LA TROPILLA REA, UN BARRIO DE TANGO Y ROCK

Entrevistas
2 de abril de 2016

Dante Lehmann, la voz arenosa de la surgente banda mendocina La tropilla rea, habló de su disco debut Noche de ladridos. Entre pinceladas de rock y tango, las canciones presentan escenas decadentes, nocturnas, con letras lunfardas.

por Daiana Henderson

“La tropilla de la zurda / al volcar la última curda” dice el famoso tango La última curda del cual se desprendió el nombre de la banda La Tropilla Rea. La elección de la referencia no es casual: aunque las canciones del disco Noche de ladridos  tienen un pie firme puesto en el terreno del rock nacional —marcado por el tempo, las guitarras eléctricas y el golpe de percusión—, el otro pie está puesto con idéntica firmeza en un sentimiento tanguero, reconocible sobre todo en la elección de las escenas urbanas que toman forma en las letras, en el uso de un léxico a la vez señorial y vulgar como el lunfardo y en la voz del cantante y su fraseo.

Después de algunas incursiones como solista de Lehmann (compositor, voz, guitarra y armónica) quien antes de dedicarse a las letras de canciones venía escribiendo “poesía libre”, aparece este álbum “de banda”, en el que tocan Fernando Jara (percusión y batería), Gonzalo Martínez (guitarras eléctrica, criolla, acústica, coros, teclados y charango), Matias Aguilar (voces, guitarra eléctrica y criolla, teclados y coros) Ricardo “Fino” Brallard (bajo, guitarra eléctrica, sintetizadores y coros), y Jonatan Ramírez (guitarra).

El disco se compone de 11 canciones que se centran casi siempre en la construcción de escenas urbanas, nocturnas, algo decadentes y oscuras, sin caer en el cinismo o en la protesta rockeros, sino resguardando la delicadeza que hay en todas las cosas. Por ejemplo en el tema “La duquesa”, de un personaje y sus movimientos urbanos se desprende la descripción de una vida anterior o de una vida interior, imaginada.
“En las historias que se muestran tratan de mostrar el lado b de las cosas que pasan. Algo así como presentar el tono de “Amablemente” y no el de “El día que me quieras”, explica el “fan de Melingo”: “Verlo actuar a Melingo fue extraordinario”.

Hay un trabajo plástico de las escenas y las personas, un léxico decoroso, una adjetivación abundante y refinada, a las que la producción musical y los arreglos parecieran venir a completar con posterioridad. “En realidad el sonido que se escucha en el disco es muy de Tropilla, de la banda, no está tan lejos ni tan cerca de lo que yo hacía como solista. Es más power, tiene una oscuridad muy linda, agradable. Se han sabido acomodar a lo que yo intento hacer con las letras.” dice el cantante.

Hablando de la relación entre el tango y el rock en Argentina opina: “El rock argentino viene del tango. Desde pibe soy fan de García, de Fito, de muchísimos de esa camada. La palabra, la literatura en el rock viene agarradita de la mano de la literatura del tango. Sobre los  tiempos que se vivían, lo que hacía el tango, fue lo que después hizo el rock. Cambiaron los sonidos, los tempos, pero viene de ahí”.

Sobre el panorama musical mendocino, quien se reconoce como alguien que disfruta de la bohemia de su lugar, destaca la cantidad de buenos músicos -tanto solistas como bandas del indie o cantautores- que han surgido en este último tiempo han migrado hacia Buenos Aires.

Y aunque los bares mendocinos privilegian en general shows de bandas de covers, de repertorios ya hechos y reconocibles, pensados como para amenizar, Lehmann dice que “hay un cambio en la gente, que está recibiendo un poco más el arte mendocino. Antes era un poco más urania, más atenta a lo que pasaba en Buenos Aires, pero ahora se está mirando un poquito más lo que está pasando acá adentro.”


 

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