Leímos al escritor chaqueño

Diez cuentos de Mariano Quirós

LITERATURA
11 de julio de 2019

Libro: Campo del Cielo de Mariano Quirós. Texto: Lee el comentario de Marcelo Bonini. Audio: Escuchá la columna en la radio de Bernardo Orge, Marcelo Bonini y Bernardo Maison.

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En su nuevo libro, el chaqueño Mariano Quirós (Resistencia, 1979) parece haber intentado escribir más que una colección de relatos reunidos bajo un título cualquiera. Pero antes de abordar ese aspecto, es necesario decir que Quirós propone diez cuentos muy compactos en los que la aparente realidad se enrarece, aunque sin llegar a lo fantástico. El autor tensa el realismo a fuerza de personajes y situaciones extremas con manchas de lo absurdo y lo siniestro. Los protagonistas de los relatos son habitantes de una zona o visitantes que reaparecen con mayor o menor presencia a lo largo del libro: un mecánico que mantiene un turbio arreglo con el comisario del pueblo, la ubicua aparición del chupacabras y un boxeador local que alucina a un extraterrestre, entre otros.

Más que destacable es el cuento “Nicky González habla entre sueños”, en el que dos hermanos logran que uno de sus ídolos musicales (claramente una referencia a Ricky Espinoza) toque en la fiesta nacional del meteorito. El contraste entre el ambiente pueblerino y la conducta del punk de ciudad saca, sin esfuerzo, varias sonrisas.

La decena de relatos de Campo del cielo no solo narra historias que les ocurren a algunos personajes, sino que, de a retazos, conforman la mitología y cosmogonía del territorio real que da nombre al libro. Como una música de fondo, Quirós también quiere narrar la vida de un pueblo del norte del país. Campo del cielo, un área de más de mil kilómetros cuadrados entre las provincias de Chaco y Santiago del Estero, hace unos 4000 mil años recibió una copiosa lluvia de meteoritos. Debido a esto, sobre el lugar se dice que estaría imbuido de un misterio que atrae fuerzas y personas extrañas, además de haber sido objeto de más de una investigación científica.

La comparación más sencilla respecto al procedimiento que usa Quirós (narración de una zona y reaparición de personajes) nos remite a Horacio Quiroga (en particular al de Los desterrados) y a Faulkner, Onetti y Saer, ya que en todos prima un principio constructivo similar. ¿Pero no es más sensato y menos ocioso vincular a Quirós con el imaginario chaqueño, por momentos trash, de Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued o las dos narraciones de Marcos Apolo Benitez, Chaco. Odio en el impenetrable y La paliza? Es de notar que Quirós nunca visitó Campo del cielo, fue armando el libro con documentos, testimonios, datos sobre el lugar y, afortunadamente, su invención.

A pesar de sus diferentes resoluciones, los tres narradores nacidos en distintos puntos de la provincia norteña coinciden en presentar un ambiente tórrido, polvoso, de una hostilidad más o menos explícita y coronado por un sol antiplatónico (es decir, malvado) del cual brotan caracteres e historias tanto o más hostiles que este. ¿Lugar común o fidelidad al referente? Quirós logra no caer en el tan temido (al menos en Argentina) abuso del color local, el riesgo de la postal turística for export. A pesar de esto, el narrador tiende a sobreexplicar tanto el ambiente como el mencionado evento de los meteoritos. En casi todos los relatos se construye desde cero la violencia tácita que se va filtrando de a poco en los personajes y argumentos. Quiroga optó por otro método en Los desterrados: tituló a la primera parte “El ambiente” y a la segunda “Los tipos”. Resuelta la presentación del medio, los personajes se mueven libremente por las historias. En un punto, parece que Quirós hubiese pensado el libro como un todo autónomo, pero a la vez considerado la circulación de cada relato por sí solo; tal vez de allí provenga la insistencia en cada cuento de presentar la atmósfera una y otra vez.

Quirós cumple con la convención estilística o lingüística de lo que se supone debe ser un cuento: precisión de léxico, presentación directa y objetiva, evita el adorno y se concentra en el argumento y su desenlace, que aquí tienden a ser abruptos. Según Quiroga, en el punto VIII de su decálogo del perfecto cuentista, “un cuento es una novela depurada de ripios”. Campo del cielo por momentos sugiere el carácter de una novela escondida en medio de cuentos. El mundo que narra Quirós se siente a veces a medio camino, como si esos relatos se llevasen mejor fundidos bajo la forma de una o dos nouvelles que permitiesen expandir lo que se recomienza en cada narración. De todos modos, Quirós juega fichas distintas que las de sus contemporáneos: la pretensión de contar la historia de un territorio, la opción por un castellano no lavado y el tráfico del efecto inquietante del fantástico (sin llegar a caer en el género), entre otros, colocan al chaqueño en un lugar distinto. Tal vez jugó demasiadas fichas a los mismos pocos números, pero, como afirmó C.E. Feiling en una entrevista: “La literatura es como la guerra. Hay que apostar fuerte”.

 

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