Entrevista

El Club: la maestría de la amistad

ARTE
19 de abril de 2023

Por Julia Enriquez

 

El Club es un espacio de arte ubicado en Roca 548, Rosario, en una clásica casa-chorizo de planta alta. Su naturaleza es híbrida: en cada habitación se aloja un taller de artista, y a la vez existe un funcionamiento colectivo con el objetivo de generar muestras, actividades y cruces. Este "club de amigxs" actualmente está conformado por: Nabila Misirli, Marina González Buvinic, Lourdes Tomaghelli, Jazmín Varela, Germán Gentile, Estrella Merga, Cristian Osuna, Candela Roselló, Betania Balocco, Ariel Costa, Ami Ybarra. Hubo otrxs valiosxs integrantes fundacionales como Pablo Bondi, Jimena Losada Lacerna y Nazareno Marengo. En este grupo hay pintores, ceramistas, dibujantes, tatuadores y un largo etcétera que se multiplica incluso al interior de cada persona. Uniendo fuerzas, combinando saberes y entrelazando generaciones, lxs artistas-gestores de El Club van fortaleciendo su proyecto a cada paso, aprendiendo unx del otrx, y también de les invitades y habitués.

Voy a El Club desde sus inicios, en 2020, cuando quedaba en otra amplia casa por el centro. Siempre confluyen muchas situaciones valiosas. Por ejemplo, algunxs tuvieron la posibilidad de hacer su primera muestra, como el fotógrafo Germán Ruhl. Además, entre el público asiduo se encuentran jóvenes iniciándose en la manija de la historia del arte, junto a artistas y críticxs de afianzado recorrido. De esta forma, en pocos años, con humildad y entusiasmo, El Club se ha convertido en un punto de encuentro vital para el circuito del arte local, no solo por sus cautivadores eventos, sino por el laboratorio creativo constante que ocurre dentro de cada taller.

El Club agita diversas propuestas: muestras de un mes o de un día, juntadas de dibujo, talleres de formación, inauguraciones que derivan en fiestas. La inventiva autogestiva de sus integrantes le brinda plasticidad y espontaneidad al espacio, que no deja de pensarse a sí mismo y ampliar sus contornos. La primera actividad del 2023 fue junto a la artista Vir Negri, quien les propuso trabajar sobre ellxs mismxs como grupalidad, en un acto autorreflexivo de libre albedrío: se reunieron semanalmente a charlar, reflexionar y obrar. El resultado es una serie de objetos, esculturas, gualichos, talismanes, que puede verse durante las próximas semanas (se pueden coordinar visitas escribiendo al Instagram @elclub.ros). Cada obra se encuentra a la venta, al precio de 2000 pesos. La ganancia total se reparte en partes iguales entre todes les participantes de la experiencia. De esta manera, una economía popular del arte no es una utopía, sino una práctica factible y sostenible.

Recientemente, en una nubosa tarde de otoño, me reuní con dos de lxs miembrxs/agitadores de El Club: Germán Gentile (G) y Candela Roselló, también conocida como La Kande (K). Mientras Germán cebaba mates y Kande dibujaba apaciblemente, fueron comentando los orígenes, deseos, desafíos y perspectivas a futuro del proyecto, cual voceros amorosos de esta aventura comunitaria.

¿Cuándo y cómo surgió la idea de crear el espacio?

K: Esto... ¿cómo empezó? Lo tengo medio fresco porque el otro día el Cris se lo contó a Vir... El origen, la génesis, fue en 2020, donde estaban Pablo, Marina, Nabi y Cris. 2020, un año muy parado, de mucho diálogo, y lxs chicxs tenían ese deseo de agruparse en un lugar. Todo esto conforma un poco lo que es la cadena de Rosario, la cadena infinita de Rosario y el arte. Pablo sabía del espacio anterior [primera casa de El Club], el que quedaba en calle Dorrego, por Claudia del Río. Y a partir de eso, lxs chicxs empiezan. A los pocos meses entra Jime. Ese fue como el plantel original, pero eso ya al toque durante el 2020 se empezó a re-habitar por nosotrxs. Entonces, todo el tiempo, el punto en común era El Club.

