5º FESTIVAL OTRO RÍO 2017. COBERTURA Y ENTREVISTA

MÚSICA
26 de noviembre de 2017

Por Bernardo Orge y Bernardo Maison

Son las 5, 6 de la tarde del sábado 4 de noviembre. Los que bajan de los colectivos y los que bajan de los departamentos van para el mismo lugar: el río, la franja de costanera en donde hace mucho tiempo funcionaba un puerto que conoció la gloria, la decadencia y el reciclaje. En una misma cuadra, adelante, hay una familia joven pero multitudinaria –él y ella con criaturas upa y un par más orbitando a su alrededor–, unos en bicicleta que llevan como lanzas cañas de pescar, un grupo de amigos musculosos y, más allá, otro grupo de amigos con otra ropa, otro pelo y otros tatuajes, diferentes a la mayoría de los tatuajes, más, no sé... ligeros. Guiados por vaya a saber qué, en una especie de celebración del origen, como cada fin de semana que está lindo todos van a descansar al mismo lugar al que alguna vez fueron a trabajar los pioneros, los antepasados. Y aquella bolsa de trigo, lino o maíz estibada sobre el hombro ahora es una conservadora roja y blanca que promete...

No hace ni frío ni calor y las nubes se arman y se desarman en el cielo sin llegar a amenazar tormenta. Cruzamos juntos la avenida, pero en el parque nos separamos. El de Éfeso podría haberlo puesto así: en días de oferta recreativa hipersegmentada cada cual baja a su propio río. Y así como Google es uno solo pero se adapta a cada usuario, también se adapta el algoritmo tridimensional de la ciudad a cada vecino. Hoy, además de playón, galpones, arenero, etc., en una perfecta simetría que no vamos a interpretar, para un lado se monta la 33° edición de la mítica Feria de las Colectividades y, para el otro, el 5° Otro Río, festival de música independiente "alejada del foco de lo convencional y de las imposiciones de mercado" que organiza, coordina y cura el sello discográfico rosarino Polvo Bureau. Allá van, allá vamos: pescadores a pescar, familias a matear, amigos de ligeros, ligerísimos tatuajes a la explanada frente al CC Parque de España y los ¡tres! escenarios del Otro Río.

El de Éfeso podría haberlo puesto así: en días de oferta recreativa hipersegmentada cada cual baja a su propio río.

En ese contexto socialmente ecléctico –en ese marco posindustrial junto al Paraná– hay que empezar a pensar este festival de música pop de avanzada que una vez más amplió su convocatoria y en pocos años se ganó un lugar en el calendario cultural de la ciudad. Una intervención en el espacio público, autogestionada, motorizada por un sello discográfico independiente, pero con apoyo municipal y provincial. Un evento con una puesta ambiciosa y técnicamente impecable por el que pasan cientos de personas y donde bandas chicas, más o menos conocidas, más o menos raras, que suelen tocar en bares, tocan con la infraestructura de una banda grande. Una serie de elementos capaz difíciles de conciliar para la heterodoxia under, que rápidamente dejan planteados los temas sobre los que volveríamos en charla con Valentín Prieto, uno de los organizadores y curadores del festival, días más tarde: los criterios de la curaduría, las posibilidades de crecimiento de un evento con estas características, los límites de la llamada independencia y su relación con el estado.

Prieto, que también integra la banda Chimo, pasa con facilidad del comentario pormenorizado de la escena emergente local al análisis general desde el punto de vista de la gestión, de los toques con veinte espectadores en una casa a consideraciones sobre las políticas culturales de municipio, provincia y nación, de lo micro a lo macro. Es una percepción particular del fenómeno artístico que articula lo estrictamente musical con la gestión y que quizás nazca a partir de una condición de época que Prieto comparte con muchos de su generación, la necesidad de ser al mismo tiempo músico, productor, comunity manager, etc. Esto le permite caracterizar de manera casi sociológica el espectador que imagina para Otro Río –y por extensión de casi todo lo que hoy denominamos con la vaporosa etiqueta de indie– y tomar posición en la discusión que tensa mercado, estética y clase: "es un festival de minorías –dice–, pero el problema es cuando uno confunde minoría con elite. Así como no toda música popular es masiva, no toda minoría estética tiene por qué ser de elite. Creo que son dos dimensiones que están separadas."

