LA MATERIALIDAD ES EL MENSAJE

ARTE
4 de junio de 2016

Daiana Henderson

La muestra El procedimiento silencio, curada por la profesora y licenciada en Bellas Artes Clarisa Appendino está compuesta por 21 obras de 23 artistas contemporáneos crecidos o formados en Rosario y puede visitarse hasta el 26 de junio en el Espacio de arte de la Fundación Osde (Oroño 973), de lunes a viernes de 12 a 20hs, y los sábados, domingos y feriados de 17 a 20.

Dispuesta en dos pisos, el quinto y el cuarto, se puede hacer un recorrido por una heterogénea producción local. Además de la coexistencia de la producción en una ciudad y un tiempo determinados, ¿cuál es el concepto, la palabra, la idea nodal que vuelve familiares cosas aparentemente tan disímiles como los collages de recortes simétricos de papel sobre madera de Manuel Brandazza, las piezas de cerámica popular a las que se le injertan piernas humanas de Virginia Chouhy, los vaciados de yeso en bolsas de plástico de Mimí Laquidara, los paisajes románticos en azul de Gastón Herrera o los videos urbanos nocturnos superpuestos con audios de noticieros locales de Gastón Miranda?

Una respuesta tentativa: “El punto de vista crea el objeto” decía Pierre Bordieu. En el caso de El procedimiento silencio la mirada está puesta sobre la materialidad de la obra y funciona como una invitación a interrogar, descubrir o imaginar la cadena de acciones y decisiones que un artista traza para el desarrollo final de su obra.

“El procedimiento silencio deriva de poder iluminar, activar la voz de esos modos de hacer que muchas veces quedan silenciados o que no se observan con total relevancia en las obras de los artistas. Aquí se intentan señalar para pensar qué cosas hizo el artista para llegar a esas materializaciones y poder indagar allí los sentidos discursivos y estéticos. Por eso es muy heterogénea en sus materialidades, en los conceptos y en las ideas que desarrollan los artistas porque justamente se intenta poner en evidencia, interrelacionar una multiplicidad de procedimientos que se ponen en situación en esta muestra” dice Appendino.

Las obras de esta muestra, o la mayoría de ellas, dejan un resquicio, una pista por donde entrar a lo que siempre queda velado, el detrás de escena, es decir: el punto de partida, el blanco, el material crudo. 

El conocidísimo axioma de Marshall McLuhan “El medio es el mensaje”, es (no casualmente, me entero ahora) tomado de una observación del poeta T.S. Eliot según el cual “el contenido de un poema es como un pedazo de carne que el ladrón lanza para distraer al perro guardián.” El contenido sería algo así como un elemento distractivo, de modo de que la magia de la forma pueda hacer su trabajo subconsciente en el lector/espectador. Las obras de esta muestra, o la mayoría de ellas, dejan un resquicio, una pista por donde entrar a lo que siempre queda velado, el detrás de escena, es decir: el punto de partida, el blanco, el material crudo. A la cercanía espacio-temporal de sus autores se le agrega la voluntad de mostrar el proceso artístico por lo que realmente es: búsqueda, trabajo, error, insistencia, y no un resultado impoluto con pretensiones perfeccionistas.

Joaquín Boz trabaja óleos y aceites hasta conseguir una textura espesa, parecida al barro, que se resquebraja y deja ver el dibujo que el lienzo hace de manera caprichosa y natural sobre la sustancia endurecida que se le impone. Carolina Grimblat trabaja con el concepto del Kintsugi en la que lo fracturado es arreglado, reincorporado, con oro, al contrario de la restauración que pretende auto-disimularse, platos decorativos de cerámica rotos al que se le incorporan elementos naturales secos como espigas de trigo o semillas de cereza, según Grimblat “unidos de alguna manera temperamental, no con el cuidado de embellecerlo, sino de hacerlo explotar”. Ximena Pereyra trabaja sobre una fotografía de importantes dimensiones el tallado que blanquea la impresión fotográfica rojiza y pierde el referente inicial, generando una interesante inversión: la imagen se vuelve el soporte, el blanco del papel fotográfico original develado y trabajado por el tallado es el que comunica.

Una de las tres piezas de la serie “Te sigue un perro de humo” de Juan Hernández es una aguada de importantes dimensiones compuesta por 42 hojas A4 pegadas a la pared que componen un solo paisaje montañoso; es la única de la serie “colgada” y sin enmarcar, puesto que sus dos compañeras galácticas de dimensiones menores descansan enmarcadas sobre el piso, siendo la disposición de las obras parte central de lo que se propone al espectador.

Simbólicamente la muestra “se desanda”, empieza por el quinto piso y termina en el cuarto. Según la curadora, en el quinto piso, el núcleo Variaciones alegóricas “intenta pensar este concepto como una búsqueda de los sentidos más allá de lo literalmente visible en las cosas. Vamos a encontrar obras que señalan sentidos, sugieren conceptos o modos de construcción de objetos o intervenciones de los mismos de distintas maneras. Los sentidos no están totalmente dados ni develados, hay que buscar en los fragmentos en los modos de intervenir el espacio, de apropiación, de construir nuevos pensamientos o significados a los objetos que se construyen o que se utilizan para producir la obra”.

En el cuarto “se desarrolla una reflexión perceptiva y representativa del espacio a través del núcleo Modulaciones del espacio que, si bien es una idea muy presente en la historia del arte, desde el arte contemporáneo se intenta visualizar desde distintos ámbitos, ya sea desde una representación o mirada sobre los espacios vinculados a la naturaleza, o a relatos más regionales del río Paraná, o de barrios de Rosario, incluso también a la ciudad misma.”

Escuchá La columa de Maite con Carolina Grimblat y Carlos Aguirre de invitados!

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