Entrevista

Elina del Cisne: “Yo quiero ser una persona que se quiera”

ARTE
12 de octubre de 2022

Por Julia Enriquez 

 

Es de madrugada, estoy en la vereda empinada del bar, me acerco a una amiga a pedirle fuego. Está charlando con un ami suyo, a quien le dice: “¡Tengo que ir a tu muestra!”. Me inmiscuyo en la conversación y pido detalles. Me brindan las coordenadas y refrescan un flyer en mi memoria. Se trata de No voy a quedarme durmiendo de Elina del Cisne, también conocido como Lolo. Inauguró a mediados de agosto 2022. Llego a visitarla a comienzos de octubre, en una de las últimas semanas. Si no vieron estas obras en vivo, ya experimentarán el encantamiento de cruzarse con alguna creación o activación de Lolo.

La muestra se encuentra en el espacio de arte y marquería Rivoire, ubicado en el Pasaje Pam, y fue propulsada por Nicolás Mareco y Mauro Guzmán de Desmayo Galería. Ya desde afuera, a través del vidrio, es posible verlos asomados: mostris desafiantes y adorables, con volados y destellos, envueltos en una oscuridad violácea. Me acerco a conocerles: sus cuerpos twerkiados, uñas esculpidas, maquillaje ajustadísimo, accesorios precisos. Están saliendo a bailar, o en casa beboteando. Son seres que le buscan algún otro sentido a la noche, no piensan en descansar. Me detengo frente a una pintura y encuentro una costura, atraviesa el brazo bolichero que sostiene un cigarrillo y una pequeña cartera, esas que nos circunscriben a llevar lo esencial. En la pintura de al lado, todavía es de noche, pero el protagonista es un cisne fosforescente flotando en el agua, sosteniendo un corazón que lleva inscrito TKM, una casita acompaña desde lejos.

En una vitrina de afuera, en el hall del Pasaje, hay una instalación que incluye un catsuit fabuloso, de modal rojo y blanco, la cabeza cubierta y los pies coronados con plataformas, que Lolo confeccionó y usó para un ballroom algunos meses atrás, ya que participa del Movimiento Kiki Rosario. Estas piezas sumadas a las pinturas en la sala configuran un acceso al universo de actividades e intereses del joven artista: dibujo, pintura, vestimenta y performance, así como también la organización de propuestas y espacios junto con amigues.

Nos encontramos con Lolo a conversar sobre sus proyectos, influencias y horizontes. Él/Elle nació en el año 2000 en la localidad santafesina de San Lorenzo. Vivió en Capitán Bermúdez y a los 18 años se mudó a Rosario.

¿Fuiste a la escuela secundaria en Capitán Bermúdez?
—No, en Ricardone. Soy técnico agrónomo, rarísimo. Unos datos rarísimos, que a veces como que los veo en ciertas cosas puntuales. Es como... acostumbrarte a estar mucho tiempo en otro lugar que no es tu casa, entonces soy muy manija con trabajar, pero porque lo arrastré de ahí. Es como que hasta que no te cansés, lo suficientemente cansado, no tenés que parar. Yo allá estaba de corrido de 6 a 6 en la escuela, y después era otra persona, era ahí como una milipili más, y hay que hacer las cosas que hacen las chicas cuando tienen 16, iba al gimnasio, hacía todas esas cosas. Entonces era de las 6 de la mañana, que me iba de mi casa al colegio, hasta las 10 y media, que volvía. Cuando arranqué la facultad [Bellas Artes UNR] era como... ¿qué voy a hacer con todas estas horas? Y toda la gente ahí quejandosé, “re dura la facultad”, y yo estaba tipo, ¿cómo que tengo que ir 4 horas un día a la facultad? ¿Una cargada? [risas]

¿De dónde surgió tu entusiasmo por el arte?
—Siempre me gustó mucho dibujar, también mi familia es muy artesana. Mis viejos son muy de hacer un montón de cosas, ellos se armaron la casa solos, no sé, son unos locos. Mi vieja es muy mañosa y ella en mi casa tenía siempre cosas, yo tenía la autorización de agarrar esas cosas, después se iba a enojar porque siempre usaba mal esas cosas, pero siempre estuvieron los objetos ahí para que yo los usara, y era como bueno, ¡están ahí!, y los hacía mierda, y es como “¡no se te puede prestar un pincel porque lo hacés poronga!” y yo tipo: ¡y no, porque son cosas para destruir!... Mi vieja siempre trabajó en talleres de costura, ella te puede hacer cualquier cosa pero de alta costura, va a quedar impecable. Entonces se pone del ojete siempre que me ve coser. “De todas las formas que hay de hacer mal las cosas, a vos se te ocurre siempre la más ingeniosa”, me dice.