La metamorfosis del vampiro. Foto: Giulia Antonelli

Curaduría y renovación

¿Bajo qué parámetro programan la grilla?

Dentro del espectro de la música independiente, todo lo que es más o menos experimental, por así decirlo, nos atrae más, entonces estamos atentos a eso. La música que consumimos que está por fuera del foco y  la autocelebración. No por ser snob sino porque son los que se están animando a hacer cosas nuevas o están tratando de construir algo propio. Tratamos de llamar a un setenta por ciento de bandas de rosario. La diferencia con otros festivales del interior del país es que suelen llevar bandas de afuera de esa ciudad, o de Bs As. Acá lo abre y lo cierra una banda de Rosario. Y para no invitar, no es que el rock esté atrasado, pero las cosas más arriesgadas no están en el rock. De por si no son tantas las bandas de formación de bajo, batería y guitarra. Cuando dividimos los tres escenarios, la ida es que cada uno tenga su propio relato y dialogue con el otro. Al poder haber agregado un tercer escenario, eso se amplió. En el 3 están las manifestaciones más electrónicas, está bueno porque eso en Rosario hay un montón. Se dio naturalmente porque como cada vez hay menos lugares para tocar con batería, muchos grupos empezaron a hacer cosas con pistas, inclusive las Alto Guiso. Cada año dentro de estas micro-escenas de la ciudad hay géneros como más predominantes.

Rosario es un lugar muy fértil para arrancar un proyecto pero no para continuar. Eso hace que año tras año sea muy distinta la música, el recambio se da más rápido.

Rosario es un lugar muy fértil para arrancar un proyecto pero no para continuar. Eso hace que año tras año sea muy distinta la música, el recambio se da más rápido.  Por ejemplo este año eso se vio en que tocaron Prepizza y Los Cristales. Hay varios grupos que arrancaron este año y están tocando muy seguido. Me parece que está buenísimo. Se está dando algo que yo antes no veía tanto, los grupos dicen “vamos a tocar todos los fines de semana pase lo que pase, sea donde sea”. Entonces arman fechas y se prestan el equipo de bajo o de batería. Este año se tocó mucho en Valdovina o Puerto de Ideas. Entonces cuando empezamos a armar la grilla del Festival vemos cuál de todos estos grupos están tocando más seguido y cuales tienes discos. Nosotros somos el público de eso. Por eso hacemos este festival, porque somos el público de todas estas bandas pequeñas, que arrancan y tocan como sea, que suben su disco a la red, o nos escriben para que los editemos con el sello (Polvo Boreau) y nos interesa. Son las bandas que de alguna u otra manera, por más que gusten unas más que otras, terminamos eligiendo.

Hay quienes ven el festival muy cerrado estéticamente y otros que ven variedad. Algunos los pueden llegar a correr por derecha, por demasiado amplios, y otros por izquierda, diciendo "son todas las bandas iguales".

Es re loco eso. Eso a veces duele. Este año noté de parte de los excluidos del festival como más agresividad con respecto al festival. La gente suele reducirlo a la idea de lo “indie”. Y en realidad ahí se dan cruces que no se dan nunca. El lunes (posterior al festival) lo veía en Facebook eso. En el caso de Nicolas Midulia (Medula) que es un dj que editó dos o tres discos pero nunca había tocado en vivo en un marco así.  Sí pasa música todas las noches pero nunca había llevado sus instrumentos a un lugar para hacer un set. Y en la red se tiraban flores con las Alto Guiso. Eso habla de que se dan unos cruces que están re buenos. Y todos los años cambia el festival, entonces no noto que Otro Rio sea siempre lo mismo. En 2015 la mayoría de grupos eran de Post-rock y el año pasado no hubo Post-rock, y este año fue re Pop el festival. La cuestión cerrada no tiene que ver tanto con los generos o subgenros sino con que la renovación es lenta. Hay renovación de grupos jóvenes pero no más arriba. Al día siguiente de Otro Río estaba el Festival de los 50 años del rock en castellano en Vorterix y el contraste era muy fuerte. Ahí hay una cosa conservadora me parece.

