ISACO ABITBOL: PATRIARCA MESOPOTÁMICO

Audiovisuales
28 de octubre de 2015

Se proyecta en Rosario Hoy toca Isaco, el documental que va tras la historia del "patriarca del chamamé" Isaco Abitbol (1917-1994), una de las figuras fundamentales del género. Ignació Blaconá, el realizador de la película, nos cuenta en esta entrevista cómo fue ir descubriendo al bandoneonista y compositor a partir de los testimonios de otros referentes del chamamé.

Por Bernardo Orge

“Solamente un hombre con la capacidad espiritual de él puede llegar a tocar como tocó”, reflexiona Raúl Barboza. “Pone una nota y decís nadie pone esa nota como Isaco”, comenta Chango Spasiuk. “Tocaba y venían pianísimos, crescendos, agudos, gravísimos. O sea, no te aburría tocando solo”, enumera Antonio Antonio Tarrago Ros.

Estos testimonios, como aquel otro que dice que una noche “después que tocó Isaco, Piazzolla lo apuntó con el dedo y dijo `este es el mejor bandoneón que escuché hasta hoy en Buenos Aires”, se escuchan en el tráiler de Hoy toca Isaco, trabajo documental de Ignacio Blaconá sobre el músico correntino Isaco Abitbol, bandoneonista admirado por muchos y considerado uno de los padres fundadores del chamamé.

Según cuenta Blaconá en La Canción del país, la idea de la película surgió del interés que despertaron en él las anécdotas sobre Isaco que refería su suegro, sobrino del bandoneonista y compositor. A partir de esas historias de sobremesa se fue tejiendo la red de testimonios que descubren a Abitbol en al menos dos facetas: la del músico que en los 30` tocó junto a  Emilio Chamorro en los “Los Hijos de Corrientes”, y en el año 1942 fundó junto a Ernesto Montiel el renombrado “Cuarteto Santa Ana”, pero también la del hombre de pocas palabras de quien todos ponderan su perfil bajo, su humildad y espíritu bohemio.

En busca del creador de La Calandria

Al momento de empezar a filmar, Blaconá no era un iniciado en el chamamé. Todo lo contrario. Por lo que cuenta, más que un melómano revisionista parece un investigador implacable que sigue la pista de su curiosidad para descubrir la historia de un músico genial, particularmente modesto, empatado con su vida mesopotámica. Blaconá se acerca a Isaco con una mirada extrañada, no conoce de chamamé y por eso no da por sentado el lugar de jerarquía que ocupa el bandoneonista en la historia del género.

¿Quién es este tipo de inocultable origen sefardí, nacido en la frontera con Brasil, de este lado del río Uruguay, que inventó una forma de encarar el bandoneón y ahora aparece nomás en algún video de Youtube, viejo, tocando en un asado? ¿Es verdad que Troilo y Piazzolla eran sus fans? ¿Hasta qué punto influyó en la música litoraleña que escuchamos ahora?

Preguntas por el estilo deben haber ido apareciendo en la cabeza del director mientras maduraba la idea del film. Por eso, para el oído chamamecero, la película salda lo que quizás era una deuda con uno de los padres fundadores del género, pero además, para el espectador lego, es la oportunidad de conocer una vida dedicada a la música, que se descubre de a poco, con la misma fascinación con que la descubrió el realizador.

"Para los chamameceros Isaco es un baluarte, por eso los testimonios fueron muy sentidos. La gente hablaba de Isaco con mucha emoción. Pero la historia de Isaco es maravillosa y excede el mundo del chamamé, es un artista popular y vale la pena conocerlo”, dice Blaconá.

De Rosario a Corrientes

"La realización del documental empezó en Rosario. Cuando venían referentes, chamameceros (Spasiuk, Barboza, Antonio Tarragó Ros, Mario Bofill, entre otros), les hacía notas, que fueron volviéndose cada vez más profundas, porque también mis preguntas eran cada vez más profundas a medida que me iba empapando del tema.", cuenta Blaconá. "Pero llegó un punto en que dije 'bueno, no es posible seguir con esto si no me voy a Corrientes, si no conozco un poco de qué se trata el mundo del chamamé'. A partir de ese viaje a Corrientes me di cuenta que no iba a poder parar."

Isaco Abitbol nació en 1917 en la localidad de Alvear, una pequeña ciudad correntina situada cerca de la desembocadura del Aguapey en el Uruguay, que al principio no era más que una posta para los comerciantes y traficantes que cruzaban desde Itaquí, la ciudad brasilera del otro lado del río. Si uno busca fotos en Google aparecen entre otras cosas una extraña escultura en acero de estilo constructivista que anuncia la entrada al pueblo, un hombre sosteniendo un surubí de 50kg que casi lo iguala en altura y una estatua de Abitbol.

