EL CASO SANTIAGO MALDONADO EN LA ERA DE LA POSVERDAD

POLÍTICA
22 de noviembre de 2017

“Lo contrario de la verdad no es la mentira. Es la certeza” (Emmanuel Carrère)

 

La aparición del cuerpo de Santiago Maldonado el pasado 17 de octubre puso fin a más de setenta días de tremenda incertidumbre y angustia social. Pero no respondió la imprescindible pregunta por lo ocurrido el 1 de agosto en tierras mapuches. El juez de la causa Gustavo Lleral anunció en la puerta de la morgue que la primera autopsia, de la que participaron cincuenta y cinco profesionales, concluía que el cuerpo no había sufrido lesiones externas, aunque restaban indispensables exámenes complementarios. La noticia impactó a la opinión pública, al propio gobierno nacional y a una militancia social que denunció durante dos meses la desaparición forzada del joven tatuador.

La familia Maldonado, en su último comunicado del 17 de Noviembre, ante “presuntos resultados de la labor pericial en la causa” difundidos por distintos medios de comunicación, volvió a poner el acento en los tiempos necesarios de la investigación, lo que sería “el comienzo de una nueva etapa de la causa y no el final”.

Durante los dos meses en que se buscó el cuerpo de Santiago Maldonado las operaciones mediáticas y gubernamentales fueron permanentes y la opinión pública, sin distinciones ideológicas, quedó presa al interior de microclimas (políticos, sociales, culturales) haciéndose eco muchas veces de versiones infundadas desde las que fue construyendo sus opiniones y razonamientos.

En una época hipermediática e hiperinformacional parece que la noción de verdad se diluye al compás del rating minuto a minuto y la proliferación insensata de opiniones en las redes sociales.

Las operaciones mediáticas y gubernamentales fueron permanentes y la opinión pública, sin distinciones ideológicas, quedó presa al interior de microclimas (políticos, sociales, culturales) haciéndose eco muchas veces de versiones infundadas desde las que fue construyendo sus opiniones y razonamientos.

Pero si miramos en la propia historia del país nos encontramos con los movimientos de DD.HH., que nacidos durante la última dictadura militar, desarrollaron dos rasgos distintivos que iluminaron a la militancia desde entonces en la búsqueda de la verdad: 1. No hubo venganza contra los militares. La violencia política nunca fue una hipótesis desde 1983. 2. Se convirtieron en una máquina de investigación rigurosa. Las víctimas del genocidio no delegaron la recolección de datos, su entrecruzamiento y el análisis. Así se reconstruyó en detalle el horror: desde los siniestros recorridos de los desaparecidos, la reconstrucción de los centros de detención, los nombres y las responsabilidades de los genocidas, y el destino de los hijos y nietos. Ese sólido corpus compuesto a base datos y testimonios veraces fue el que permitió el avance de los juicios durante la última década.

Sobre la muerte de Santiago Maldonado el desenlace de la investigación judicial seguramente eche luz sobre lo ocurrido en el sur argentino. La única certeza hasta el momento es que Santiago ingresó al río Chubut a raíz de un operativo ilegal y violento en un contexto de desigual lucha por la propiedad de la tierra entre comunidades indígenas y empresas transnacionales. No hubiera arriesgado su vida si no fuera porque estaba siendo perseguido salvajemente por la gendarmería.

Pero esta certeza y las conclusiones que arrojen los exámenes no pueden cerrar preguntas indispensables sobre las formas éticas de búsqueda de la verdad en tiempos de fluidez y bulimia informativa.

Escuchá el analísis de
Juan Pablo Hudson

 

POLÍTICA
ÚLTIMAS NOTAS
@ La Canción del País 2017