¿Por qué lo decís?

Si vos ves la grilla de Otro Rio en relación a la grilla del Festival de los 50 años de Rock en castellano, no creo que sea el rock el lugar donde se está renovando la música en Rosario. Este año me tocó ser jurado del concurso de bandas Pre-Primavera y fue muy frustrante. La mayoría eran grupos de género, buenos grupos, que sonaban bien y se notaba que ensayaban con una voluntad y ganas tremendas, pero muy conservadores. Inclusive de todos los grupos que elegí no quedó ninguno. Fue muy frustrante ver que los ganadores eran todos grupos o de hardcore o de reggae. Esas definiciones no están en Otro Rio.

Galindez. Foto: Giulia Antonelli

Puede que en Rosario haya una velocidad, rápida, para la renovación musical y otra más lenta para la recepción... ¿Pensás que el rock Rosarino todavía está latiendo en coordenadas un poco antiguas?

Y… se presentan 150 bandas, en un concurso que está bueno, que siempre tiene un jurado distinto, y los hacen tocar en el Galpón de la música. Lo que yo sentí siendo jurado es que el escenario no le queda chico a ninguno, todos tienen una buena puesta, se nota el ensayo el laburo, pero… No creo que la renovación venga por ese lado. En el caso de Otro Rio lo que pasa es que la mayoría de los grupos son muy precarios en lo técnico, o al menos lo que nosotros consumimos, pero que están tratando de hacer algo distinto o que no está tan sedimentado en el entorno de Rosario. Yo siempre fui muy fan de Café Tacuba de chico, y ellos siempre contaban que querían tener una banda de rock tipo The Smiths o The Cure y se dieron cuenta que no tenían los instrumentos para hacerlo. Y empezaron tocar con lo que tenían a mano, la guitarra acústica y la máquina de ritmo que tenía alguien. Yo creo que el origen de la música menos normal digamos viene un poco a colación de esas dificultades para conseguir las herramientas para hacer la música que vos querés y cómo llevarlo a otro lado.

Discusiones

La irrupción en 2013 del Festival Otro Río en el panorama cultural rosarino significó una actualización en las discusiones sobre rock y pop en la ciudad, tanto en un sentido estrictamente musical y estético como en lo referido a la estructura de gestión y las dimensiones posibles de un concierto independiente. Por supuesto, esto se enmarca en un contexto general de ampliación de las referencias indie a nivel mundial desde los años 2000 –Prieto lo simboliza en la aparición de la película Juno–, que en su versión argentina pos Cromañón incluyó profundos cambios en lo que tradicionalmente se conocía como rock nacional, la consolidación de la escena de La Plata, un veranito de San Juan de la edición discográfica independiente, la crisis de los medios especializados, etc., todo llevado por el viento de cola digital, internet. Pero la escena rosarina, que por un lado se anticipó a todo esto –Planeta X, ya en los 90...–, por el otro tardó en acusar recibo del cambio de paradigma.

En este sentido las sucesivas ediciones de Otro Río fueron reuniendo una serie de méritos que demuestran una buena lectura de campo y ayudan a estirar las fronteras del mapa indie nacional hasta Rosario, algo bueno para el público pero también para las bandas locales. En primer lugar, los organizadores intuyeron la existencia de un nicho de audiencia –al que por supuesto ellos mismos pertenecen– que no tenía una oferta de estas características en la ciudad y que el festival ayudó a consolidar y expandir. Segundo, tuvieron una correcta valoración de la tradición rosarina de pop de avanzada, fundamentalmente representada por el colectivo Planeta X y su diáspora, pero también, lo que es una novedad, por otros exponentes locales, DJs, etc., y lograron aglutinar una vez al año proyectos musicales relativamente atomizados, que no contaban con un espacio de intercambio y visibilidad de estas características. Tercero, sumaron a esto una mirada atenta a las apariciones a nivel hispanoamericano y una proyección federal: en Otro Río tocaron por primera vez en Rosario bandas de Buenos Aires, La Plata, Mendoza, Tucumán y Córdoba como Los Espíritus, Un Planeta, Mi Amigo Invencible, Luciana Tagliapietra, Francisca y los Exploradores, etc., hoy todos referentes a nivel nacional. Por último, consiguieron no solo mantener el festival en el tiempo sino también subir la apuesta año a año, hasta llegar a esta edición 2017 con tres escenarios, dos de ellos a aire libre, con el río de fondo, por primera vez en la explanada detrás de las escalinatas del Parque de España, lo que representa un espacio ganado y un chiste paradójico para el under, que sale de los túneles del CCPE y gana presencia en el espacio público.