"Este es el primer documental sobre Isaco y el primer documental, que yo sepa, sobre alguno de los máximos referentes del chamamé. Hay muy poca producción audiovisual sobre el mundo chamamecero. El amante del chamamé no está acostumbrado a ver un trabajo así. Al ir a ver un espectáculo busca más escuchar a un músico, bailar, cantar. Pero sentarse a ver una película sobre chamamé no es algo que esté instalado. Eso fue un desafío."

Pero además de la incertidumbre en cuanto a la recepción, Blaconá tuvo que sortear una dificultad mayor, el recato y el bajo perfil que mantuvo durante toda su vida artística Isaco, que al parecer era hombre de pocas palabras: "El no era un persona de dar muchas notas, ni siquiera de hablar mucho. Era un tipo parco. Hablaba con las personas solamente en ciertos contextos. Un tipo que prefería siempre la humildad, la bohemia total, la sencillez a los grandes espectáculos, a las grandes pompas. La sencillez de él contrastaba con la complejidad de su música."

"Por eso costó tanto encontrar material. Tuve que rastrear material de archivo, hicimos muchos viajes a Corrientes y a Misiones, donde vivió. Estamos hablando de una persona que falleció hace veinte años, cuando los registros audiovisuales no abundaban."

En uno de los pocos registros de Abitbol que se encuentran en internet, El Paisa, un aficionado que transmite su propio programa por Youtube desde la mesa de su cocina, rodeado por envases vacíos de Manaos, un bizcochuelo a medio comer, cables enredados, etc., introduce el video de Isaco y los Barrios en un toque con ambiente de peña registrado el 30/08/92, dos años antes de la muerte del músico. Sobre el final se ve al Patriarca callado, tranquilo, apoyado en una columna de madera escuchando como tocan los jóvenes.

La historia de un instrumento

"Los arquetipos del bandoneón no son solamente los tangueros, hay chamameceros que tocan el bandoneón", dice Blaconá. Y de paso desliza: "el chamamé es una música denostada". Y algo de verdad hay en eso.

Los exponentes históricos del chamamé –Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel, Isaco Abitbol...– no forman parte del canon de nuestra música popular. Suena duro, y hasta paradójico si se tiene en cuenta que el chamamé es uno de los ritmos más vitales de la tradición folklórica argentina, por expansión geográfica y descendencia.

Si uno es entrerriano, correntino o santafesino, por ejemplo, y se va para el noroeste con una guitarra, no va a zafar de que le pidan un chamamé. Porque en los caseríos desparramados por los cerros calchaquíes se baila música del litoral. Y si uno sigue el desarrollo del acordeón en la cumbia santafesina, seguramente encuentre algún giro montielero allá y acá. El chamamé está vivo, se toca y se baila, pero sus principales figuras nunca fueron elevadas a la altura de Gardel, Yupanqui o Troilo.

Según cómo se lo mire esto puede ser bueno o malo. Por un lado, quiere decir de alguna manera que el género no se detuvo, no quedó criogenizado bajo tres nombres célebres y ya, sino que sin olvidar su herencia sigue reinventándose. Pero por el otro muestra que la tradición chamamecera, tan rica, no circula tanto como otras por fuera de los círculos de entendidos.

"A mí realmente me satisface poder presentar este trabajo, que creo que excede el mundo del chamamé, porque Isaco empezó tocando tango, y era un tipo cuya cabeza estaba permanentemente abierta para otros tipos de música", dice Blaconá.

Esta última frase es clave. Revalorizar la figura de Abitbol, más allá de lo que significa intrínsecamente dentro del ámbito chamamecero, puede servir para completar la historia del bandoneón en Argentina, contada generalmente de manera parcial. Si la genealogía de la guitarra en nuestro país incluye como figuras prominentes tanto a Yupanqui y Falú como a Grela e, incluso, Norberto Napolitano –y tocar la guitarra en Argentina hoy significa hacer algo con todo eso–, la del bandoneón debería incluir a Abitbol. A lo mejor eso ayudaría a despegar el fuelle del estereotipo tanguero y a descubrir nuevas posibilidades para los bandoneones jóvenes. Uno puede imaginar a Isaco apoyado contra una columna, en silencio, escuchándolos tocar.

 

Proyección de Hoy toca Isaco
jueves 29 de octubre a las 20 hs
Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, San Martín 1080

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