FOLCLORE QUE PEGÓ LA VUELTA

Entrevistas
6 de abril de 2016

El trío de Juan Quintero, Santiago Segret y Andrés Pilar retoma una formación característica del folklore de los años 60: el dúo vocal de guitarra y bombo más piano. Con la influencia fundamental de dos de los grupos más difundidos de aquellos años, Juárez-Quiroga-Ríos y Martínez-Ledesma-García, de quienes tomaron la mayor parte de su repertorio, hacen un folklore todo terreno que puede sonar en la Ballena Azul del CCK o en cualquier peña. Charlamos con el pianista Andrés Pilar.

Por Bernardo Orge

En 1963 el dúo de guitarra y bombo Juarez-Quiroga registró junto al pianista Eduardo Lagos una sesión radial. Con esa formación, característica de la época, grabaron siete temas de base rítmica contundente conducida por la guitarra y el bombo pero que a la vez resultan sofisticados en la medida justa gracias al aporte del piano de Lagos. Una música que da tanto para bailar como para escuchar. (En el video descargá las partituras) 

Pasó el tiempo. El auge que experimentó la música popular de raíz folklórica durante las décadas del 50 y 60 y la primera mitad de la del 70 se desvaneció con la censura y la liberalización del mercado y aquellas formaciones de guitarra, bombo y piano no dejaron casi descendencia. Eduardo Lagos, que ya tenía un nombre como pianista, se dedicó a la música como siempre lo había hecho, en alternancia con su profesión de médico oftalmólogo.

Grabó apenas dos discos –uno de ellos el influyente Así nos gusta, del 69–, se presentó en vivo en Cosquín acompañando a amigos y se codeó con músicos de la talla del Mono Villegas o Piazzolla; pero actualmente no pasa de ser una figura de culto, celebrado por algunos como el iniciador de la "música de proyección folklórica" por manejar influencias que van desde el jazz a Béla Bártok.

Un trío nuevo, viejo

En algún momento, no hará tantos años, Lagos le regaló a Juan Quintero, el guitarrista y compositor integrante de Aca Seca, aquella sesión inédita del año 63 sin saber que ese gesto iba a ser el detonante de otro trío del tucumano, pero esta vez de características menos progresivas. Es que Quintero, entusiasmado con el sonido del registro, se lo mostró al pianista Andrés Pilar y juntos se pusieron a sacar los temas. Completaron la formación convocando a Santiago Segret para que oficiara de bombisto y debutaron en agosto del 2015 en el Centro Cultural Kirchner.

Un concierto del que quedó una grabación digital en el Banco Nacional de la Música y que según nos cuenta Pilar terminó con el escenario invadido de parejas del público: "En el CCK. en los últimos tres temas que hicimos Juan (Quintero) dijo 'a ver si alguien se sube al escenario' y en Carita Morena subió una chica, que bailó sola, y ahí, en la chacarera que siguió dijo 'vamos, suban'. Y ahí se subieron seis o siete parejas y se armó. Viendo la reacción espontánea dijimos 'hagámoslo habilitando ya de entrada que esto se baile'. Así que lo que hicimos en enero en el Conti, en Buenos Aires, estuvo muy bueno."

Y es verdad, el repertorio del trío invita al baile. Lejos de la letanía en la que nos suspende mucha de la música de vanguardia folklórica de los últimos tiempos, la propuesta de Quintero, Segret y Pilar hace que te parés de tu asiento.

"Esta música es como una mezcla para mí, porque es muy criolla desde el abordaje de las voces y la guitarra y el bombo, pero el piano mete algunos condimentos de otras músicas. Pero es muy criollo, claramente. Se está dando espontáneamente una recuperación de estas músicas, yo lo siento así. Y ojalá fuera más todavía. Uno tiene el deseo de que todos conozcan esto porque es una riqueza nacional que está medio oculta. Se escuchan muchas cosas que... ya sabemos lo que es la música comercial a veces. La gente a veces consume lo que se le da, entonces está bueno darle algo mejor. Porque finalmente también uno es el que genera este mercado del que se queja después. Hay que hacerse cargo."

Las orejas y los pies

A los que siguen los festivales de folklore cada verano, en vivo o por la tele, quizás les haya llamado la atención la displicencia con la que el público de, por ejemplo, la plaza Próspero Molina recibe propuestas como la de Luna Monti y el propio Juan Quintero o la de Liliana Herrero, por mencionar un par. No sería justo decir que no se los recibe bien o no se les presta atención, pero sí parece que hay una suerte de distancia insalvable entre el gusto festivalero, más proclive al baile y al agite, y la música popular progresiva que en las últimas dos décadas se viene produciendo en la región central del país, más cerca de la facultad que del patio.

En la particular mezcla entre tradición y pop que proponen las grandes fiestas del folklore argentino, los intérpretes que optan por la experimentación armónica y tímbrica muchas veces quedan en un lugar difícil; y no todos son Juan Falú, tan sofisticado como potente. La música del trío Quintero-Segret-Pilar le pasa por arriba a esta discusión estética, soluciona el problema con una propuesta que resigna el lucimiento de los intérpretes en un sentido convencional para poner la calidad técnica en función de una idea: en la música popular no hay diferencia entre la oreja y los pies.

Escuchá la antrevista completa a Andrés Pilar!

 

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