¿Y las críticas a Otro Río? Sí, como en toda reunión o selección de nombres puede llamar la atención ciertas ausencias de la música local que tienen tanta o más actitud experimental que muchos de los grupos que ya tocaron, (¿Quién falta tocar en Otro Río, estimado lector?), pero claro que el festival recién va por su quinta edición y habrá que esperar para ver si aparecen allí o son lógicas desconocidas por nosotros las que regulan estas decisiones.

Glass. Foto: Giulia Antonelli

En los últimos años se han proyectado un par de referentes por cada ciudad capital de las escenas provinciales a nivel nacional. Por ejemplo Diosque o Tagliapierta de Tucumán, después las bandas de Mendoza, lo mismo con las escenas de Córdoba y Villa María. Y de Rosario, que tiene una tradición importante, da la sensación que a nivel nacional no hay nombres como esos.

Eso se puede ver en varias cosas acá. Para mí Mi Nave y Matilda no están tan lejos de esa proyección. Pero creo que acá ha llevado más años. A Matilda lo que les ha pasado este último año ha sido después de 15 años de tocar y en una carrera muy ondulante. De alguna manera acá las cosas llevan mas tiempo. Analizar eso es muy difícil. Yo creo que cuesta todavía y es llamativo. Nosotros tuvimos un sello como Planeta X que editó más de cien discos con un laburo de promover a las minorías estéticas musicales y a pesar de eso sigue costando porque para mi esa renovación no está en el rock. Últimamente en algunas entrevistas de la revista Rapto que les hicieron a Pablo Comas, Pablo Jubany o Lesbiano yo empecé a notar como una pequeña grieta, de gente que ya está muy cansada de la cultura indie, porque creen que de alguna manera es una pose. Es como que acá hubieses una diferenciación entre el under y el mainstream pero en realidad somos todos under, solo que algunos todavía tienen una cosa más de artista genio y figura. O del tipo virtuoso. Y a mí me divierte porque siento que por primera vez la música experimental más rebuscada o más minoritaria les ha generado a ellos como el temblor de sentarse y decir en una entrevista estas cosas que surgen de polémicas, de cierta reivindicación del espectáculo musical. Y me parece que son clasificaciones re antiguas. En el festival quedó demostrado que muchos grupos piensan un montón en la puesta. En ese sentido me sentí decepcionado, como pasa seguido en la música rosarina, porque me hubiese encantado que Jubany u otros músicos hubiesen podido ver a Gerard de El último vecino, a la puesta escénica que el tipo hace. Me parece que ahí se están perdiendo de algo también. Porque eso no tiene nada que ver con el indie. El tipo estaba dando un show de showman, desde su gestualidad, su carisma, con una cosa poética muy fuerte también.

Una crítica a los músicos podría ser que no se van a ver mucho entre sí, si no pertenecen a la misma zona de amistad o si no están invitados a tocar en algún tema. Un posicionamiento interesante sería también que el músico concurra a ver a los demás hasta para confrontar discursos al menos, confrontar estéticas en el buen sentido del término, inclusive desde ese lugar un tanto negativo como espectador.

Si, a mí me parece que está bueno que haya un poco de pelea entre las partes. No tengo problema de decir que la propuesta del Zorzi me parece super conservadora, y asumo que a la gente que toca ahí el Otro Río le debe parecer una mierda super elitista y cheta. Porque también está ese prejuicio sobre el festival, que es medio cheto. Respecto a lo de los músicos una banda como “Muñecas” que no vayan a ver a “Un Planeta” es raro. Es una banda que hace un pop sensible y cuidado y no vas a ver a Un Planeta.

