En tiempo real es la primera exposición individual en Rosario de Gyula Kosice (1924-2016) e incluye más de sesenta piezas realizadas entre la década del cuarenta y el siglo XXI. El artista de vanguardia creó desde la experimentación y la utopía. Se destaca su Ciudad Hidroespacial, viviendas flotantes como propuesta de una vida posible ante la devastación del planeta Tierra.
Por Hagar Blau Makaroff
Una tendencia consolidada en los últimos años en diversas exhibiciones alrededor del mundo, es la que invita a vivenciar la obra de artistas consagrados mediante la ampliación de las experiencias sensoriales: Monet, Picasso o Van Gogh son algunos de los casos. En pantallas, pisos, paredes y techos de museos y salas se proyectan las obras más afamadas mientras el público transita esos espacios.
Muchas décadas antes de estas “experiencias inmersivas”, un inmigrante veinteañero que trabajaba en marroquinería con sus padres, pensó junto a otros artistas cómo abrir el campo de posibilidades del arte concreto. Lo hizo desde el movimiento Madí, y entre otras ideas disruptivas, buscó que las obras trascendieran los límites del marco, retomando la premisa de que arte, ciencia y técnica podían ir de la mano en pos de una sociedad más habitable. Llevó su propuesta de una ciudad flotante a ingenieros de la NASA: viviendas hidroespaciales para un futuro posible, a partir de la energía hidráulica de las nubes.
Ese joven, ávido lector con conciencia social, interés en la física cuántica y de carácter inventivo, se hizo llamar a sí mismo Gyula Kosice, en homenaje a su ciudad natal en Eslovaquia. Desde los prodigiosos años cuarenta de los comienzos hasta sus últimos días en 2016, el artista visionario nunca dejó de explorar sus obsesiones principales: el agua, el aire, el movimiento, la luz y los materiales plásticos.

Desde el pasado 29 de abril hay un recorte de la "experiencia kosiceana” en el Museo Castagnino (Av. Pellegrini 2202) con ejes temáticos “como células”. La propia institución convocó a la curadora Jazmín Adler, especialista en el vínculo entre arte, ciencia y tecnología, quien bautizó a la muestra “En tiempo real”.
Hay obras de Kosice de tamaño enorme junto a otras pequeñas. Algunos salones permanecen oscuros, se suceden cascadas, semicírculos, pasarelas, y gotas inmensas iluminadas con movimientos kinéticos de aire o de agua, paneles de planetas y estrellas. Todo un recorrido para sumergirse en los mundos del artista.
Al comienzo aparecen algunas de sus obras articuladas en madera. Röyi (1944) fue la primera escultura articulada y móvil de Latinoamérica y una obra pionera del arte cinético mundial. También se puede ver una escultura de bronce flotante: ambas disruptivas si se piensa que fueron creadas en los cuarenta, veinte años antes de las corrientes del arte participativo.
Dos documentales sobre Gyula Kosice invitan a viajar de manera audiovisual por la vida del artista. Uno de Canal A y otro con fragmentos del programa Sucesos Argentinos.
En la segunda sala, para introducir al espectador en el movimiento “Madí”, se despliegan esculturas de maderas y metales coloridos. Esta corriente de arte no figurativo y original derivada del arte abstracto fue iniciada en 1946 en el Río de la Plata por los artistas uruguayos Carmelo Arden Quin, Rhod Rothfuss y por el propio Gyula Kosice.
"La pujanza de este movimiento nacido en un barrio porteño tiene adherencias en toda Latinoamérica y países del mundo como Japón. Enn fin, sobre gustos no hay nada escrito", señala la voz de un acartonado locutor en el registro de Sucesos Argentinos.

En las profundidades de la siguiente sala se pueden ver exoplanetas de lunares luminosos, una pasarela de lunas, y tres esferas semicirculares. Un pequeño planeta flota dentro de un cubo de forma misteriosa (imposible detectar el artificio) mientras cambia de colores, y a su lado un cuadrito de luces psicodélicas que rotan, modifica su curso al percibir un aplauso o un sonido fuerte.