G: Sí, año de pandemia, lxs chicxs no sabían si podían ir hasta el taller... Era como sentirse medio clandestino yendo a tu taller. Pero también estaba esta necesidad de un espacio, de encontrar algo por fuera de tu casa.

K: Mucho antes de convertirse en talleres y en El Club, era un lugar de encontrarse, de ellxs juntarse a producir, y también de nosotrxs yendo. Yo simplemente iba para decir "bueno, voy a un lugar que no sea mi casa", para estar ahí, cranear un poco alrededor del arte. Íbamos ahí a hanguear, básicamente. Éramos tres, literal. A partir de esos primeros encuentros, y ese primer germen de lxs chicxs, de un poco no saber bien qué hacer pero hacer algo, ahí se empezaron a gestionar las primeras muestras.

G: Lxs chicxs dijeron: vamos a hacer un taller abierto, y también invitemos a algún amigo. Había un cuartito en el centro, y era como: acá puede exponer alguien. Entonces invitaron a amigxs, gente que estaba transitando El Club, que era de visita. Invitaron a Kande, a Lourdes, se hablaba de "primeras residentes". El último fue Juan Valenti. También invitaron a Lucía Rubiolo, que había estado trabajando en el taller de Jime... Y ahí arrancó una seguidilla de actives.

¿Cuál es la dinámica de funcionamiento de El Club?

K: Al principio siempre era medio confuso, porque es tipo: bueno, ¿qué hace esta gente?, ¿es una muestra colectiva?, o ¿de qué va un taller abierto? Después, en 2021, se instaló más esta cosa de empezar a gestionar algo alrededor del espacio... Un poco es lo que siempre convive en todas nuestras muestras: es como una muestra conviviendo dentro de los talleres, y cada quien poniendo a disposición su taller, si quiere mostrar algo o no.

G: Por mucho tiempo estuvo Un Triángulo y Una Calavera [taller coordinado por Silvia Lenardón y Pauline Fondevila]. Hicieron una muestra en marzo 2021, y ahí se quedaron durante todo ese año dando el taller ahí. Les prestábamos el espacio una tarde y una mañana. Como para que se active algún movimiento, porque la mejor con las chicas.

K: En su origen siempre tuvo esa cosa de "amigxs necesitando un espacio para trabajar"... Las decisiones o los distintos momentos de la vida de cada unx generaron esas pequeñas mutaciones, de personas que se fueron o se sumaron, que un poco concluyen en lo que terminamos siendo hoy, que mañana seremos otra cosa...

A fines de 2021 se vieron obligadxs a cambiar de ubicación. ¿Cómo fue esa reconfiguración?

K: Sí, apareció un conflicto dentro del lugar [en calle Dorrego] y nos tuvimos que ir. Pero estaban muy latentes estas ganas de seguir, porque si no perfectamente cada unx nos podríamos haber ido a un taller particular, o seguir produciendo en otro lado, que termine ahí la experiencia... Después de una búsqueda re larga, aparece este lugar [en calle Roca], con la posibilidad de sumar más gente, porque es un lugar muy grande. En pocos meses, más cambios, gente que se va o que entra... Quiero resaltar la idea de seguir existiendo como un espacio colectivo. Me parece que estaba muy latente, porque si no, ni lo hubiésemos intentado. Y pasó.

G: Y por más que estés acá, no estás obligado a participar activamente. El compromiso es de cada unx. No es que si formás parte del Club también significa que vas a tener que estar organizando, ayudando con todo. No hay ninguna obligación. A algunxs quizás nos interesa más, y vamos con esa intención. Pero al ser un espacio más grande, y al ser más, de repente la organización se complejizó, y también nos pusimos un poco más ambiciosxs. Era como: ¡el hall es más grande!, ¡tenemos que hacer más cosas!, ¿y qué hacemos?, si hacemos algo en el hall tenemos que hacer algo allá también. De repente ser más cabezas, más ideas.

