Más de noventa editoriales de todo el país participaron del encuentro realizado en el CEC durante el último fin de semana. El espacio se presenta como punto de encuentro para el circuito editorial independiente.
Por Matías Vázquez
A media tarde, en el galpón del CEC, un lector abre un libro de poesía mientras la editora le cuenta cómo se imprimió esa pequeña tirada. El galpón todavía no está lleno, pero las mesas empiezan a rodearse de gente. A pocos metros, en otro stand, dos entusiastas discuten las traducciones disponibles de un filósofo francés. Más allá, una madre acompaña a su hijo que explora texturas y colores en una mesa llena de hojas y lápices dispuestos para que las infancias dibujen. La escena se repite durante todo el fin de semana: conversaciones, recomendaciones improvisadas y libros que pasan de mano en mano.
Así transcurrió Feria Vecina, la primera edición de la feria de editoriales independientes realizada en Rosario, que tuvo lugar el sábado 14 y el domingo 15 de marzo en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC). Durante dos días, el encuentro organizado por la editorial Casagrande, Agua de Río Producciones y Un Mundo Propio, reunió a decenas de sellos y dejó a la vista la vitalidad —y también las tensiones— del mundo editorial argentino.
Con entrada libre y gratuita, la feria reunió a más de noventa editoriales provenientes de distintas ciudades del país. El mapa de stands incluyó proyectos de perfiles muy diversos: editoriales independientes consolidadas como Mansalva, Gog & Magog, Sigilo o Tinta Limón; sellos vinculados a disciplinas culturales específicas, como Gourmet Musical o Ampersand; editoriales dedicadas a literatura infantil y juvenil como Pequeño Editor, Iamiqué y Calibroscopio; y proyectos institucionales como Eudeba, Ediciones UNL, Eduner, UNR Editora y EMR.

En muchos stands eran los propios editores quienes atendían, recomendaban títulos y contaban la historia detrás de cada libro. Ese contacto directo es una de las marcas del circuito independiente. Las conversaciones se estiraban entre páginas abiertas, comentarios sobre autores nuevos y recomendaciones que no suelen circular en las redes. El descubrimiento convivía con la compra planificada: muchos visitantes llegaban sin buscar algo específico y se iban con un libro que ni sabían que existía, mientras que otros venían a buscar esas joyitas pendientes que no se consiguen en cualquier librería.
La feria también incluyó una programación de charlas y talleres que amplió el encuentro más allá de la venta de libros. El sábado abrió con el taller del escritor Pablo Ramos, titulado ¿Cómo se corrige un cuento? Diez pasos directos a la finalización del relato, dedicado al trabajo de revisión en narrativa. Durante la jornada también se realizaron mesas de conversación como Preguntas sobre el tiempo, con Pilar Spangenberg, Sabine Schlickers, Luz Pearson y Jazmín Ferreiro, y la charla La literatura y tu vieja, con Federico Ferroggiaro, Javier Núñez y Marianela Luna. Más tarde, la escritora Magalí Etchebarne dialogó con Sergio Gaiteri sobre el oficio literario en la mesa titulada El arte de la palabra exacta.

El domingo la programación continuó con un taller de escritura para infancias, coordinado por Laura Oriato y Belén Campero, y nuevas charlas abiertas. Entre ellas se destacó la participación del filósofo japonés Jun Fujita Hirose, que conversó sobre la lectura que Gilles Deleuze hace de Palestina, y el encuentro ¿Dónde vive la poesía?, con Elena Annibali y Cristian Molina. La programación se completó con música en vivo y propuestas gastronómicas, que acompañaron la circulación entre los stands y reforzaron el carácter abierto del encuentro.
Pero la aparición de un evento como Feria Vecina también dialoga con el momento que atraviesa la industria editorial argentina. En los últimos años el sector mostró signos de recuperación tras el impacto de la pandemia, aunque esa recuperación convive con un escenario económico inestable. Informes del sector señalan que las tiradas iniciales de los libros se redujeron y que el número de títulos publicados registró caídas en los últimos años, una señal de cautela frente a un mercado cada vez más incierto.

Las dificultades económicas impactan especialmente en el ámbito independiente. A diferencia de los grandes grupos editoriales —que concentran buena parte del mercado y cuentan con redes amplias de distribución—, los sellos pequeños suelen trabajar con tiradas más reducidas y formas de circulación alternativas. En ese contexto, las ferias, las presentaciones y el contacto directo con lectores se vuelven espacios fundamentales para sostener la circulación de los libros.
En ese mismo fin de semana, además, la zona tenía un pulso particular. A pocas cuadras del CEC, el Monumento a la Bandera se preparaba para un recital gratuito de Fito Páez, que esa noche convocó a casi trescientas mil personas. La coincidencia de ambos eventos generó un movimiento constante en la costanera: muchos visitantes que se acercaban para ver al músico rosarino aprovecharon la tarde para recorrer también la feria, combinando música y literatura de manera gratuita frente al hermoso río Paraná.
Como toda primera edición, Feria Vecina funciona también como un ensayo: medir convocatorias, ajustar dinámicas y proyectar posibles continuidades. Pero incluso en ese carácter inaugural, la experiencia dejó algo claro: durante dos días, la edición independiente dejó de ser una serie de iniciativas dispersas para convertirse en una escena frontal.
Tal vez por eso la sensación que quedó terminado el fin de semana fue sencilla pero contundente: cuando editoriales y lectores logran encontrarse en un mismo espacio, la literatura recupera algo de su forma más elemental: la conversación compartida alrededor de los libros.



