¿Y cómo fue la decisión de estudiar en la facultad?
—Fue como un rebote. En ese momento de mi vida estaba muy deprimido, y era como mis viejos diciendomé: “Si no tenés ganas de estudiar nada, no estudies nada, o tomate este año y después ves lo que querés hacer”. Era como... total va a ser un año sabático. Si no me gusta, la dejo, no la estaba estudiando para estudiarla de verdad. Solamente como que la voy a estudiar para no estar haciendo nada. Arranqué así la facu. Me gustó. La cuestionaba mucho. Me daban paja algunas cosas que nos hacían hacer... Y era como bueno, de acá puedo sacar un par de herramientas pero no sé si todas, porque no las encontraba del todo. Había materias que me encantaban y me re gustaba cómo las daban y las re disfrutaba, y después con otras materias era como: ¿gasté 150 pesos para que en una hoja me hagas hacer un círculo chiquito? Me da ganas de llorar. Pero fue un recambio, conocí mucha gente. Necesitaba conocer toda esa gente, me bajó una banda de data a la cabeza, era como: ¡uh, qué loco la gente que no es de Capitán Bermúdez!... Siempre tuve otras perspectivas porque mis dos hermanos ya vivían en Rosario, entonces de vez en cuando me escapaba, y ellos tenían amigos copados. Allá nunca sentí que encajaba, y de repente acá me hice un montón de amigues a les que no les tenía que dar ciertas explicaciones, de cómo yo iba a afrontar ciertas cosas de mi vida, cómo me vestía. Allá yo siempre lo intenté, pero siempre quedaba como una pelotuda. Si me vestía, me tenía que volver a vestir para vestirme como ellos se vestían, cosas así... Era como: “¡Oh Elina, cambiate, no podemos salir con vos así!”. Bueno, me cambio, me maquillo, hago todo lo que ustedes hacen, pero me sale mal. Y después me vine a vivir para acá, al ratito que arranqué la facu, y era como, bueno, yo puedo empezar una vida paralela, distinta.

¿Acá pudiste desplegar más quien eras?
—Tuve que ponerme a hacer un par de preguntas que no tenían muchas respuestas. Afrontar ser un poco más yo, y no sentirme mal intentandoló, también. Viste cuando uno está muy en algo que se está limitando solo, y que lo está limitando todo el entorno... Cuando de repente estás ahí, es como que te sentís súper chiquito.

Estás muy activo. Además de tu reciente muestra individual, coorganizás la SARKASTIKA Jam de Dibujo, junto a tu amiga Loi (Blood Sugar). ¿Cómo pensaron y armaron la propuesta?
—A Loi la conocí porque es amiga de un amigo de la facu, pero la conocí en [galería] Jamaica en realidad, una noche en Jamaica. Nos hicimos súper amigues. De repente compartíamos un montón de espacios. Loi habita mucho el Kiki también, entonces ahí nos empezamos a hacer más amigues, y estábamos muy manija. Loi es una persona que a veces no sé de dónde saca la información, y en una me dice: “Hay una jam de dibujo hoy, ¿vamos?”. Le digo: dale, mandame el coso, tipo dónde es. Me dice: “No lo encuentro por ningún lado”. Y después nadie subió nada de esa jam de dibujo, así que para mí fue algo imaginario. Fue como una epifanía de Loi. Y estuvimos hablando y fue como: vamos a hacer una jam de dibujo entonces. Y nos pusimos a averiguar un par de lugares. Hicimos una en el parque, después hicimos la del Bon Scott, la de El Club y una en la galería [Rivoire]. Ahora vamos a hacer una el mes que viene [noviembre] en la Lavardén, en la feria Pliega, que hacen Angie Juanto y Malena Guerrero. Va a ser divertido. Va a ser una Sarkastika fanzinera.