¿Qué quieren decir con "más ambiciosxs"?

G: Y como... pensar el año con más anterioridad. Antes quizás eran eventos cada uno o dos meses, ahora ya son cada tres meses, como para organizarlo mejor, darnos más aire a nosotrxs, de gestionar todo bien... El montaje para una inauguración nos lleva mucho tiempo. Tenemos que ser electricistas, montar lo que haya que montar, pensar no solo en el hall sino en todos los salones. Pensamos todo muy en conjunto.

K: No deja de estar la autogestión. Por muchos momentos digo: qué bueno sería tener un electricista fijo que venga a hacer estas cosas, la verdad. Pero sí, se autogestiona mucho todo. También la ambición, o las nuevas ideas que aparecen, implican problematizarse más cosas, y empezar a pensar un poco más alrededor de qué somos, qué queremos, adónde vamos con esto. Somos un espacio que gestiona muestras, somos talleres de artistas. Nos preguntamos si nos interesa participar de otras cosas o no, si como espacio tenemos que mandar a ferias o no. Son todas cosas que empiezan a aparecer.

G: ¿Somos un colectivo? ¿Qué somos? Porque tenés que llenar un formulario y tenés que definir. Entonces, ¿entro en este formulario, o entro en este? Es todo un debate, que está bueno...

K: Que también está bueno vivir en esa contradicción de no saber qué sos, pero inevitablemente cuando querés mandar a una convocatoria, lo tenés que definir, no queda otra. También nos pone en un lugar, que nos hace bien, que es: tenemos que charlar sobre esto, tenemos que tomar decisiones, votar, y cada quien tiene que estar de acuerdo con eso, democráticamente. Ahora, al existir como un espacio más consolidado, que nos movemos y que, a pesar de todas las vicisitudes, hay una organización y una estructura adentro, nos permite abrir más el abanico y el paraguas. Dejó de ser esta cosa más de "esta persona que es súper amigo y le voy a gestionar una muestra", sino es como más: nosotrxs como espacio proponiendolé a unx artista hacer algo. Como la muestra con Vir Negri, que después obvio Vir se aventuró a proponernos ella.

Antes mencionaron a Claudia del Río, quien entre innumerables actividades lleva adelante el Club del Dibujo, fiel a su lema "Más de dos hacen un CLUB". También a partir de esa consigna existió durante varios años el Club Editorial Río Paraná, de Ana Wandzik y Maxi Masuelli [Ivan Rosado]. ¿Qué pueden comentar respecto a estos nexos?

K: Clau fue también muy madrina. Fue quien dio el contacto del lugar anterior, para que lxs chicxs se instalen allá. Siempre estuvo esta idea de ella muy madrina del espacio, entonces era como un gag, un link a Clau directo. Ikebana Política [libro editado por Ivan Rosado] es el referente muy cercano de muchxs de lxs que estamos acá. Fue re intuitivo. Y claro, el Club Editorial Río Paraná era algo de eso también. Ese pequeño cuadro sinóptico de redes en Rosario que termina pasando...

¿Con qué otrxs artistas o proyectos tienen diálogo?

K: Vamos mucho a Ivan Rosado, y la invitamos a mostrar a Anita Wandzik. Hay muy buena onda con lxs chicxs de América Elda Nancy, y con las chicas de Fuga [de la ciudad de Santa Fe]. También hubo un cruce con Daiana Henderson y Cristhian Monti de Laguna [y editorial Neutrinos], que organizaron una lectura de poesía con Tilsa Otta. A fin de 2022 lo invitamos a Fede Cantini a mostrar acá, y Cris mostró en Jamaica. Es un ida y vuelta.

G: Sabemos que hay algunxs emblemas rosarinos. Se ha invitado a Claudia, Anita, Belloni, Vir, Pauline, Silvita, son como íconos, de alguna manera.

K: Y también nos interesa darle el lugar a gente que no lo tiene, por estar un poco más outsider de la escena, o más escondidos.

