Daniel García en el Castagnino

Predecir el pasado

ARTE
16 de julio de 2022

Trabajo de observación sobre la exposición “Trance y otras pinturas” de Daniel García.

Por Lila Siegrist

 

Iniciamos un recorrido por el primer piso del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino junto al artista Daniel García (Rosario, 1958). Una protagonista, seres animados en la trascendencia, deidades, volúmenes medievales y renacentistas, paños del vestigio, se expanden para conformar una instalación maquinal. La nostalgia y los recuerdos de esta cronista son indisolubles al momento de escribir.

Criaturas prohijadas por el cosmos endógeno del pintor. Momentos de no ser de estos personajes, que logran el cobijo y la contención en los lienzos extendidos sala por sala. Funciones telúricas sepulcrales, coda y bataola de una pintura que se sostiene brevilocuente, en un lenguaje que solo él puede elaborar. Reliquias instaladas como un corpus que nos inquieta.

En su trayectoria de décadas, Daniel García ha ejecutado afasias como fenómenos policromados, hasta llegar a esta serie que propaga un rostro reconocible: Gilda Di Crosta. Por primera vez, retrata una identidad, asociada con un nombre amado, con los versos, con los gestos de la ternura. La melena castaña clara rojiza de Gilda, docente y poeta, encuadra un semblante reconocible y querido. Recorro la sala, junto con García y el poeta Cristhian Monti, y nos conmovemos.

Con refinamiento alegórico y ajustado virtuosismo, el artista define espacios como pequeñas ermitas paganas, constituyendo una senda topo-específica. En esos templetes, de un gris tan morado rusiente como verde vergel, se encuentran las claves para leer este homenaje al oficio, a los oficios de la poeta, al oficio de la pintura y a los oficios amatorios. En cada uno de estos altares pictóricos, que requieren cercanía con el plano de exhibición, hay claves cruzadas en cuerdas tangentes a otros espacios del recorrido.

Alfabetos planos, animados y grelísticos, rostros orientales y cuerpos de dinastías con extremidades amputadas. Muñones como remates de la quietud, en la motricidad fina mutilada. Cuerpos en recuperación y en letargo. Armazones óseos como disfraces de la parodia y la parca. Ritos resueltos por la memoria del amor.

García pone a bailar las guirnaldas del medioevo con las imágenes que nos ofrece internet. Su repertorio léxico varía grados de iluminación, entre seres marginales, diablos, historias celestiales, escenas solitarias o infernales. Organiza una fuente prolífica comparable al Salterio de Luttrell. Figuras medievales, mitológicas, moribundas, dispuestas en la arena del circo y la acrobacia, en una manifestación encolumnada con el homenaje, con la quietud profunda y temeraria.

Ejercicios de la pintura clásica: jarrones con flores adornando cuerpos en descomposición, cuerpos en escorzos sin volumen, cuerpos de la pintura renacentista con la luz de Giotto, al borde, entre dos edades históricas. Aliteraciones que nos disparan a las prácticas medievales y luego a las discotecas en la Beijing sintética. Torsiones y trasportaciones paranormales, en la atemporalidad de un espacio que podría existir en un estertor susurrado.

La pintura de Daniel García, y en especial esta serie exhibida en el Museo Castagnino, no está relacionada únicamente con el pasado, ya que es retrospectiva pero también prospectiva: el futuro de la añoranza nostálgica. Esta obra origina tradiciones excéntricas e impide establecer una distinción entre sujeto y objeto. Pienso en los amores de otros tiempos. Esta pintura tiene dos cabezas.

Se activa la relación que existe entre la biografía de nuestra comunidad cultural y la memoria personal. Así examino las sombras que aparecen en los márgenes, en los vericuetos por fuera de los bordes de las pinturas. Una arqueología dual de la memoria y del espacio, una historia dual de las ilusiones, paisajes poéticos que van desde la mente hasta el ciberespacio, modos de la tristeza universal. Se arma una estética de la supervivencia, vinculada al extrañamiento y a la melancolía. Daniel García nos hace aminorar el ritmo y nos habilita un espacio celeste fuera del tiempo, o más bien, en el tiempo de la ensoñación, en el que resuena siempre la dulce voz de la poeta.

 

 

 

Trance y otras pinturas del artista rosarino Daniel García, se puede visitar hasta el 06.11.22 en la planta alta del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino (Avenida Pellegrini y Boulevard Oroño).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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