¿Cuál es la dinámica de la jam?
—La onda que habíamos pensado de entrada es: vamos a decirles que si quieren lleven cosas. La primera vez que la hicimos era una merienda en el parque, entonces: si tienen ganas de llevar algo para merendar y sus cosas para dibujar, la mejor, pero después vamos a poner igual cosas para dibujar, los materiales, por si ustedes no llevan nada, porque de repente capaz que, no sé, un amigue te dice “hay unos amigues que están pintando en el parque”, y vos caés y no tenés nada, y era como, bueno, quedate igual. Empezamos a hacer esto de la gorra para ir comprando más materiales y que siempre se repongan, más que nada para no tener que poner plata nosotros, porque si uno empieza a poner plata para los eventos que produce, hacés uno y después no hacés más nada, porque decís bueno, me sale re caro hacer esto... La Sarkastika es juntarnos a hacer un cadáver exquisito, dos cadáveres exquisitos grandes, grandes, grandes. Siempre ponemos un par de soportes grandes y un par de soportes individuales para la gente que no le gusta dibujar con nadie, porque también pasan. Y no sé, como que de repente el público de la Sarkastika es una gente muy manija que se manijea y que está dibujando nomás. Ponele, el día que estuvimos en El Club, era como bueno, vamos a poner música. ¡Pusimos música y la gente se fue! Y era tipo... ¡ah, vinieron a dibujar! Habían estado dos horas dibujando a lo loco, y se cortó un poquito y arrancaron para sus casas... Bárbaro. La juventud [risas].

¿Qué se fue dando con los encuentros?
—Pasa algo raro con la Sarkastika. Dijimos: va a ser un momento de reunir la misma gente que nos estamos cruzando en todos lados. Y nada que ver. Como que de la nada apareció un montón de data, de gente más chica, gente que está yendo a su primer año de la facu, que son amigos de amigos de amigos. Apareció un montón de gente re tierna, re copada, y es como: qué bueno que si los espacios no están, se gestionan los espacios, para que de repente siga apareciendo otra gente... Es que literalmente en Rosario conocés a una persona, y pasa algo muy gracioso. Yo hago muy flash sitcom de la vida en sí, porque vivir en Rosario es tener una sitcom propia. Es como... desbloqueás personajes. ¡Ay, conocí a esta persona, es increíble!, le contás a un amigue y te dice “ay sí, es mi primo” y después como que lo desglosás un poco más y conoce a toda la gente con la que te juntás, y después de que la viste por primera vez y, según vos, la conociste a esa persona, está instalada en toda tu vida. Eso también está pasando mucho. Es que conocés a la gente con tanta euforia, que vos decís: ¡ah, nos conocemos hace dos meses, nada que ver! [risas]

Por otra parte, asistís al taller Un Triángulo y Una Calavera, coordinado por Silvia Lenardón y Pauline Fondevila.
—Arranqué el año pasado [2021]. Tenía ganas de hacer dibujo por fuera de la facu porque me estaba aburriendo. Estábamos dando figura humana, que es algo que a mí me da mucha fiaca, porque era figura humana lineal y yo soy como muy vago para dibujar ciertas cosas, y ya estaba haciendo trampa, nos pedían un trabajo, me acordaba un día antes y calcaba todo, y era como: ¡no estoy dibujando nada! Me resulta muy divertido ir y decir: los jueves dibujo. Soy una persona que dibuja mucho, Pauline se ríe y dice siempre lo mismo: “Lolo es una máquina de dibujar”. En una hora hago cuatro o cinco dibujos, porque me genera mucha manija dibujar. Tener un espacio para dibujar, determinadas horas, es como... mi vida.

Hicieron una muestra colectiva del grupo de taller en Desmayo Galería.
—Después de estar en El Club, con el taller nos mudamos a Desmayo, estuvimos ahí un par de meses. Ahí conocí a Nico [Mareco] y Mauro [Guzmán]. Hicimos la muestra, todos teníamos que elegir un personaje diferente. Yo me encariñé con El Gato Félix. Pauline me llevó el libro de Daniel García [Un gato que camina solo, editado por Ivan Rosado, 2014] y me lo hizo leer y me lo quedé un re tiempo, y fue como: me voy a encariñar con Daniel García.