G: Nos gusta hacer siempre como un equilibrio, porque por un lado hay una admiración y respeto a lxs artistas ya con más experiencia o historia, que obvio nos encantan, y también nos gusta estar atentxs, hay gente más joven que está produciendo. Estar atentxs, mezclar, lograr llegar también, lograr traccionar a la gente, lograr que vengan... Ya hay una agenda, desde el punto de vista de qué fechas interesan, ya hay una constante. Más o menos son: algo a principio de año; después algo cuando sea MicroFeria, como hacer en paralelo, porque viene otro público de afuera, entonces aprovechar eso; se ha hecho siempre algo cuando El Club cumple años; y después fin de año.

Respecto a la actividad más reciente en El Club, ¿cómo fue la experiencia de trabajar con Vir Negri?

G: Le dijimos a Vir: te invitamos a que vos propongas, si querés hacer una muestra con tus cosas, o traer otra gente. Era libre completamente. Y ella propuso trabajar en nosotrxs como conjunto. Trabajamos un mes y medio. Hicimos reuniones semanales y la idea era: nos sentamos a hacer. Siempre un poco desde el juego. Están estos objetos y estos materiales que vamos encontrando, pongamos todo en la mesa, vengamos todxs, y lo que a cada unx le vaya surgiendo, lo va haciendo, olvidándose cada unx de su obra personal.

K: Nosotrxs la conocemos a Vir y sabemos de lo que va su obra, entonces obviamente la propuesta era que ella la quiera abordar desde donde le interese. Y su primer planteo fue: "yo no tengo obra para mostrar, mi obra es más efímera, o relacional". Y me parece que lo trajo acá también, y nosotrxs muy predispuestxs. Yo me sentí bien desde un lugar de gestionar, porque si no todo se transforma en una neura total alrededor de la obra, mismo hasta cuando invitás a alguien que está mostrando su obra individualmente, esa solemnidad. Vir plantea su obra desde otro lugar, más chill... A la vez, cada inauguración tiene su rollo igual, desde lugares re distintos.

G: Cada muestra es todo un desafío: cómo logramos montar esto, qué se puede hacer, cómo cubrir costos... Ir un problema a la vez. Es de alguna manera decir: che, propusimos esto, pero ¿cómo lo hacemos? En cada muestra sucede un poco eso. Y la experiencia con Vir fue linda para sacarnos de varios lugares, donde quizás ya veníamos como medio repitiendo algún patrón: la muestra en el hall, el hall como espacio sagrado donde siempre tiene que haber algo, acá romperla, el cuartito del fondo, al que nadie nunca fue, que no hay nada, el más oculto, que nadie conoce, que no te dejamos pasar, ahí. Ahí, la covacha. De repente la cabeza... un poco rotarla, ¿no? Y esto justamente de despersonalizar la obra es como un alivio. Todxs hicimos todo. Que nadie venga a preguntar de quién es qué cosa.

K: Y algo que hablamos mucho fue esta economía circular, que funciona dentro de este colectivo de gestión que tenemos. Al principio estábamos muy problematizadxs si ser o no ser un colectivo, o qué somos. Un poco sí funcionamos como un colectivo alrededor de la gestión del espacio. Después cada quien tiene su rollo artístico, y de vez en cuando aparecen estas figuras, tipo Vir, a descontracturar eso, invitarnos a perder la autoría de la obra. Eso está re bueno, nos hace bien a nosotrxs como artistas y como personas que están gestionando un lugar también. Al estar mostrando algo tan despojado de autoría, me sentí re bien.

¿Cuáles son las dificultades que enfrentan actualmente?

G: Por ejemplo, si queremos invitar a alguien de afuera, necesitamos darle alojamiento, pasajes, son trabas que no podemos resolver. Si no, estaríamos invitando a un montón de gente, pero queremos confort para esa persona.

