Poesía y narrativa

En voz alta: cuatro ciclos literarios de la noche rosarina

LITERATURA
21 de abril de 2026

Por Matías Vázquez

 

El poema se levanta temprano, estira sus extremidades y se prepara para un nuevo día. Toma un colectivo hasta su trabajo: a veces una antología donde estudiantes curiosos lo desarman y analizan por partes, a veces una revista cultural que lo expone al debate entre devotos y desviados, a veces un poemario que algún adolescente rescata de una biblioteca polvorienta sin saber que su vida cambiará para siempre. Le toca trabajar duro, dejándose leer por una multitud de ojos y de interpretaciones. Entonces termina la jornada y, aunque cansado, no se va a dormir así tan fácil. Cuando llega la noche, el poema se reactiva. Se escucha unos temas, se baña, se perfuma y sale a brillar en la oscuridad junto a otros de su especie que lo esperan, en un bar, compartiendo una cerveza fría.

En Rosario la poesía se aviva de noche. Bares, patios y centros culturales alojan mesas donde, después de los poemas, todavía quedan copas, cigarrillos, risas y discusiones sobre un verso o el nombre de un autor. La ciudad tiene una tradición literaria de gran peso, inmortalizada en monumentales bibliografías, pero también en el eco eterno de aquellos lugares donde los textos más impresionantes fueron recitados en voz alta. Ahí se inscriben los ciclos literarios, nombre común para esos eventos artísticos donde la palabra es la protagonista.

 

En Rosario la poesía se aviva de noche. Bares, patios y centros culturales alojan mesas donde, después de los poemas, todavía quedan copas, cigarrillos, risas y discusiones sobre un verso o el nombre de un autor.

Cuatro ciclos ayudan a pensar esta escena desde ángulos distintos: Óxido y Suburbio, Slam de Poesía OralNarrativas de sobremesa y Los detectives salvajes. Son apenas una muestra entre los muchos ciclos, lecturas y eventos donde la literatura circula hoy en Rosario, pero alcanzan para ver algunas de las formas que esa escena toma en el presente. Los cuatro trabajan con la palabra en vivo, aunque cada uno organiza una experiencia diferente. En uno, la poesía se mezcla con la música y el pulso del under; en otro, la lectura desemboca en una sobremesa larga; en otro, el poema entra en la lógica del juego y la competencia; en otro, la apuesta está en la escucha atenta y en una curaduría precisa. Lo que aparece es un mapa parcial y heterogéneo, abierto a los letrados más apasionados pero también abierto a los que pasan casualmente por la vereda, ven luz y entran.

En Óxido y Suburbio, ciclo nuevo organizado por Luna Victoria y Agus Gastaldi en el bar Hévale (Buenos Aires 1054), la poesía convive con la música desde el diseño mismo del encuentro. Más que un ciclo en sentido clásico tiene algo de fecha under, de noche armada alrededor de una conexión artística. Luna lo dice sin demasiadas vueltas: la idea es tratar de fusionar a largo plazo el nicho de la música y el de la poesía. Primero leen tres poetas, después hay un cierre musical con un solista. Este gesto de unión es a la vez una especie de justicia poética (valga la redundancia), una reparación histórica. Abundan los recitales de música donde se agrega una breve lectura poética como una especie de relleno, de intro o interludio que el público aprovecha para hacer fila en la barra o para ir al baño. Acá las lecturas son la entrada y el plato principal, la música; la cereza del postre.

Luna define el clima distendido del evento: Se convoca a una hora pero las lecturas arrancan una hora más tarde, la idea es tener tiempo para llegar y acomodarse, tomar algo mientras se charla. Lo veo muy característico de un buen evento under. La poesía no se separa de lo que pasa alrededor: las conversaciones previas, la gente que llega, la circulación entre lectura y música, la sociabilidad misma de la noche. Ir a escuchar poemas, en este caso, también es ir a habitar una atmósfera.

El Slam de Poesía Oral de Rosario lleva once años consecutivos realizándose y ya es toda una institución de la ciudad. En una apuesta por la horizontalidad, es organizado por un grupo amplio de gente (Nico Maurovich, Moli Muna, Elian Turlione, Sabri Lanzotti, Cande Fumale y Gero Tartara) empujando la poesía hacia una oralidad más frontal. Se realiza en bares y espacios culturales, siendo Gallo Rojo (Santa Fe 948) su última sede. El formato slam es particular: Se realiza una convocatoria previa por redes donde cualquiera se puede anotar, luego se eligen por sorteo entre 12 y 14 participantes.

A la hora del evento cada participante lee un único poema y es puntuado por un jurado constituido por el público. Los que obtienen mejor puntaje pasan a una segunda ronda para definir el podio y los respectivos premios. En este formato, la lectura se vuelve perfo, timing, e impacto inmediato. Nico señala como rasgo distintivo la “dinámica escénica” y agrega: Al ser un juego en formato competencia, quienes participan y hacen de jurado están muy atentos a cada lectura. Lejos de la solemnidad y la delicadeza del texto, las lecturas llegan a rozar los límites del stand up, el discurso político o el monólogo dramático. Así el poema se enfrenta a una recepción activa, a una reacción visible, a una comunidad que no solo escucha sino que puntúa, se involucra y juega.

