en su temporada en Ibiza, lo trajo Costelo como un tesoro que brotó de mails viejos. Es una generación de muchos mails, dijo. También se habló de su manía con los poemas. A veces se obsesionaba tanto que reeditaba hasta al cansancio y otras veces no corregía, seguro de lo que escribió. En todo el conversatorio fue tratado como si estuviera ahí, sin distancia. Tan poderosa era su figura que su persona y su voz se colaba entre las palabras de sus amigos.

Lamentablemente me perdí la segunda trasnoche y el reci de Eme de Melissa. Mi micro a Rosario salía temprano. Además del libro de Luisina me vine con Soledad Col de Callero, unos Stickers de @valemanass para la Notebook y mi yo poeta es mi peor yo de Georgina Grasso. Afluente es un proyecto con empuje y compromiso que espero reencontrarme el año que viene. Un festival que está a la altura del presente, que se permite conversar con la historia reciente de la poesía litoraleña. Una propuesta ambiciosa. Un triunfo para los que amamos leer y escuchar poemas.

 

 

 

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