LAS FORMAS DE LA VERDAD Y LO QUE VEMOS. FABIÁN BURGOS Y SU OBRA NEOCINÉTICA

ARTE
21 de mayo de 2018

Texto Rafael Platner. Entrevista Perry y Maite Acosta.

#Entrevista #LaColumnadeMaite

La percepción de patrones visuales tiene un origen primitivo y se relaciona con la supervivencia de nuestra especie en la naturaleza. Captar el paso de una bandada de pájaros por el cielo como un único desplazamiento y no como una miríada de movimientos individuales e independientes; distinguir una sombra fuera de lugar entre las verticales paralelas de un bosque; reconocer figuras familiares en lo inexplorado –como la búsqueda de formas en las nubes. Ver en lo aleatorio formas conocidas; en lo simple, lo complejo. Esas operaciones de simplificación que realiza nuestro cerebro, que permiten una interpretación eficaz de la realidad, no siempre se condicen con los datos objetivos.

Sobre su cuadro “Líneas paralelas azul”, Fabián Burgos dijo “son líneas que parecen curvas pero en realidad son paralelas”. Hace falta acercar la mirada y reducir el campo visual para recién entonces captar las líneas efectivamente como paralelas. A la distancia no solo se ven curvas sino que parecen estar en un movimiento indeciso e incómodo, una especie de animación de un solo fotograma. Hasta no apoyar una regla sobre las rectas trazadas por el pintor nuestro cerebro no descansa e intenta, sin éxito, fijar una realidad. “En esa época estaba muy enrollado con el concepto de la Verdad. ¿Qué es Verdad?”, comentó Burgos. La búsqueda de la Verdad en la percepción visual puede ser inquietante ya que el punto de partida presupone una ilusión: la tridimensionalidad es el resultado de un proceso cerebral que combina la información de dos imágenes planas.

Fabián Burgos nació en Buenos Aires en 1962. Empezó sus estudios con Luis Felipe Noé y en 1991 fue becado por la Fundación Antorchas para estudiar con el pintor Guillermo Kuitca. Su obra es definida como neocinética –por generar la ilusión de movimiento en algo que no lo tiene–, abstracta –por no ser figurativa– y geométrica . “De la velocidad al cuadro inmóvil” es el nombre de la muestra presentada en la Sala Trillas del Teatro El Círculo de Rosario.

Su obra es definida como neocinética –por generar la ilusión de movimiento en algo que no lo tiene–, abstracta –por no ser figurativa– y geométrica . 

Los cuadros de Burgos ponen en evidencia los mecanismos de interpretación de las formas, apelan a la programación de nuestro cerebro. Una determinada disposición de figuras puede engañar nuestra percepción y hacernos ver, como en el ejemplo de “Líneas paralelas azul”, curvas donde solo hay rectas. El cuadro titulado “Box” es un patrón de líneas verticales negras sobre un fondo gris. De lejos se distingue una mancha oscura y algo inestable que de cerca –a través de un recorrido meticuloso por la grilla– desaparece sin dejar rastro.

El pintor buscó la ilusión de dinamismo no solamente en el tratamiento de las formas sino a través de los colores. “Yo leía muchas revistas de física, de ciencia, antes de pintar incluso. No me interesa la ciencia especialmente pero me interesaban los dibujos, las representaciones gráficas. Y vi una representación gráfica del espectro de luz. Y era eso: un renglón de colores”, dijo Burgos. El 13 de octubre del año 2008 el amplio frente del Edificio del Plata, con vista a la Avenida 9 Julio de Buenos Aires, apareció cubierto por una tela vinílica de 88 metros de largo por 34 metros de alto con una infinidad de franjas horizontales multicolores. Cada franja se parecía al espectro de luz visible, una transición de colores pero en sucesiones diferentes y variadas. “Los coches a veces cuando vos los ves pasar son como un barrido”, observó Burgos.

Los renglones en degradado parecen una fotografía de larga exposición de los carriles de la Avenida 9 de Julio, un “movimiento óptico sin tener movimiento mecánico”. El degradado entre lo colores, el borramiento de los límites entre uno y otro, genera también un efecto de desenfoque que fuerza a quien lo mire a intentar elaborar una figura nítida. Esa búsqueda también es dinámica e inestable.

En el 2017, Burgos trabajó con sus cuatro ayudantes en andamios colgantes de las torres Brickell Heights de la ciudad norteamericana de Miami. Rodearon la base de los edificios con un inmenso mural compuesto también por renglones de colores en degradado, pero a diferencia de la gigantografía de la Avenida 9 de Julio –impresa sobre vinilo– esta obra fue pintada a mano sobre la superficie. Las dimensiones de los renglones de cuatro centímetros de alto de la pintura original fueron ampliados hasta el metro y medio. Burgos se encontró con una complicación técnica: cómo lograr el degradado que en los cuadros resuelve con un movimiento de muñeca.

 

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“Después de meses de pensar y consultar se me ocurrió algo bastante obvio que es hacer una escala de color. Es decir, poner un amarillo y un azul y el degradé lo vas haciendo con la escala de colores. Los chicos no solo tenían que poner la escala con rodillo y después fundir sino preparar un degradé de 27 colores”. Luego se recubrió la obra con un barniz refractor de los rayos solares para que el sol radiante de Miami, tan codiciado por surfers y bañistas, no degrade los colores.

 

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