K: De las últimas veces que hemos tenido charlas, eso me parece que es el conflicto principal, o no como conflicto, pero sí de debatirlo mucho: económicamente cómo seguir existiendo. Obvio podemos hacer un evento o una rifa o un cafecito en Instagram, pero también ver qué nos habilita a ingresar a estos subsidios para lugares culturales. Creo que ese es el conflicto principal. Me parece que es algo que tenemos que empezar a pensar, porque si no, cualquier proyecto cuando empieza a faltar el dinero para que pueda crecer más, empieza a ser muy cuesta arriba. Es mucha energía en pos de no sabés qué ya después, viste, bueno, del arte, y hay que derribar un poco también ese paradigma del amor al arte.

Como para que el proyecto realmente se fortalezca y quede enraizado, incluso manteniendo la fibra under.

K: Hay cosas que hoy en día estamos imposibilitadxs de hacer, como invitar a unx artista que nos interese a dar un taller, que ni siquiera es hacer una mega muestra, es algo súper chill, que la infraestructura está, el lugar está, todo, pero hay que pagar honorarios, la persona tiene que venir. Para que esas cosas se muevan, es importante que haya dinero.

Entonces, en una ciudad ciertamente hostil, abandonada culturalmente, y que se cae a pedazos, ¿qué les motiva? ¿Qué les da ánimo para seguir activando?

G: Eso de la ciudad hostil es justamente una motivación... De tener un espacio alternativo, por fuera de museos, por fuera de galerías, que pueda albergar muestras, que pueda atraer públicos de distintas edades. En cierta forma es una motivación, al mismo tiempo que te saca energía. Pero también decís: che, esto tiene que estar, tenemos que seguir.

K: Porque además, al mismo tiempo, hasta existe un vacío para cualquiera de nosotrxs. Creo que también este espacio muchas veces ha funcionado para que nosotrxs mismxs podamos mostrar nuestra obra, porque si no, no hay lugar. Yo estoy en una galería, pero Ger no, Cris tampoco, y muchas veces es una decisión, es una decisión no estar también, pero si no estás, ¿qué hacés? No hay mucha otra posibilidad en Rosario al menos. Eso siempre es una motivación para seguir haciendo, y también un riesgo. Rosario es una ciudad que te da y te quita, y ya se sabe cómo es: un día estabas en la cresta de la ola, y tu lugar estaba re bueno, y al otro no va nadie nunca más. A mí me da un poco de miedo entrar en esa data, pero justamente me parece que lo que está bueno, o lo que es necesario, es mantenerse en lo genuino de lo que es el proyecto: lo hacemos porque tenemos ganas. Y no sé, después también la motivación a veces ni siquiera se sabe cuál es. Hay días que hemos terminado súper agotadxs haciendo cosas, y empieza el existencialismo total, de por qué estoy haciendo esto. Porque tener un proyecto es eso también, es la incertidumbre total, de no entender bien por qué lo hacés pero lo estás haciendo. Y por eso pienso que es importante cuando aparecen estos recursos económicos, porque te ayudan. O sea, el recurso económico siempre ayuda al existencialismo, en el sentido de pensar: bueno, al menos no es tan cuesta arriba.

Desde el espacio, ¿qué expectativas y planes tienen para el futuro?

G: Seguir haciendo cruces con otros lugares de acá, pensar y proponer. Después, esta intención de invitar a alguien de afuera, cómo lograrlo, es otro objetivo re focal que tenemos. Siempre está la puerta abierta de si enviamos a ferias o no enviamos a ferias, ponernos de acuerdo en eso, cómo funcionaría, si nos encajaría en algún lugar o no nos encajaría. Son esas cosas que siempre tenemos en cuenta. También hacer algo en conjunto o en paralelo con espacios de otras ciudades, cruces, ya no solo acá sino por fuera también.

K: Y este deseo de que exista esta organización y este lugar como copado de hacer. Siempre hay algo de licuado cerebralmente cuando terminás de hacer una muestra, pero sí que la organización entre nosotrxs sea cada vez más rica y más profunda y más nutritiva.

 

 

 

 

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