¿Qué artistas contemporánexs argentines te interesan?
—Daniel García me gusta mucho. Le robo un poco, en el sentido de... ¿el descuido, capaz? No sé, re atrevido de mi parte, pero porque vos las ves a las pinturas y decís: ¿de dónde salieron esas manchas...? Lo admiro muchísimo. Fui a ver la muestra en el museo [Castagnino] tres veces. Después siempre la tengo acá cruzada en el cerebro a Nicola Costantino, pero mucho, o sea, como que es molesto [risas]. Yo cuando iba a la primaria, iba a una escuela adventista, los adventistas son una gente complicada, y teníamos una visita al museo, acá, al MACRO, y vinimos y era justo la muestra de Nicola Costantino en la que ella se hizo una liposucción para hacer los jaboncitos. Claro, mis compañeras estaban todas asqueadas, las profesoras tipo “¿qué vinimos a ver?”, y yo estaba... ¡ah, estoy enamorado! La estudio a ella como artista.

¿Y artistas más de tu edad, de la ciudad de Rosario?
—Hay un montón de gente que me re vuela la cabeza. Todo lo que produce La Kande [Candela Roselló] me vuela la cabeza, ella es una genia. Criptomilenas es una persona muy del bien que conocí en estas cosas de Rosario, de desbloqueo de personajes, ah, sos amiga de todos mis amigos. También la muestra de Cris [Cristian Osuna] y Naza [Nazareno Marengo] en Jamaica ahora es increíble, ellos pintan increíble. Y ahora comparto taller con Ale Goma, también con Anne Gabillot, con Julia Bartulovich y con June que es una de mis mejores amigas, y nos manijeamos entre todes, vamos a hacer la apertura del espacio.

¿Cómo llegó la propuesta de Nico y Mauro [Desmayo Galería] de hacer tu primera muestra individual en Rivoire?
—Para mí la cosa fue así: siempre me gusta mucho toda la preparación de pensar qué me voy a poner, para ir a cualquier lugar. Yo voy al supermercado, yo me voy a vestir bien, porque estoy yendo al supermercado y pueden pasar un montón de cosas yendo al supermercado. Entonces es como que siempre digo: hoy me quiero vestir así. Ponele, hoy hice el look total jean. Siempre pienso mucho cómo me voy a vestir, y para mí a Nico le llamaba la atención cómo yo iba vestido al taller, porque yo soy un loco. Hay días que estoy vestido más o menos normie, y hay veces que soy Harper, la de Los Hechiceros de Waverly Place. Me acuerdo que nos pusimos a hablar con Nico y me preguntó si yo hacía la ropa que me ponía, porque me dijo que había visto la marca que tengo [junto a Valerie Valesska, Amantes Club], y que un día teníamos que hablar, hacer unas ropas. Aparte, para el cierre de la muestra [con el taller] habíamos intervenido ropa, yo la había intervenido con unas cosas medias raras, le había puesto óleo pastel, unas tintas. Después Nico me dijo que tenía ganas de que preparara unas ropas de diseñador, algo que fuera no tan usable pero usable, como ropa que fuera usable bien rara, para raritos, para tenerla ahí en la marquería. Y yo tipo: de una, me pongo con eso entonces, decime cuándo nos juntamos y yo mientras tanto voy acumulando cosas y vemos qué hacemos. Entonces me puse a hacer ropa, me había puesto a hacer ropa que literalmente tenía ganas de tener yo porque sí, y si Nico las quiere, yo se las llevo. Y justo esa semana que nos íbamos a juntar, él no pudo, y era lo del ball [Ballroom Ferocity Concha Fantasía Club Kidz, junio 2022] y yo me había hecho todo ese traje. Encima yo estaba re contento porque la temática esa a mí me encanta, yo re Club Kids siempre, muy fan, como que saco muchas referencias de eso para vestirme o armar cosas, porque me llama mucho la atención esa percepción tan desinhibida de todo... Veía la tela todos los días en el trabajo [una retacería], me llevé la tela, lo armé todo, como que está muy mal armado. Yo lo hice funcional. Era como: lo voy a usar ese día, entonces no me voy a poner rompebolas como me pondría si estuviera haciendoló para otra persona. Lo voy a hacer como lo haría cuando se me antojan las ganas de vestirme de una manera a la noche, y son las 6 de la tarde y lo voy a hacer para que dure hasta las 6 de la mañana, no más que eso. Esto va a ser funcional. Y lo hice así nomás, como para que me entrara, pero que si se destruía en el mismo momento, ya está. Tenía muchas ganas de pasar, y si no estaba como yo tenía ganas, no iba a pasar. Entonces armé toda la estructura esa y me terminó re gustando. Ese día pasé y me fue súper bien.