¿Pero no los viste entre el público? Quizás estaban...

Bueno sí, en todo caso se puede pedir disculpas si estaban. Yo lo pienso un montón a eso. Porque si esa gente que no va le diera otra oportunidad al festival, crecería un montón. Lo que sí me pone contento es que el público del festival es minoritario, pero verdadero, realmente investiga a las bandas, es exigente porque todos los años Otro Rio cambia la grilla y trae bandas que no vinieron nunca y eso te obliga a indagar. Entiendo que no es sencillo todos los años ponerte a investigar a bandas nuevas. Se sale todo el tiempo de la comodidad. No nos quejamos de que falta público, sino que agradecemos al que va.

Mi Nave. Foto: Giulia Antonelli

El indie: estética, autogestión y más allá

Pensando a la idea de lo “indie”, lo que en cierto momento era minoría ahora circula más. Inclusive esa estética indie, que en algún momento fue under y parecía funcionar en contra de la masificación, de hace unos años a esta parte se ha ido instalando y goza de más atención.

Eso es medio engañoso también. Esto es una idea que debatimos mucho con mis amigos y no la tengo del todo desarrollada. Pero como ahora los sellos como Sony o Universal fichan a un artista cada dos años, hay grupos con una banca económica muy fuerte, que salen a competir desde el lado del indie. Y vos te encontrás compartiendo espacios con grupos que tienen un aguante fuerte. Los grupos Indies también tienen que salir a la par de grupos que hace veinte años hubiesen estado en Sony-BMG. Hoy por hoy todos los grupos saben que lo más rentable es ser independiente. Es tener tu propia editorial, tu propia guita de Sadaic. Independiente de PopArt y las dos o tres productoras grandes. En argentina dentro del rock hay dos o tres productoras grandes que siguen trabajando con el Publishing de Universal, o de Warner. Pero las bandas creen eso. Es lo que demostró El Mato a un Policía Motorizado. Cinco personas que viven de la música en pleno año 2017. Y ellos manejan absolutamente todo como lo hacían Los Redondos, es ese formato de negocio, y eso se está replicando porque de alguna manera todos sabemos que es lo más redituable de hacer. Venimos de quince años de toda esa estética Indie, que empezó a ser absorbida por el Mainstream Lo ves en las películas, en la publicidad, los medios masivos. Eso es algo mundial, esto de que la gran industria se morfa todo.

¿Vos qué uso le das a la idea de lo independiente, es un uso estético o que tiene que ver con la autogestión económica? Porque el caso de El Mató, que asociás a Los Redondos, es un caso de una banda que se recostó en un público que fue ganando en un lapso bastante largo. Ahí aparece también la intervención del estado en la idea de lo independiente. ¿Cuál es el desafío entre ser independiente o recostarse en el Estado para poder crecer como proyecto artístico o cultural? Parece que en Rosario no se pudiese hacer nada si no se pasa por ahí.

