RUBEN SEVLEVER O EL ARTE DEL OFICIO

UN LARGO ETCÉTERA
6 de agosto de 2017

El poeta Rubén Sevlever (izq. en la foto junto a  María Teresa Gramuglio, Nicolás Rosa) nació en Rosario en 1932 y murió en la misma ciudad en enero del 2011. Aunque pasó gran parte de su vida adulta en Rosario, desde su primer año de vida hasta los 25 vivió en la ciudad de Santa Fe, lo cual lo hizo sentirse siempre profundamente provinciano y santafesino.

Fue parte del ambiente literario y universitario de Rosario bajo el signo del peronismo y en adelante, aunque luego se fue apartando. Su examen de ingreso se lo tomó Tulio Halperín Donghi, de quien fue amigo. También trabó amistad con Ramón Alcalde, artífice de la renovadora revista Contorno, dirigida por los hermanos Ismael y David Viñas. Cuando Sevlever estuvo a punto de mudarse a Buenos Aires por trabajo, Aldo Oliva lo convenció de quedarse en Rosario a estudiar. Sostuvo largas conversaciones con el poeta Hugo Padeletti, quien según Sevlever estaba “incrustado en la biblioteca de la facultad, porque él había estudiado bibliotecología.” Dirigió la revista de poesía Pausa, en donde colaboraron Oliva, Hugo Gola y Paco Urondo, entre otros. Fue amigo de Leónidas Gambartes, de Juan José Saer, Noemía Ulla, Jorge Isaís y conoció a Juan L. Ortiz. Trabajó en la mítica librería Aries y continuó con su oficio de librero. Vivió en la misma cuadra que Fabricio Simeoni, el ex Pasaje Zabala. Pero, ante todo, Sevlever fue poeta a fuerza de oficio, rigor y entrega.

Siempre cultivó un bajísimo perfil. El silencio es una palabra y un tema que abunda en sus poemas. Su obra está compuesta por tres libros que se fueron publicando a lo largo de 50 años de quehacer poético.

A pesar de su fuerte vínculo emocional y cultural con Santa Fe y Rosario, los poemas de Sevlever prácticamente no contienen, al menos de modo directo, referencia alguna a estas experiencias. Aunque exista una insistencia en palabras como mar, cielo, árbol, rama y piedra, los poemas de Sevlever no son paisajitas ni localistas. De actitud contemplativa, pero sin rozar los estériles lugares comunes de la filosofía, la poesía de Sevlver se detiene en instantes de experiencia humana frente al paso del tiempo en el mundo. Sin referencias literarias, políticas o sociales explícitas, Sevlver sortea el riesgo de congelarse en un poesía del todo pura o autónoma del mundo de las cosas. Al brindarle la mayor carga de sentido y cuidado a sus palabras, Sevlever nos ofrece el ejercicio de una atención extrema a estas y, como efecto colateral, nos devuelve al mundo con una atención ampliada.

Hoy en La canción del país: “Sevlever o el arte del oficio.”

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