¿Era la primera vez que pasabas?
—Había pasado otras veces. En el Kiki debo estar hace como un año participando. Cuando empecé a participar, empecé desde un punto más de ayuda. Las chicas iban a hacer el ballroom, y yo me proponía de ayuda, juntaba plata, cosas así. Es como: toy chiquito, no sé qué hacer. En eso también estaba medio pensando cómo era bien mi personaje. Ese día, yo sentí que lo terminé de armar un poco, que es como un personaje más pibito. Ese día quedé muy feliz de cómo había quedado todo. Me puse a armar otras cosas en base a eso, y me tenía que juntar con Nico. Él había quedado muy entusiasmado con lo del traje que había visto por fotos. Yo había llevado un pedazo de la cabeza del traje, y él como: “¡Vamos a montarlo acá!”. Yo iba a ir a hablar con Nico de algo, y de la nada estaban Nico, Román y Mauro, y era como: “Tenemos ganas de que hagas una muestra”. Y yo tipo: ¿y de qué voy a hacer una muestra, si yo literalmente tengo dos locas cosas armadas así de ropa? Me empezaron a preguntar qué estaba haciendo, les mostré las pinturas que tenía hechas, re poquitas, y les gustaron. Me puse a pintar. Por ahí fueron apareciendo caras de amigues, escenas más nocturnas. En principio, cuando estoy pintando, empiezo a tirar líneas y no es nada, hasta que se arman las figuras, porque me gusta mucho todo lo automático de para dónde se vayan, porque así es como acomodo los cuerpos y quedan raros, porque si no, siempre me quedaban tiesos.

Hay una pintura en la muestra que se distancia un poco del resto, si bien es nocturna, pero no es sobre las salidas o el ballroom. Es un cisne fosforesciendo en la noche.
—Esa es del año pasado [2021] y el año pasado estaba más tierno. Era como: vamos a formar otro personaje distinto, pero para dejar de dibujar tantas personas, me había puesto a dibujar un montón de cisnes. Me había re obsesionado, porque es como un paralelismo entre cosas. Era toda una serie desde que uno ve a otra gente como un cisne, hasta que uno se puede llegar a autopercibir como un cisne, así como algo más lindo.

En el medio de otra pintura, se puede ver una costura. Se mezclan los lenguajes y materiales que te interesan.
—No me gusta tirar nada. Eso es algo re heredado de mi abuela. Como que siempre estuvieron las telas ahí. Viste cuando vos decís “eso no puede más”... era un vestido, va a ser una remera, era una remera, va a ser no sé, un top, y cuando ya no pueda ser un top, va a tener que ser un trapo de cocina, hasta que se autodestruya y no pueda hacerme una colita porque literalmente no sirve para otra cosa. Y es como esa maña de decir: ¿yo voy a tirar este pedacito de lienzo tan bonito que la naturaleza me ha provisto? No. Lo voy a guardar hasta que tenga quince pedacitos así y pueda completar el pedazo que tengo que llenar.

