Texto y podcast

Juana Bignozzi: Novísimos y una vida de poesía

LITERATURA
17 de abril de 2020

Nos acercamos a Juana Bignozzi (1937-2015), voz mayor de la poesía argentina, a partir de dos circunstancias: la publicación de Novísimos, su libro póstumo y el estreno de la película Las poetas visitan a Juana Bignozzi. Tanto en el texto de Marcelo Bonini como en el podcast, repasamos aspectos de su vida y avanzamos en su obra -forjada desde la década del 60-, leemos poemas suyos y escuchamos otros en su propia voz. Martín Rodríguez, poeta, amigo y heredero recuerda cómo era la autora de La ley tu ley.

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Por Marcelo Bonini

Así comienza D.G. Helder el prólogo de La ley tu ley (Adriana Hidalgo, 2000), compilación de los poemarios de Juana Bignozzi entre 1967 y 2000: “Lucidez, claridad de percepción, penetración, sentido común, sagacidad, olfato… atributos aplicables a la Juana Bignozzi que se desprende de su obra como una persona hecha de sentencias y veredictos”. Mientras uno lee Novísimos, último volumen publicado a partir de los archivos  encontrados en su computdora con ese nombre luego de su muerte en 2015, la misma idea, fuerza y palabra (“lucidez”) se impone a lo largo del libro. No se trata, entonces, de la mera inteligencia. En la poesía de Bignozzi no nos adentramos en el terreno abstracto de las ideas, la acumulación bibliográfica o una grosera exhibición de citas. Es decir, el mundo de sus poemas no supone un acertijo a ser develado mediante el ingenio y el juego de conceptos. Lo que hay es una experiencia concreta de un mundo concreto.

El modo de dar cuenta de esa experiencia se condensa en esos versos fácilmente reconocibles, en primer lugar, por su disposición en la página (una ausencia de puntuación que impulsa la fluidez de un discurso natural) y, en segundo, por una férrea ironía que deliberadamente nunca llega a convertirse en cinismo o, menos aun, en nihilismo. Sin duda para Bignozzi, cuyos comienzos como poeta se encuentran en el grupo El Pan Duro (vinculado al PCA, de donde también emergió Juan Gelman, a quien Bignozzi sí respetó como poeta, no como a otros ex compañeros de ruta), estos dos últimos atributos, o su exacerbación, revelarían una condición de clase, asunto centralísimo en su vida y obra. En una entrevista para la Audioteca de escritores (CABA, 2004) recuerda una frase de Erich Fromm que leyó en su juventud y la marcó definitivamente: “en una sociedad de clases, solo hay amor de clase”.

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Bignozzi siempre escribió acerca de sus orígenes y su pasado no solo como una reivindicación, sino, además, para dar cuenta de los cambios de circunstancias. Como le declaró a Jorge Fonderbrider: “… si bien de chica yo hubiera querido tener más ropa que libros, con el tiempo me di cuenta de que esa había sido la mejor manera que mi familia había encontrado para ayudarme. Ese obrero cultivado [su padre, anarquista panadero], amante de la cultura, sin proponérselo me estaba haciendo cambiar de clase”.

Los poemas de Bignozzi incluyen, por supuesto, la política, la ideología, la historia, pero también hay una experiencia cultural y literaria, cuyo punto más alto reside en Las poetas visitan a Andrea del Sarto (2014), recorte cariñoso de la cultura europea preferida por la poeta. En toda su obra campea un gusto cultivado y autoconsciente (tanto como su personaje literario construido a partir de Mujer de cierto orden, 1967) con el cual la poeta se abre paso y emite juicios, acaso viperinos pero escasamente injustos. A partir del 67 se alejó de una poesía que aludía (creía aludir) de manera inmediata a la realidad, con un supuesto pulso urbano e ínfulas de acercarse a lo popular y que, además, enfatizaba con trazo grueso la coyuntura política. Bignozzi escribió de un modo absolutamente distinto al de “esa mala poesía política del tipo ‘yanquis hijos de puta, no pasarán’”.

Tampoco se sumó a lo que, en una entrevista hecha por Martín Prieto en 2007, llamó “el gueto” de la poesía feminista: “tengo una muy mala relación con los grupos estructurados defensivos. Yo no quiero, no me interesa estar en un lugar que elimina una parte de la mirada del mundo”.

Trailer del documental de Laura Citarella (directora) y Mercedes Halfon (escritora, periodista y albacea de Bignozzi)

En 1989 publicó Regreso a la patria, veintidós años después de Mujer de cierto orden (no editó nada entre estas dos fechas), quince luego de radicarse en Barcelona junto a su esposo Hugo Mariani (corrector de oficio, él le daba la última mirada a los poemas de Bignozzi antes de que fueran a la imprenta), uno antes de empezar a viajar una o dos veces por año a Argentina para visitar a sus amigos y catorce antes de reinstalarse definitivamente en el país.

En el año de la transición de Alfonsín hacia Menem, Bignozzi titula, no sin la ya mencionada ironía, “Función social de la poesía” a cuatro breves versos: “Si toda vida es referencia a nuestra vida/ espero dejar una palabra/ que ampare a alguien/ en estas tardes inhóspitas de recuerdos” (La ley tu ley, p. 113). Otro ejemplo: en pleno apogeo del kirchnerismo (2010), en un poema de si alguien tiene que ser después (el título va con minúsculas) se permite decir: “mientras mis colegas escriben los grandes versos de la poesía argentina/ yo hiervo chauchas ballina” (p. 29). La lucidez de Bignozzi, es decir, la rapidez y condensación de lo que percibía, y las sentencias y veredictos que mencionaba Helder, se hermanan con un modo de decir que aminora la melancolía. “Yo soy una poeta sin tragedia, sin vida interior, no vivo torturada por un verso” supo decir. Pero su lengua advierte la tragedia, por ejemplo, la de “creer en un sentido oscuro de clase media/ confundir malditos/ con chicos alimentados con milanesas/ por sus mamás/ malditos que al atardecer ejercen de oscuros” (Novísimos, p. 21).

Queda dibujada, de este modo, una semblanza posible de una poeta dentro y fuera de su tiempo, que combatía (Tamara Kamenszain ponderó alguna vez la posición “guerrera” de Bignozzi) en la palestra pública y a la vez pudo reservar un espacio íntimo en su obra. Siempre consciente de sí (no quiere decir que se haya percibido totalmente transparente), estuvo al tanto de que “mi poesía es ideológica, no política”, ya que supo que no escribía una aplicación de esa ideología. Pero esa imposibilidad de aplicación, esa concentración en una ideología a la que nunca claudicó tiene una potente contracara: “la ideología es una forma de la eternidad”.

En el año 2007 Bignozzi les dijo a sus jóvenes entrevistadores (Santiago Llach, Inés de Mendonça y Juan Diego Incardona) de El interpretador: “Yo creo que, realmente, eso de que te lean “los mayores” es la muerte de un escritor”. El trabajo, la apuesta, la posibilidad de la vida de una obra radicaba para ella en ser leída y apropiada por los jóvenes. Como prueba final bastan estos versos del último poema de La ley tu ley: “veo amanecer como una mujer no como una joven temerosa/ de la ley tu ley/el acero de esta luz para una mujer sola/ que no debe temer sino decidir”.

Foto: Alejandra López

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