Lo del estado a mí me genera muchas contradicciones. Creo que inclusive las políticas públicas de la ciudad tienen sus contradicciones también. Porque por un lado tenés políticas culturales que están buenísimas y a la vez el Socialismo tiene que salir a recuperar el voto de derecha que se le fue para el Pro. Esas cosas son difíciles que puedan convivir y de alguna manera conviven. Por otro lado te encontrás con las personas que dicen “hijo de puta, clausuran lugares para tocar” y después 150 bandas se presentan al concurso del Pre-Primavera que organiza el estado. Y no sé cuántos discos se presentan a la Editorial Municipal o a Espacio Santafesino. Yo soy consciente que Otro Rio es un festival grande desde la puesta para el público que va. Y uno tiene que ser más consecuente con eso. Empezar a hacerlo consciente de que el público es este. No se puede gastar recursos como si fueran diez mil personas si van setecientas. Eso pasa mucho en general en la producción que viene acarreada con el Estado. No está mal, para mi está bien que el Estado apoye a las minorías estéticas porque si no la industria se come todo. Porque uno dice “la industria no está pero a su vez está Arjona”. Y uno tiene que salir a competirle a Arjona en La Capital para que nos saque una nota. Y nunca vas a tener los recursos para competir ahí. Hay que hacer cosas acordes a los públicos que las consumen pero al mismo tiempo alguien tiene que apoyar estas cosas. Por ejemplo en el caso del cine lo mismo, sino solo sería Francella, Suar y poco más. A mí siempre me han gustado las políticas culturales del Socialismo. Yo creo que Otro Río de alguna manera responde también a un tipo de política cultural pública. Y no podría organizar el Festival si no adhiriese. Si yo pensara que el Socialismo es igual que Macri no podría hacerlo. Pero sé que hay colegas que lo hacen. Que agarran laburos de Ministerios o usan la cosa pública y se viven quejando. Eso no lo critico, solo digo que yo no lo podría hacer.

Sin partidizarlo, hay una relación con el Estado que debe tener causas históricas, de ese amor-odio con el Estado. En los noventa, con el vaciamiento neoliberal tan grande había una idea militante de la independencia, entonces después genera una suspicacia de si soy independiente o no porque agarro un subsidio. Igual creo que esta generación lo va superando. De todas formas se sigue levantando la bandera “soy independiente" en relación a Coca Cola y Pop Art y no con relación al estado.

Hay una cosa que dijo Daniel Melero en el auge del apoyo de los actores culturales Kirchenistas. “Está bueno que haya una cultura oficial para hacer lo contrario”. Lo que sí creo es que el Kirchneriso se apropió de los discursos sociales y al rock le costó asumir esa especie de competencia. Desde ese lugar difícil hay bandas que se volvieron medio pastorales y que hablan de la montaña y esas cosas. El rock está como en un problema. Y esta generación se construyó más desde cierta estabilidad económica que no hubiese sido posible sin la estabilidad que se dio en el Kirchnerismo. Pero hoy por hoy yo noto más rock y pop macrista en el discurso y en los modos de alguna manera. Los músicos asociados al Kirchnerismo de Buenos Aires y La Plata lo único que hacen es retweet. Uno no ve que estén haciendo una obra de resistencia. No se los nota. El último disco de El Mató son catorce canciones de amor, y en 2008 tenían esa canción que decía “vienen bajando las multitudes”. (NdR: Vienen bajando, del disco Un millón de euros, 2006) Qué pasó ahí en el medio. Estamos en una época de transición, hay un montón de cosas que se están modificando y se están poniendo en contradicción.

Chimo. Foto: Giulia Antonelli

Sí es notorio que tanto en Otro Rio como en la serie de recitales por los 50 años de rock en castellano hay sustento del estado y es gratis para la gente ¿Qué pasa si se corre el Estado, la escena no es posible en la ciudad?

Yo no creo que Otro Rio sea la escena. La escena es todo lo que pasa antes. Me gusta pensar que el festival es ese encuentro de todas esas escenas que se van desarrollando durante el año. Que son precarias, en las que se toca a cualquier hora. Otro Río es como la fiesta de fin de año de tantas bandas. Y ayuda a que pibes aprendan tocar a horario, a saber pedirle al sonidista lo que necesitan en el vivo, porque si alguna de estas bandas logra trascender más, está más preparada. Nuestra plataforma es de mucho laburo previo y lo fuimos aprendiendo a hacer. En el primer Festival de 2013 cerraron Los Espíritus para 40 personas y ahora tocan para mil. Y el apoyo del Estado fue creciendo a medida que el festival también fue creciendo. Además son todas bandas, sacando alguna por ahí, que no están en la agenda oficial. Por ejemplo Mi Nave o Alto Guiso son bandas que si los llaman para una noche de Rosario bajo las Estrellas van bien, pero no tantas más tocan en esos espacios. Me gusta pensar que Otro Rio es un festival de música experimental camuflado en la idea de lo pop.

