MIGUEL ABUELO, MOSHÉ NAÏM Y NADA (O TODO)

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27 de julio de 2018

Por Rafael Platner

El sueño de Moshé Naïm era ver a Miguel Abuelo y su banda descender de un globo aerostático sobre el escenario del Palacio de Deportes de París frente a un público descontrolado. Moshé podía entrever en ese joven argentino –que vagabundeaba por Europa y cantaba folclore en restaurantes– al mejor artista de rock del mundo. Las cosas no salieron como las imaginaba, pero en el camino fueron quedando rastros de esas ensoñaciones y entre esos rastros un disco excepcional.

La etapa artística más conocida de Miguel Abuelo es sin dudas la que comenzó con el regreso del músico a la Argentina desde Europa, volvió a formar Los abuelos de la nada y compuso temas como “Himno de mi corazón”, “Lunes por la madrugada” y “Cosas mías”. Esas canciones se sumaron a la revolución musical que sucedió en el país post dictadura. Una década antes en Europa, con veintisiete años y una formación musical improvisada, había grabado Miguel Abuelo et Nada. El documental homónimo dirigido y producido de manera independiente por Agustín Argento, Facundo Caramelo y Juan Manuel Muñiz Oribe recupera la génesis de ese mítico disco del rock argentino a través de los testimonios de sus protagonistas. 

En 1971 Miguel Abuelo se radicó en Europa escapando del clima opresivo de la dictadura de Juan Carlos Onganía. A finales de 1972, después de deambular por distintos países, vivía en la casona de la actriz Elizabeth Wiener –en la localidad francesa de Saint Maur– donde se congregaban artistas y bohemios que iban y venían por Europa. Había llegado desde Londres con su mujer Krisha Bogdan y su hijito de un año. En la capital inglesa habían subsistido como artesanos del cuero, pero las dificultades económicas sumadas a la imposibilidad de Miguel de insertar su música cantada en español en el circuito londinense, llevó a la pareja a buscar refugio en casa de Wiener.

Entre los artistas que vivían en esa comunidad se encontraba el músico argentino Edgardo Cantón que se dedicaba a la música electroacústica. Cantón le pasó a Miguel el nombre de Moshé Naïm y le dijo que si quería salir de su situación económica crítica que lo contacte. Treinta años después Moshé Naïm contó: “Miguel Abuelo vino, lo puse en el estudio con la guitarra y le pedí que hiciera una canción y cantó. La segunda. La tercera. Me fascinó. Tocaba todo y todo extraordinariamente. Yo ya sabía lo que él era. Miguel estaba seguro de lo que era. Yo no tenía dudas que era una estrella”.

Moshé Naïm era un multimillonario francés de origen judío que gastaba su fortuna en financiar proyectos artísticos con pocas chances en el mercado. Su productora se llamaba Les uns par les autres (traducido al español: Los unos para los otros). Moshé vio en Miguel Abuelo el germen de un genio e hizo todo lo posible para llevarlo a la fama internacional. Hay que tener en cuenta que en ese momento el músico había publicado apenas unos sencillos por la discográfica Mandioca en Argentina y probablemente esos discos nunca llegaron a Moshé. El productor estaba fascinado por el temperamento, por la presencia y, claro, por las ejecuciones en vivo de Miguel.

Después del intento en falso de grabar un disco solista, convocaron al guitarrista argentino Daniel Sbarra, al chelista chileno Carlos Beyris y decidieron grabar un disco en banda con temas nuevos. Moshé se encargó de proveer al grupo de equipos e instrumentos. La formación la completaron el baterista Daniel Rodriguez y el bajista Pinfo Garrigo. El resultado de las grabaciones fue un LP de siete temas largos con formas que se desenvuelven y evolucionan, partes contrastantes y diversidad de texturas. La impronta progresiva y hardrockera de Sbarra se combinó con las melodías trovadoras y psicodélicas de Miguel. Riffs metaleros en guitarra eléctrica y cánticos que parecen improvisaciones en un bosque de un juglar medieval. A eso se le sumó la quena andina de Juan Dalera, los efectos electrónicos de Edgardo Cantón, el Minimoog de Gustavo Kerestesachi y los arpegios en clavicordio de Horacio Vaggiona.

Moshé Naïm, impresionado con los resultados, organizó una gira por Francia que tuvo buen recibimiento de la crítica y el público pero muchas falencias organizativas. Lo que precipitó la ruptura del grupo –incluso antes que llegue a terminarse la edición del disco– fueron las tensiones entre Miguel Abuelo y Daniel Sbarra. “Yo había programado hacer la promoción en España, en los países americanos... Fue un sueño inconcluso, el principio del fin. Se separaron y Miguel desapareció…”, contó Moshé Naïm.

Después de abandonar los proyectos del productor francés, Miguel Abuelo volvió a vagabundear por Europa y terminó recalando en Ibiza, donde ya había estado tiempo atrás. Sabía que ahí podía ganarse la vida tocando en restaurantes durante la temporada de turismo. Una madrugada, durmiendo en un campo a la intemperie, después de una fiesta orgiástica, Miguel fue apresado por la policía como sospechoso de un presunto robo. Se demostró su inocencia pero quedó detenido por estar indocumentado. Meses después lo sacó de prisión su ángel guardián, Moshé Naïm. Pero Miguel no volvió a asociarse con el productor francés. Empezó a rondar por su cabeza la idea de volver a formar una banda. Esa idea terminaría de gestarse en 1981 cuando regresó a la Argentina y pisó fuerte los escenarios con Los abuelos de la nada.

 

Escuchá la entrevista al director Juan Manuel Muñiz Oribe!

 

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