La muestra continúa en un viaje por sus células acuáticas y espaciales. Las sucesivas salas son negras pero el neón azul de las esculturas propone un viaje supersónico a futuros posibles entre acrílicos, luces led y gas neón.
Del mundo azulado se pasa al subacuático. “Una gota de agua acunada a toda velocidad” (1948), es una de las más reconocidas de Kosice y fue su primera obra hidro cinética, al presentar agua en movimiento. Aunque el nombre que lleva sugiera otra cosa, se trata de una gota de aire inyectada dentro de un nivel de agua, y a partir de un motor que genera el movimiento pendular, la gota se mueve constantemente, acunada por el agua que la rodea.
En la sala central del Castagnino, un texto en la pared avisa que ese es el el punto invencionista para sentarse a contemplar, "un viaje hacia el agua y la calma donde el tiempo se detiene para volver a crear y habitar sensaciones".
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En una célula oscura y espaciosa irradian con fuerza una decena de esculturas hidráulicas; gotas de distintos colores y semicírculos con cascadas de agua constante, burbujas que suben en medio de puntos de luz. Allí envuelven al espectador las sensaciones relajantes del sonido acuático y las luces. Estas piezas fueron creadas desde 1965 hasta entrados los 2000. El agua no había sido utilizada hasta entonces como materia con objetivos estéticos.
La exhibición incluye también una sala dedicada a las relaciones de Kosice con los reconocidos artistas rosarinos Antonio Berni y Lucio Fontana. “Entre cartas que se intercambiaban, Kosice explicó a Fontana por qué se distanció del movimiento de artistas concretos (los del inicio del recorrido) para abocarse a experimentar con el espacio. Ambos pensaban explorar con el espacio más allá de la obra física. Y con Berni coincidió cuando Gyula fue curador del pabellón argentino en la Bienal de Venecia en 1972. Fue en esa bienal que Berni ganó el gran premio de grabado”, dijo la curadora en un recorrido por la muestra.
Una pieza cuadrada de la altura de un adulto captura un movimiento y lo congela, entre burbujas azules y transparentes. Parece hielo o vidrio pero es acrílico. El ancho pasillo que llega a la sala central fue ploteado con una gigantografía de obra digital llena de enormes y coloridos platos voladores. Son la invitación para subirse a las ciudades hidroespaciales como las pensó Kosice en 1969. Cuadros lumínicos representan la vastedad de exoplanetas y estrellas, esos hábitats hidroespaciales -constelaciones enteras con nombres de mujeres-, promueven utopías del presente.
“Era un espíritu creativo guiado por la invención ya desde sus 20 años. Su familia tenía una marroquinería en la que trabajaba, y esa inventiva y esos materiales los llevó a las artes. Me parece central pensar a Kosice como inventor” dijo Adler. “Ya en la revista Arturo estaba la noción de invención ligada a la práctica artística y con una estética científica, donde lo individual cede paso a lo universal y racional. Ese espíritu lo acompañó hasta el final de sus días”.
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El poema Pedestal de agua de Kosice es uno de los textos de la muestra.
(…) un gesto
sería suficiente para atrapar otra realidad
no quiero hacerlo
estoy cómodo con detonar las nubes
y no deseo otra cosa
que descalzarme
y convertir todo esto en una playa de arenas tibias
grano fino y mar rompeolas
Estoy por entrar a mi habitación
¿durante cuántos años durarán
todavía las puertas?
Es mi entrada al relampagueo.
Sobre el cierre del recorrido, las obras de Kosice se vinculan con otras de la colección del museo y una obra de Mariana de Mattheis, encargada especialmente para la muestra: “Conocía sus obras anteriores y le pedí realizar una instalación de arena inspirada en el imaginario de Kosice. A Mariana le interesó la obsolescencia y la caducidad tecnológica. Hizo esos desguaces que están hundiéndose o emergiendo de la arena. No se termina de saber si es el fin de algo o el comienzo de otra cosa”, dijo la curadora.


















































