LEÓNIDAS LAMBORGHINI: EL BUFÓN DE LA LENGUA

LITERATURA
27 de septiembre de 2017

Ricardo Piglia dijo de Leónidas Lamborghini que todos lo admiraban y todos lo habían copiado. Fabián Casas afirmó que era lo único revolucionario que había en el peronismo. Fogwill lo reconoció siempre como un maestro. Juan L. Ortiz, entrevistado por Tamara Kamenzsain, dijo que este poeta era “significativo por cierta voluntad de fidelidad a sí mismo”. Fue menos leído y tal vez aun sea menos reconocido que su hermano menor Osvaldo.

Leónidas Lamborghini nació en Buenos Aires en 1927 y murió allí en 2009. Trabajó como obrero textil, cobrador, encargado de fábrica. A partir de 1955 empezó a desempeñarse como periodista. Nunca dejó de hacer poesía. Fue militante peronista y tuvo que exiliarse en México desde 1977. Recién volvió con su familia a la Argentina en 1990.

El solicitante descolocado quizás sea su obra con mayor circulación hasta el día de hoy. Allí podemos leer el largo poema narrativo Las patas en las fuentes. Según varios escritores y el propio Lamborghini, fue él quien acuñó esa expresión. El poema versa, entre otros temas, sobre la Argentina luego de la Revolución Libertadora. La otra obra de Lamborghini que se granjeó muchos lectores, o más bien espectadores, fue la puesta en escena de Eva Perón en la hoguera a cargo de Cristina Banegas, basada en las reescrituras de varios fragmentos de La razón de mi vida, de Eva Perón.

De él es válido decir, como de cualquier poeta mayor, que cambia las reglas hacia el pasado y el futuro, que se inventa su propia tradición para reescribirla. ¿Qué tiene de singular Lamborghini? Fue un confeso e insistente lector de la gauchesca. Procesado y deformado, el género inventado en el Río de la Plata asoma en más de un lugar en su poesía. De allí se derivan dos asuntos recurrentes en él: la política y el humor.

De él es válido decir, como de cualquier poeta mayor, que cambia las reglas hacia el pasado y el futuro, que se inventa su propia tradición para reescribirla. ¿Qué tiene de singular Lamborghini? Fue un confeso e insistente lector de la gauchesca. Procesado y deformado, el género inventado en el Río de la Plata asoma en más de un lugar en su poesía. De allí se derivan dos asuntos recurrentes en él: la política y el humor.

Tenía una divisa personal: “asumir la distorsión, asimilarla y devolverla multiplicadamente”. Lamborghini supo mirar el horror desde la comicidad y su modo privilegiado de hacerlo fue la parodia. Enemigo de la perfección, los modelos y las obras completas (decía que eran una tumba), Lamborghini compuso una obra en constante reescritura y reversión de poemas ajenos y propios. Su estilo (“balbuceante”, según él) está hecho de frases cortas, quebradas, a las que veces le faltan partes,.y es reconocible en el dibujo que forman las palabras en la página. La parodia le permitió una irreverencia productiva frente a la literatura y la realidad. No hay ninguna solemnidad en él a pesar de que nos enfrente con la miseria y la explotación humanas.

Como también ocurrió con Leopoldo Marechal, la obra de Lamborghini, a pesar de su estrecha relación y directa colaboración con el peronismo en términos políticos, no fue ni será bien leída por el oficialismo peronista. “¡No tenía nada que ver!” afirmó Fogwill. Poeta proveniente de un movimiento de masas pero hacedor de una obra de carácter no popular, vecino de Villa del Parque y amigo de los mundos de Lewis Carroll y James Joyce, Lamborghini nos hace chocar no con una serie de contradicciones sino con una expansión total en apariencia incoherente.

Hoy en Un largo etcétera: “Leónidas Lamborghini: el bufón de la lengua”.

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