Narrativas de sobremesa es el ciclo que impulsan Lorena Rucci y Lucrecia Tironi desde el proyecto Pretextos, en Rosita lo descorcha (Callao 1195). Ahí la palabra se organiza de otro modo: hay una temática por mes, una convocatoria abierta, una selección de entre ocho y diez lectores y, después, una sobremesa larga para hablar de lo que pasó. El ciclo insiste en una idea que vale como programa: La excusa es la palabra, el plan es encontrarse. No es casual que hayan elegido un espacio con esa disposición ni que subrayen la idea de refugio: Elegimos el bar como refugio y la palabra como puente. Tampoco que definan su propuesta en oposición a cierta solemnidad cultural: Aquí no hay expertos/as, hay personas que se encuentran a través de las historias.

Mientras en ciertos contextos más tradicionales está mal visto que los autores den cuenta de su visión y expliquen sus textos, acá eso es parte fundamental de la experiencia. Se valora la sensibilidad y la conexión humana por sobre el talento retórico. Con dos ediciones realizadas bajo las temáticas “Infancia” y “Lo que no dijimos”, el ciclo se prepara para un tercer encuentro próximamente. Pretextos apuesta a otra temporalidad: leer, brindar, quedarse un rato más. Su hipótesis es simple y hermosa: las mejores historias no terminan en el último verso, sino en el primer brindis que le sigue.

Los detectives salvajes, organizado por Felipe Hourcade y Ernesto Gallo en el almacén cultural El Trocadero (Santiago 989), trabaja desde otra lógica. En cada encuentro leen cuatro personas: dos poetas y dos narradores. La estructura es sencilla y rigurosa: aproximadamente una hora de lecturas y, después, música de fondo, charla y algo para tomar. No hay micrófono abierto, ni banda en vivo, ni una lista interminable de lectores que se difuminan en su multitud. La selección de invitados es precisa y equilibrada, buscando que cada participante tenga su merecido tiempo de lectura y atención. El lugar también propicia una poética: un almacén cooperativo, con luces cálidas, objetos artesanales, comida casera, barra a precio popular, mesas adentro y patio donde fumar sin dejar de escuchar las lecturas.

Como signo distintivo del proyecto, Felipe y Ernesto valoran la perdurabilidad en el tiempo, la cantidad de ediciones (18 hasta el momento) y autores que participaron (72 haciendo la cuenta). También remarcan su anclaje local sin cerrarse al intercambio: Los autores que participaron son, sobre todo, de Rosario y alrededores, pero el ciclo también contó con la presencia de autores de otras localidades como Chaco, Entre Ríos, Buenos Aires y Córdoba.

Y cuando piensan el atractivo del ciclo, la respuesta vuelve a unir literatura y sociabilidad: Además de disfrutar de la experiencia literaria de escuchar lecturas, creemos que, también, las personas van a Los Detectives para tomar vino, charlar y divertirse. Es un ciclo que parece recordarle a la escena algo que a veces se pierde en la ansiedad contemporánea: que el texto se vale por sí mismo y escuchar con atención también puede ser una forma intensa de encuentro. Con una postura un tanto más ácida, comentan sobre la escena local que cada vez hay más ciclos y más cortos… y ante la pregunta esencial de para qué sirve un ciclo literario su respuesta es contundente al igual que la literatura misma: para nada.

Vistos en conjunto, estos cuatro ciclos muestran que la poesía en vivo en Rosario no responde a una sola forma. Puede ser una fecha híbrida entre música y literatura; una sobremesa temática donde la consigna es vincularse; un slam en el que el poema sale a disputar atención como si subiera a un ring; o una noche de lecturas curadas donde el silencio importa tanto como el texto. Cambian los formatos, pero en las respuestas de quienes organizan reaparece una misma insistencia: leer con otros, escuchar con atención, quedarse un rato más.
Tal vez ahí esté una de las claves de esta escena: la poesía en vivo no se ofrece solo como contenido cultural, sino como experiencia situada. No se trata únicamente de “consumir” literatura, sino de encontrarse con otros alrededor de una sensibilidad compartida. La página importa, claro. Pero cuando un poema es leído en voz alta, algo cambia…

Estos cuatro nombres no agotan el mapa, apenas abren una puerta hacia una escena más extensa, llena de cruces y variantes con otros espacios que también vienen haciendo lugar para la lectura en vivo. Quizás sea un desafío futuro el de seguir ampliando este mapa, nombrando a los que faltan, sumando a los que van apareciendo. Por ahora, acá van cuatro puntos de partida desde donde empezar el viaje a la poesía en voz alta.

 

 

Buscá los ciclos en Instagram:

@oxidoysuburbio.ciclo

@slamrosario

@pretextos.ro

@losdetectivesalvajes.ciclo

 

 

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