Comentaste que participás en el Movimiento Kiki Rosario. ¿Pertenecés a alguna casa?
—No. Ahora es como que hay un montón de casas y a su vez hay un montón de gente que participa como 007. Yo participo como 007, que es participar por fuera de las casas. Es una forma autónoma de representarte, porque capaz que si estás en una casa, tenés que cumplir como una misma estética, una misma fantasía y ciertas cuestiones. Y es la forma de que también cualquier persona que asista al evento, si pasa, se la va a celebrar como una 007 directamente, porque es una persona que no pertenece a ninguna de las casas, pero que aporta a la comunidad del ballroom. Ahí conocí a un montón de gente. Va re variando el mundo del ball. Al ser una escena tan chiquita, todavía es como que falta un montón de construcción, y esa parte es lo que a mí me incentiva, de decir ¿qué podemos hacer?, ¿qué podemos hacer para que cuando se acerca alguien se sienta cómodo? O desde dónde podemos construir esto, desde dónde parte. Porque uno también tiene una postura re desde el respeto, porque la escena de acá del ballroom no es como en otros lados. Acá está construida por y para las travas. Es resaltarles un montón el trabajo a las compañeras, que siempre fueron muchísimo más marginadas que cualquier persona que se pueda uno imaginar. Es resaltarles todo eso, y también uno se re nutre de eso... Aparte es como que, también, parte un poco de ahí lo que terminé pintando para el ballroom, digo, para la muestra. Una vez estaba hablando con la Noe, que es la madre de las Ferocity, nos hicimos muy amigues porque ella es re fantasiosa, y yo estaba tipo siempre: cuando vos quieras, yo te visto. Y la vestí para un par de eventos que ella tenía. Un día fue a mi casa y era como: “¿Todas estas pinturas las hiciste vos?”. Y yo le decía: sí, un día te voy a pintar, Noe, cuando yo tenga algo importante te voy a pintar a vos porque te amo. La terminé pintando, pero no es ella, me quedó media mezclada, pero como que partía un poco de ahí, de decir ¿quiénes son mis amigues? Tengo de repente un montón de amigas travestis y las quiero pintar, porque ¿quién las va a pintar si no las pinto yo?

Desde el cisne que busca autopercibirse hermoso, hasta el ballroom como espacio de contención y celebración. ¿Cómo describirías ese recorrido?
—El proceso fue muy paralelo, de decir: yo quiero ser una persona que se quiera, y conocerlas a ellas, y sacar un montón de eso también... El ballroom es un espacio en el que vos podés plantear tu personaje y de repente te va a generar seguridad porque literalmente va a haber un montón de gente, aunque estés haciendo un loco, que te la va a estar festejando y te la va a estar reconociendo, y te sentís re seguro.

Como joven artista y agitador, ¿cuál es tu visión general de las movidas en la ciudad de Rosario?
—Siempre me resulta gracioso porque me pongo a hablar con alguien y me dice: “No, Lolo, porque vos sos re chiquito, pero antes en el... no sé, tiran un año, en el 2016, había un montón de movimiento acá en el Pasaje, y había gente que hacía y que hacía, y verlos a ustedes...”, no sé, yo, Loi, la Criptonena y gente que está muy pila de hacer cosas... Es como que siempre te tiran la mejor en ese sentido. Yo a su vez veo un montón de gente que le está metiendo un montón de ganas, porque es re importante. Cuando me vine a vivir acá, antes de que empezara la pandemia, era como re entretenido, decir guau, están todas estas cosas para hacer, y de la nada no había nada, y cuando se volvió a eso, estaba todo re muerto, y de repente habían cerrado un montón de centros culturales. A mí me parece re importante que todes tengamos un lugar para estar, para salir, que esté tranqui, que esté bueno, porque después como que, no sé, se hace una fiesta y cae la GUM quince veces... Me parece que la mejor forma de salir del abandono que tiene esta ciudad, en el sentido cultural, es gestionando y viendo, gestionando y viendo, porque de Cultura, de parte del organismo de la ciudad de Rosario, de donde sale la plata y todo eso en sí, no van a pasar esas cosas. O si van a pasar, va a estar destinado a otro público, que no somos nosotros, toda la pendejada de Rosario. Y esta es también la premisa de la Sarkastika: si nadie la está haciendo, ¿por qué no la vamos a hacer nosotros? ¿Qué tan difícil puede ser organizar que nos juntemos con otra gente a dibujar? Y que de repente se generen un montón de vínculos lindos, y estar compartiendo espacio haciendo algo que nos gusta a todos.

 

 

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