Otro Río tiene una idea experimental en la curaduría pero se lo ha visto muy felices a los organizadores, cantando y bailando durante los conciertos de bandas que sí tienen una cuota de originalidad pero que son cancioneras, como por ejemplo Ases Falsos (el año pasado) o El último vecino este año…

Esto es más biográfico, siempre nos gustaron las canciones raras. Nos gustó el pop culposo, que te gusta pero que necesitas que sea más rebuscado para sentir menos culpa. A mí cuando era chico me gustó mucho el rock en castellano pero no tanto el rock nacional, eso porque escuché el auge del rock latino, como Café Tacuba. Y cuando armamos el sello, mi compañero Julián tenía mucho apego por lo español también. Además nos influenciaron muchos festivales de México, Colombia, Ecuador.  Como el Normal de México al que pude ir. Nos influenciaron más esas cosas, que Cosquín Rock o Lollapaloza Estoy convencido de que Otro Rio tiene dos o tres gurpos por año que podrían tocar en muchos festivales del mundo.

¿Por qué este año no hubo tantas bandas de otras provincias?

Bueno, Buenos Aires empezó a concentrar todo de nuevo. Hace cuatro años, cuando estaba el programa Recalculando de Secretaria de Cultura de Nación viajamos mucho con el sello y se veía más florecida a las movidas de distintas provincias. Hoy por hoy lo veo un poco copiando y dependiente de Bs As. Y también las políticas que estuvieron al principio tuvimos que modificarlas. Los sellos no tienen el mismo lugar que en 2013. Pasó poco tiempo pero en Rosario llegamos  a ser diez sellos y ahora sosmos tres o cuatro. Hoy en día para que un sello funcione bien tiene que tener un grupo cabecera que permita poder editar otras cosas. En Otro Río la feria de sellos discográficos no tiene el protagonismo que tenían antes. Hace seis años los sellos eran una especie de hibrido que editaba, hacia fechas, se encargaba del  registro de marca, eso se fue desvanenciando en Rosario y en el país también. Hoy por hoy los grupos se sacaron de encima hasta a los sellos independientes. Se difunde todo en YouTube y Spotify. Se sacaron un intermediaron más, el laburo es digital. Con todo esto los sellos están obligados a especializarse en algo, el Publishing, el derecho editorial o la distribución digital. Ser específico en algún punto. Para hacerlo bien se necesita mucha plata, y pasó que todos mueren en el intento. Uno de esos casos, aunque a mí no me gusta el catalogo, es el sello Concepto Cero, que compró la editorial de Taringa, y tiene su propia editorial, hacen la sincronización de tu disco en todas la tiendas digitales. Los sellos en esta época digital se van muriendo.

En mi balsa o en mi bote

La edición 2017 de Otro Río abrió con Bu (foto), que dio la impresión de tener los dedos de los pies tan largos como los de las manos, y pasó por los Prepizza, de energía insospechada para sus escuálidos cuerpos, Galindez –y el primer cover de la tarde, de Charly–, Super 1 Mundial y su irónica declaración de principios spacerocker "iluminará, la nueva chatarra espacial", el k-pop gore de La Metamorfosis del Vampiro –unos Slipknot electropop–, Valle, Los Cristales, Automatón, los españoles de El Último Vecino, las Glass –segundo cover, The Cure–, Médula, Un Planeta, Pyrámides, Chimo y Alto Guiso.

El escenario número 2, el más grande, estaba decorado con tiritas de tela celestes, amarillas, verdes, fucsias y lilas que se agitaban con el viento. A medida que se hacía de noche el cielo de fondo pasaba por esos mismos tonos. Entre el público, porque la música no termina en la música, la joven poeta rosarina Martina Sierra repartía un fanzine: "El río que se transformó en mar". En esos poemas de un delicado lirismo indie dedicados a las sucesivas ediciones del Otro Río se leían cosas como esta: "Me tiré al río y no morí / (...) / este ecosistema es a donde ahora pertenezco / no me importa que sea / temporada de tormentas / ¿acaso cuándo no lo es? / Armaré un bote con todos los peces / por los que me siento querida / me llevarán hacia donde yo desee...".

 

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