ENTREVISTA AL ARTISTA DANIEL GARCÍA

LA COLUMNA DE MAITE
5 de septiembre de 2017

En el año 2009 la editorial bahiense VOX le encargó a Daniel García la tapa del libro Esculturas topiarias de Francisco Garamona. Para esa ocasión el artista dibujó una silueta humana parada sobre una pierna que hace una contorsión para no caer de arriba de una maceta. La forma de este equilibrista permanecería latente seis años y, probablemente olvidada luego de pintar muchas otras tapas de libros, volvería a aparecer en la serie Acróbatas (acrílicos sobre papel y tela) que hoy expone en la Sala Trillas del Teatro El Círculo de Rosario. Puede, de todas maneras, ser esta una relación aparente y casual, forzada por la retrospectiva.

Si bien la silueta del libro de Garamona adopta una postura semejante a los futuros personajes de la serie de acróbatas, difieren en algo fundamental: la primera se contorsiona para evitar una caída –es decir, por exceso de espacio–, mientras que los segundos se contorsionan por falta de espacio. En uno de los post de su blog García escribe: “Uno de los temas recurrentes en estas obras es la adaptación del cuerpo al plano rectangular del papel o de la tela, es decir, el acomodarse a través del arte a las circunstancias dictadas por la suerte.” A nosotros nos dijo durante la entrevista en la radio: “El cuerpo sometido a determinadas circunstancias que se adapta para poder vivir”. Solamente dibujando un rectángulo prieto en torno al equilibrista de la tapa del libro de Garamona podría confundírselo con uno de los acróbatas contorsionistas de la serie nueva.

La idea de contorsionar un cuerpo para adaptarlo a las dimensiones de un rectángulo el artista la toma en principio de una serie de cuatro cuadros que Pablo Picasso pintó a fines de 1929 y principios del 30, según nos comentaba en la entrevista. “Durante la marcha voy descubriendo cosas. Empiezo en general estimulado por una determinada imagen y entonces empiezo a recopilar más imágenes de ese tema. En eso encuentro libros que hablan sobre eso, me pongo a leer y eso me sugiere nuevas imágenes. Entro en un universo que se va ampliando cada vez más.” A partir de los acróbatas de Picasso, la serie de García fue alimentada por investigaciones etimológicas, definiciones de diccionario, cartelería circense, ilustraciones de pin ups, y manuales de acrobacia.

“Mis cuadros oficiales se contaminaron con el trabajo de ilustrador y el trabajo de ilustrador se contaminó con los otros y ya no hay distinción prácticamente entre una cosa y otra". comentaba García, quien desde 1991 –en los comienzos de la editorial- es ilustrador de las tapas para  Beatriz Viterbo. Sus propios libros editados son Un gato que camina solo, Casi Boyitas; con dibujos realizados en la expedición Parana Rangá junto a poemas de Gilda Di Crosta, y Bandido, con una selección de pinturas, dibujos y textos de las exposiciones que realizó entre 2008 y 2013, y con ensayos de Arturo Carrera, Rubén Chababo, Gilda Di Crosta, Fernando Farina y el propio artista.

En simultáneo a la muestra de los acróbatas en El Círculo, como cuarta presentación del ciclo curado por Hernán Camoletto Presente continuo, García presenta en el Museo de la Memoria una instalación compuesta por cuatro elementos: dos pinturas y un video en loop –o pintura móvil como dice García–, y un largo poema de Gilda di Crosta. En esta obra coral, Flores alimentadas de cenizas, no es la pintura sino la luz del video y la música los que ocupan el espacio de la sala.

Pintura y tiempo

“Para mí la pintura está totalmente asociada  a la cuestión del tiempo” dijo Garcia. Y enumeró tres razones al respecto: “Por un lado por una cuestión de registro de determinado momento, de memoria. La pintura es también un procedimiento, es algo que surge a lo largo del tiempo, y no es una imagen instantánea como la fotografía o la imagen digital, sino que es una imagen que se va construyendo de a poco y también se va desarmando, deteriorando de a poco. Constantemente hay que restaurarla o reconstruirla hasta que en muchos casos desaparece. Todo ese proceso para mí es parte de la pintura. Y además hay otra cuestión que la vincula con el tiempo, el hecho de que la materialidad  de la pintura nunca se puede reproducir del todo. Hasta que uno no ve el cuadro por sí mismo, lo que está viendo en reproducciones o filmaciones son elementos parciales. Uno debe ver la obra en vivo".

Cuando le preguntamos por el tiempo que aplica a la producción de una obra nos dijo: “Me lleva mucho más tiempo decidir qué obra voy  a hacer, que hacerla. Por lo general uno de los cuadros grandes -de 2 x 2 mts- puede llevar una semana producirlo, pero el decidir qué voy a pintar me pude llevar meses, porque descarto montones de ideas, voy encontrando variantes hasta que llego a la versión definitiva del cuadro”.

"Me gusta eso de sentir la necesidad de hacer algo. A veces deliberadamente voy retrasando el momento de  empezar un cuadro para sentirlo más imperiosamente. Porque si esa necesidad se va desvaneciendo es porque no tenía que pintarlo”.

Nacido en Rosario en 1958, Daniel Garcia expone individualmente desde 1982. Ha obtenido entre otras distinciones el 2º Premio Braque de 1992, la Beca a la Creación Artística de la Fundación Antorchas en 1994, el Primer Premio de Premiados de la Fundación Nuevo Mundo en 1994, el Primer Premio Austria en 1996 y el 2º Premio Adquisición de los Premios Colección Costantini de 1997. Fue considerado como el Artista Joven del Año 1995 por la Asociación Argentina de Críticos de Arte. Obtuvo el Konex de Platino de la Fundación Konex en el año 2002.

En su blog https://daniel-garciacv.blogspot.com.ar/  “una especie de diario con más imágenes que textos”, donde va apuntando y registrando sus distintas actividades y procesos de trabajo, se puede apreciar su deriva desde 2006 a la actualidad. Al reflexionar sobre los cambios de lenguajes y elementos estéticos que ha ido mostrando a lo largo de sus series nos dijo que “en un principio luchaba un poco contra eso porque lo que se espera en general de un artista es que mantenga una línea estrecha. Si uno pinta siempre el mismo cuadro eso es más conveniente para galeristas, críticos y coleccionistas. Y yo solía hacer cuadros muy distintos”.

“Hay momentos en que tengo más necesidad de pintar determinada cosa. Me gusta eso de sentir la necesidad de hacer algo. A veces deliberadamente voy retrasando el momento de  empezar un cuadro para sentirlo más imperiosamente. Porque si esa necesidad se va desvaneciendo es porque no tenía que pintarlo”.

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